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En las cercanías de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, hay una fuente que desde hace siglos recoge el agua del cerro adyacente a través de diversas conducciones subterráneas y la canaliza hasta ella, donde la gente del lugar acudía para abastecerse.

De orígenes islámicos, rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones y en 1787 se le dota de una escalera y un paso hecho de rosca para evitar los daños del público a la construcción. A fines de la citada centuria, se puso en marcha un proyecto general de conducción de las aguas potables a la villa para solucionar los problemas de abastecimiento.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes de Andalucía.

viernes, 13 de abril de 2018

ROGATIVAS AL SEÑOR DE LA HUMILDAD EN EL SIGLO XIX: EL CASO DE 1826 CONTRA LA LANGOSTA


La estructura económica y social del Fuentes de Andalucía durante el Antiguo Régimen se basaba casi en su totalidad, como en la mayoría de las zonas agrícolas peninsulares, en el campo. La agricultura y, en menor grado, la ganadería eran las bases principales de una economía latifundista precaria y anclada en unos sistemas arcaicos que apenas producían lo necesario para alimentar a una población que dependía directamente de ella en todos los aspectos de su existencia.
Junto al subdesarrollo científico en las técnicas de cultivo, otros aspectos que se escapan al dominio humano van a contribuir a agravar la situación del campo decimonónico español, presentándose periódicamente y que en la mayoría de los casos encontraron difícil solución, tales como las sequías y las plagas de langosta.
Las langostas son voraces insectos herbívoros que constituyen una catástrofe cuando caen en masa sobre unas tierras de cultivos, ya que devoran todo lo que es verde. Es el insecto que popularmente conocemos como cigarrón.
Las plagas de langosta son un desastre natural devastador. Han sido temidas y respetadas a lo largo de la historia y, desgraciadamente, siguen causando estragos en la actualidad en determinadas regiones del mundo subdesarrollado. 
Estas plagas, que afectaban periódicamente a la campiña sevillana, venían a esquilmar aún más estas tierras, puesto que arrasaban las cosechas, ocasionando la pérdida de las mismas y, por lo tanto, la escasez de granos, la subida de los precios y las consiguientes consecuencias negativas para la población.
Ante estas fatales plagas, y teniendo en cuenta la ausencia de medios para exterminar al voraz insecto, los pueblos recurrían a la petición de clemencia divina, organizando novenas, funciones religiosas, procesiones de rogativas… a las devociones principales de las feligresías.
Si ya teníamos constancia de este tipo de cultos que a lo largo de los siglos pasados los fontaniegos habían llevado a cabo ante las imágenes de San Sebastián o el Señor de la Salud, en 1826 una plaga de langosta hizo su aparición por las tierras del término de Fuentes, y el pueblo recurrió al Señor del Postigo.
El 26 de marzo de 1826, «se juntaron los hermanos del Señor de la Humildad en la Ermita, y sitio de costumbre para celebrar cabildo general de cuentas, y tratar otros asuntos concernientes al buen régimen de dicha Hermandad y decuvierta la sagrada imagen de Jesucristo que se venera en ella, dichas las preses que se acostumbran…» bajo la presidencia de D. Antonio José Delgado «Administrador de las Hermitas que se hallan en el recinto de esta vicaría [1], y rector actual de dicha hermandad…» [2]. Junto al citado, la Hermandad estaba regentada por los siguientes hermanos: Nereo Jiménez, hermano mayor; Teodoro García, secretario; Cristóbal Conde y Pablo Gómez, consiliarios; y Sebastián Armesto, Sebastián Fernández Fariñas, Alonso García, José Carretero, Juan Conde, Pablo Arce, Francisco Caballero, Claudio Fernández, Juan López Ruiz, Marcos García, Juan Antonio de Lora, Luis Álvarez, Juan Hidalgo, Sebastián Caro Partero y José Ramos, alcaldes.    
El Sr. Rector expuso en el citado cabildo a los hermanos presentes, «que el Ayuntamiento y el Pueblo solicitavan hacer una función de rogativa al Señor de la Humildad por la necesidad que nos afligía de la langosta para que la Hermandad acordara la conbeniente, y desde luego de común consentimiento…» [3]. 
Los hermanos dieron su aprobación a tal petición, bajo la condición de que se debían poner al Señor «treinta y dos luces [velas de cera] para su conducción, y vuelta, y durante su estancia en la Parroquia cuatro» luces. Del mismo modo decidieron «que se formara la Hermandad en corporación para acompañar a la Sagrada Imagen», cuya procesión de traslado acordaron tuviese lugar el domingo dos de abril, y que durante su permanencia en Santa María la Blanca el Señor debería estar velado ininterrumpidamente por dos hermanos de la Junta de la Hermandad. La función se celebraría al inmediato día del traslado, es decir, el lunes 3 de abril, regresando a la Ermita ese mismo día por la tarde [4]. 
Tal como había acordado la Hermandad, en la tarde del domingo 2 de abril de 1826 tuvo lugar la «Solemne Procesión de Rogativa en la que se trajo el Señor de la Humildad a la Parroquia para hacerle una grande Función para implorar la Divina Clemencia, por estar los campos llenos de langosta» [5]. A dicha procesión asistió todo el clero, la comunidad de Mercedarios Descalzos, todas las Hermandades y las autoridades eclesiásticas y civiles de la villa –encabezadas por el alcalde D. Manuel Díaz del Castillo–, constando explícitamente que el clero asistió «todo de gracia», es decir, que no recibieron la cantidad económica estipulada por su participación en actos religiosos de este tipo.


En la mañana del lunes 3 de abril se celebró en Santa María la Blanca la Función al Señor de la Humildad, con asistencia «del Beneficio y todo el Clero: capas Tercia Misa y sermón con Manifiesto» [6].
Detallamos a continuación, por su interés, los gastos que se ocasionaron por la celebración de la función y que se abonaron a la propia Parroquia y a las personas dependientes de esta, asumidos por el Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, que en representación del pueblo habían solicitado tal rogativa.
Beneficio                                      18 reales y 1 libra y media de cera
27 Señores convidados                 81 reales
Sochantre                                     12 reales y media libra de cera
Sacristán                                       7 reales
Organista                                      9 reales
Acólitos                                        6 reales
Ministro y Honrador                    6 reales
Fábrica por los ornamentos          9 reales
Apunte e incienso                         1 real y 8 maravedíes
Valor de la cera                             32 reales
Tres repiques generales                109 reales
Dos vestuarios                              9 reales
Cuatro capas                                 6 reales
Ascendiendo el gasto total a 293 reales y 8 maravedíes [7]. 
El gasto de los repiques de campanas fue de la siguiente forma: 42 reales a la Fábrica [a la propia parroquia para su economía particular], 30 reales a San Pedro [a la Cofradía de San Pedro, propietaria del algunas de las campanas], 12 al sochantre, 12 al sacristán y 9 a los acólitos.
El lunes 3 de abril por la tarde aconteció la solemne procesión de regreso del Señor de la Humildad a su Ermita, con la misma asistencia corporativa de autoridades, clero y hermandades que el día anterior, pero con la incorporación de nuevas andas al cortejo, en las que los fieles portaban a San Sebastián, patrón de la villa, y a la Virgen de los Dolores, titular de la Congregación de los Servitas.
El cortejo salió de la Iglesia Parroquial, discurriendo por la calle Carrera en sentido de la Puerta del Monte. «La estación fue extraordinaria, pues fue por el campo» discurriendo por el camino de la Monclova hasta el pozo llamado de «El Rubio» [Pozo de la Reja], y de allí tomaron dirección hasta el Calvario, teniendo en cuenta que por la época que nos ocupa el Calvario se encontraba fuera del núcleo urbano.
Esta referencia nos aporta a su vez otro dato histórico de suma importancia, puesto que la fecha más remota que nos consta de existencia del emplazamiento del Calvario como lugar de culto es 1870, tal y como aparecía en el azulejo original que se hallaba en el exterior de la Ermita, y que decía: «El día 30 de marzo de 1870 se renovó este Calvario por la piedad y por cuenta del piadoso vecindario».
Una vez llegado el cortejo al Calvario, el «Sr. D. Fernando Sánchez de Vargas, Cura y Beneficiado propio de esta Parroquial, hizo la Bendición que Nuestra Madre la Iglesia tiene determinada contra la Langosta, y animales no vivos a la subsistencia humana». Tras la oración, se reorganizó de nuevo la procesión, partiendo desde el Calvario en dirección al «Postigo del Carbón», donde el Señor de la Humildad entró en su Ermita y el cortejo continuó hasta Santa María la Blanca, donde se dio por concluida la procesión y quedaron las efigies de San Sebastián y Nuestra Señora de los Dolores.
En la documentación parroquial se hace constar también que toda la procesión de rogativa fue «onnino gratis» por parte del clero, «por dictamen delos Sres. Curas propios D. Fernando Sánchez de Vargas, D. Antonio José Delgado y D. Manuel Buiza: atendiendo a que la necesidad era común y así devia asistir el clero gratis» [8].
Días después de la celebración de la rogativa, el cabildo municipal trató el asunto de la langosta en la sesión capitular celebrada el jueves 6 de abril de 1826 [9], presidida por D. Manuel Díaz del Castillo, alcalde mayor, y encontrándose entre los capitulares presentes Lorenzo Ruiz Florindo, aguacil mayor, y a la vez maestro alarife de la villa.
En la sesión, el secretario de la Junta de Extinción de la langosta, que previamente había sido constituida y tenía a su cargo tal menester, dio cuenta y ratificó la existencia de la plaga en la «dehesa de Yeguas de este término, baldío de […], pago de olivar de Tierras Nuevas, Dehesa de Monte de D. Sebastián Adalid y la de pasto que lleva en arrendamiento D. Antonio Armero», cuya extensión era urgente por estar todas las tierras circundantes llenas de sementeras, así como el daño que podría llegar a ocasionar en la arboleda de olivar.
La citada Junta pidió a los señores capitulares los recursos necesarios para atender la urgencia que asolaba a los campos fontaniegos, que había llegado a estos desde las tierras de la Monclova –cuya jurisdicción estaba agregada a Fuentes–, y donde el ayuntamiento ya había intervenido para extinguir la plaga sin resultados. 
Visto la necesidad general, el ente municipal no creyó oportuno «por ahora» imponer al pueblo una contribución especial para asumir los gastos de la extinción de la plaga, poniendo a disposición «cuantos auxilios y recursos necesite la Junta para llevar sus deberes en la empresa que se le había confiado».
De este modo, acordaron:
Que todo vecino, por sola la cualidad de tal, sería gratificado con un celemín por langosta cogida por si o a sus expensas en el término y jurisdicción de la villa, conduciéndola para su enterramiento a los puntos designados.  
Del mismo modo, a aquel vecino que no pudiera o no quisiere contribuir con su implicación personal física, pudiera pagar a otros para que lo hiciesen, a celemín por langosta igualmente.
También hicieron constar que las medidas promovidas por el ente municipal y la junta para la exterminación de la plaga, no eran incompatibles con otras posibles iniciativas iniciadas por los labradores, hacendados, pizjuajeros o comerciantes, entre otros, siempre que contaran con el parecer de los peritos.
Acuerdos que determinaron fueran publicados por los edictos y pregones de costumbre entre la población.

OTRAS ROGATIVAS AL SEÑOR DE LA HUMILDAD EN EL SIGLO XIX
A lo largo del siglo XIX, se tiene constancia documental de otras rogativas extraordinarias al Señor del Postigo, tales como las acontecidas en 1856 y en 1859, la primera por exceso de lluvias y la segunda por todo lo contrario, la ausencia de las mismas.
El domingo 1 de enero de 1856 se reunió «la junta de Sres. Oficiales en casa del Hermano Mayor con motivo de la angustiosa aflicción que había en el pueblo y en el Reyno causada por el tenaz temporal de lluvias que hasta aquella fecha se había dignado mandar su Divina Majestad, a fin de promover y implorar del Señor su Misericordia, y después de haber hablado todos, se acordó hacer una Novena a nuestro Señor de la Humildad, todo lo mejor que se pudiera» [10]. 
La novena comenzó el día 11 de enero «con su música», y transcurrió en la propia Ermita de San Francisco, predicando la función que cerró la misma el presbítero D. Juan Antonio López.
Como citábamos antes, tres años después la situación fue totalmente contraria. El 10 de abril de 1859 los hermanos se reunieron en cabildo, en el que se manifestó que hallándose «en el conflicto por la falta de lluvias para los campos, si le parecía a la Hermandad, se bajaría al Señor para hacerle una novena con toda la majestad que nuestras fuerzas alcánzanse» [11].
En la citada reunión se presentaron tres representantes del gremio de arrieros y trajineros, los cuales tenían recogida cierta cantidad de donativos y querían sacar al Señor a la calle en procesión.
Tras las deliberaciones, acordando los presentes se hiciere la novena, y si en el transcurso de ésta el Señor no remediaba, hacer la función y procesión de rogativa pidiendo clemencia divina.  


NOTAS:
1] Fuentes fue cabeza de vicaría eclesiástica hasta el siglo XIX, comprendiendo las iglesias, conventos y ermitas de los territorios de Fuentes y La Monclova.
2] (A)rchivo (H)ermandad de la (H)umildad de (F)uentes de Andalucía. Libro de Acuerdos 1732-1903. Cabildo 1826-III-26. Folio 32 vto.
3] Ibídem. Folio 33.
4] Ibídem. Folio 33.
5] (A)rchivo (P)arroquial Santa María la Blanca de (F)uentes de Andalucía. Libro 14 de Entierros. Folio 226 vto.
6] Ibídem. Folio 226 vto.
7] Ibídem. Folio 226 vto.
8] Ibídem. Folio 227.
9] (A)rchivo (H)istórico Municipal de (F)uentes de Andalucía. Libro 15 Actas Capitulares. Cabildo 1826-IV-26. Folio sin numerar.
10] A.H.H.F. Libro de Acuerdos en Op. Cit. Cabildo 1856/I/1. Folio 54 vto.
11] A.H.H.F. Libro de Acuerdos en Op. Cit. Cabildo 1859/IV/10. Folios 59 vto. – 60. 

domingo, 4 de febrero de 2018

EL SINGULAR CARNAVAL DE FUENTES DE ANDALUCÍA [1]


«¿Qué era entonces el carnaval de Fuentes?
Una fiesta informal de máscaras, coplas y diversión».
David. D. Gilmore


Dentro del ciclo festivo anual de Fuentes de Andalucía, la celebración del Carnaval ocupa una notable posición, contando este con una serie de aspectos singulares que lo dotan de una peculiaridad única y lo diferencian considerablemente de los celebrados en otras localidades de la provincia de Sevilla y de la propia comunidad autónoma andaluza, la mayor parte de ellos de clara influencia gaditana.
Una fiesta que se extiende cada año en el calendario local desde el Jueves Lardero, anterior al Miércoles de Ceniza, hasta el Domingo de Piñata, que viene a coincidir paradójicamente con el primer fin de semana de Cuaresma.




El origen del Carnaval de Fuentes de Andalucía es prácticamente desconocido ante la ausencia de datos históricos escritos, ya que se trataba de una celebración en la que el ente municipal ni organizaba ni se involucraba ni participaba directamente, siendo una fiesta íntimamente relacionada con las clases más populares del pueblo, que antes de la Cuaresma disfrutaban de una ocasión especial para divertirse dando rienda suelta a la imaginación y criticando al poder con sus particulares coplas, algo que acabaría incomodando a las clases dominantes y a la propia Iglesia católica.Las investigaciones llevadas a cabo en las últimas décadas y que han visto la luz en diversas publicaciones [2], demuestran cómo ya a principios del siglo XX el carnaval se celebraba en las calles fontaniegas, habiéndolo hecho casi ininterrumpidamente hasta la actualidad, incluso durante la segunda mitad de la dictadura franquista. De ello, profundizaremos más adelante.Al margen de la particularidad de suma importancia de su trayectoria histórica, el Carnaval de Fuentes de Andalucía posee una serie de aspectos singulares que lo hacen único, y que en la suma de estos y otros menores dan lugar a una fiesta ya no solo cargada de elementos lúdico-festivos, sino digna de estudio por sus valores antropológicos e íntimamente ligada a gran parte de la sociedad fontaniega durante al menos el último siglo.
Estas características particulares, son:
1. El inicio de la fiesta: Jueves Lardero
2. El sabor del Carnaval: El Entornao
3. El lugar de la celebración: La Carrera
4. La protagonista autóctona: La máscara
5. El sonido de la fiesta: La murga

El antropólogo norteamericano David D. Gilmore, que tanto ha estudiado el carnaval fontaniego desde 1973 hasta entrada la década de 1990, denominaba a esta fiesta fontaniega tan sigular «la fiesta del cotilleo». Y es que el carnaval siempre ha sido un buen momento para el pronunciamiento social de la comunidad. Se convertía en una válvula de escape para las represiones acumuladas durante el año por las clases sociales más bajas, tanto en la vida civil de cada día como en lo político.

JUEVES LARDERO
Con la celebración del Jueves Lardero, en la semana anterior al Miércoles de Ceniza, se da el pistoletazo de salida a los días de fiesta y jolgorio en los que se desarrolla el carnaval fontaniego.
Una celebración que viene marcada en el calendario anual inmediatamente antes del inicio de la Cuaresma, tiempo litúrgico de la orbe cristiana destinado a la preparación espiritual de los fieles ante la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, y que desde antaño está impregnado de penitencia, recogimiento u abstinencia.  Así, la celebración del Carnaval (carnem levare = abandonar la carne) se convirtió en una fiesta de despedida de la carne. Se procuraba gozar todo lo posible –cuando los recursos de la familia lo permitieran– de la carne porque después, y durante una cuarentena de días, la Iglesia prohibiría catarla.
En cuanto a la nominación de este como día de fiesta, lardero y lardear provienen de una palabra latina: lardum o laridum, que significaba tocino, grasa de cerdo e incluso, a veces, manteca. De este modo, en el habla del lugar quedaron los términos lardero, lardear, y en los más mayores los vulgarismos ladrero y ladrear [3].
El Jueves Lardero era una fiesta que surgió con un claro carácter pagano y popular, y no pretendía celebrar ningún acontecimiento jubiloso; sino por el contrario, su finalidad era –como se citaba antes– aprovechar la última posibilidad de disfrute que se le presentaba al pueblo antes de un período largo de abstinencia.
Entre la media mañana y el mediodía, las gentes de Fuentes se trasladaban en masas al paraje de la Fuente de la Reina andando, en carros, bicicletas, mulos, burros…, cargados de talegas y canastos con hogazas y pan de rosca, entornaos –dulce peculiar que más adelante citaremos–, palmitos, huevos duros, chorizo, tocino de hoja, lomo en manteca y otras viandas, creando un ambiente de fiesta que permanece en la memoria de los mayores del lugar.




Era típico en este día –durante las décadas de 1950 y 1960– que algún que otro fotógrafo forastero visitara el paraje y retratara a grupos de amigos y familia, y prueba de ello es el abundante material gráfico que de esta festividad obtuvimos para nuestro proyecto editorial «Fuentes de Andalucía, una mirada al pasado» [4], en una época en el que las cámaras fotográficas no estaban muy extendidas en ambientes rurales como el de Fuentes de Andalucía.

En los años setenta del siglo XX, los terrenos de la vereda de la Fuente de la Reina donde se celebraba el Jueves Lardero se convirtieron en un vertedero, y durante algunos años la fiesta se celebró en los pinos, paraje natural de singular belleza en la zona del Arenal, desaparecido a finales del siglo pasado a causa de las diversas canteras de extracción de arena de propiedad privada sobre el que se asentaba el pinar.

Tras varios años de decadencia coincidiendo con el periodo del final del franquismo y la transición, la fiesta pasó por un corto espacio de tiempo al paraje del Alamillo, aunque de forma muy transitoria.

En las últimas décadas, el Jueves Lardero fontaniego ha retomado protagonismo, regresando a la vereda de la Fuente de la Reina, pero en una zona más alta, ocupando también las instalaciones del Parque Rural Municipal «Molino de Viento». Y a pesar de no estar declarado en el calendario día de fiesta local a efectos laborales, sí es cierto que a partir del mediodía la actividad del pueblo cesa prácticamente, desplazándose los vecinos al campo para su disfrute entre familia y amigos.
En la provincia de Sevilla, Fuentes de Andalucía es el único pueblo que celebra el Jueves Lardero, una fiesta que sí se mantiene en otras localidades y zonas rurales de Andalucía y el resto de España, aunque en algunos casos con otra denominación.

EL ENTORNAO
La gastronomía tradicional forma parte de la cultura de los pueblos y determinados sabores nos recuerdan nuestros orígenes, nos une como comunidad y nos trae hermosos recuerdos, evocando valores y estilos de vida, convirtiéndose en un elemento de identidad y autenticidad.
Y si hay dos cosas que tienen en común la práctica totalidad de las fiestas populares, son la música y la comida. Los festejos –más acentuado aún en las zonas rurales–  son la mejor ocasión para recordar sonidos y sabores de siempre. La gastronomía tradicional acerca a varias generaciones y se convierte en el centro de la mayoría de las fiestas populares del mundo, asociando generalmente una determinada fiesta con un sabor concreto.De este modo, el Carnaval de Fuentes de Andalucía está íntimamente ligado a un aroma, el de un dulce típico local y a su vez el producto manufacturado fontaniego por excelencia, y este es el entornao.


Un manjar anaranjado en forma de empanadilla rellena que tiene su germen en el último tercio del siglo XIX, cuya receta procede de la bisabuela gallega y el bisabuelo francés del confitero local –ya jubilado– Rafael Fernández.
Su origen se encuentra en una especie de empanada salada que allá por 1880 derivó en la actual receta familiar. Pero, como no podía ser de otro modo, la fórmula ha ido de mano en mano por la localidad y, cuando llegan cada año las vísperas del Jueves Lardero, son muchos los vecinos que se reúnen para prepararlos en casa, con el objetivo de degustarlos en la copiosa comida que se celebra en el campo o a lo largo de los días de carnaval.Harina de trigo, azúcar, aceite de oliva, pimentón dulce molido –que es el secreto para tan peculiar color anaranjando–, clavo, matalahúva, sal, cáscara de naranja, agua templada y levadura de pan son los ingredientes básicos para la masa, que una vez mezclada y completamente homogénea se «embolicha», es decir, se van haciendo bolas con un peso determinado, que una vez extendidas con un rodillo y conseguida la forma circular, se le añade el relleno, una mezcla de azúcar, ajonjolí y canela. El siguiente paso es doblar por la mitad la masa circular, formando una especie de semicírculo o empanadilla, que tras unir ambos lados con la yema de un dedo, hace que el relleno se mantenga en el interior del entornao. Tras su fermentación y horneado, el producto está listo para su degustación.
A pesar de que su consumo aumenta considerablemente en los días de carnaval, este dulce de olor, sabor y color tan propios, se puede encontrar en la actualidad en cualquier momento del año en las pastelerías y confiterías de la localidad.La vinculación de la fiesta y el dulce queda visiblemente exteriorizada al atardecer del Domingo de Piñata, cuando se celebra el pasacalles del entornao, con una reproducción del dulce en madera y cartón de grandes dimensiones, en el que agrupaciones, máscaras, disfraces y el pueblo en general discurren por la calle principal de Fuentes de Andalucía –la Carrera– hasta el recinto ferial acompañando al entornao, donde este es quemado simbolizando el final de la fiesta.


LA CARRERA
El carnaval fontaniego se identifica incuestionablemente con la calle Carrera, una de las arterias principales de la localidad y donde se llevan a cabo los principales actos programados para la fiesta.Desde el emplazamiento de la Puerta del Monte hasta la plaza Santa María la Blanca, donde se sitúa la Iglesia Parroquial y punto más elevado del núcleo urbano, las máscaras pasean encubiertas en sus trapos y deformados cuerpos entre la gran masa de personas que se dan cita a lo largo y ancho de la calle Carrera.


Una vía que se convierte en las tardes de domingo, lunes y martes de Carnaval, y domingo de Piñata en un amplio escenario al aire libre donde se mezclan las voces en falsete de las máscaras con las coplas de las murgas y resto de agrupaciones carnavalescas.Por lo general el carnaval tradicional fontaniego de calle tiene una duración de escasas horas en las tardes los días citados anteriormente, concentrando una masiva afluencia de público que acude al reclamo de las máscaras y las murgas entre las 17:00 h. y las 21:00 h. aproximadamente.La calle Carrera, que durante este periodo luce una iluminación artística alusiva a la fiesta, viene acogiendo durante la última década distintos puntos de información y promoción instalados por el ente municipal, en el que se obsequia a los viandantes con aguardiente de anís de la fábrica tradicional local de Ricardo Gómez (Rigo) y entornaos. 


LA MÁSCARA
La segunda acepción del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española referente a Máscara la define como «traje singular o extravagante con que alguien se disfraza». Una descripción que se aproxima a las máscaras de Fuentes de Andalucía pero no las identifica en su totalidad.



La máscara del carnaval fontaniego persigue por un lado que no sea reconocida la persona que la encarna y por otro, la burla irónica hacia quien dirige sus acciones. Para ello, la máscara pone voz de falsete acompañada de gestos artificiales modifica su forma de andar y deforma su cuerpo con una serie de elementos utilizados para disfrazarse que componen una estética de aspecto grotesco y deforme, muy peculiar y original, convirtiéndose en un tipo totalmente autóctono.Entre las máscaras del carnaval de Fuentes de Andalucía se pueden distinguir varios tipos:

1) La máscara estrafalaria: se caracteriza por llevar encima todo tipo de artilugios inservibles y ropa ridícula y extravagante de manera que va de la forma más estrafalaria posible, siendo la más común.
2) La máscara de la colcha: se denomina así porque utiliza como elemento principal de la indumentaria la ropa de cama, cubriéndose completamente.
3) La máscara de mercadillo: ese tipo de máscara se dedica a vender en la calle cacharros, objetos inservibles o cualquier elemento susceptible de venta, en la mayoría de los casos en tono de humor.
4) El mascarón: es una máscara grande, de tamaño mayor, generalmente encarnada por un varón adulto y que lleva un palo o bastón para llamar la atención con sus golpes. En muchas ocasiones el mascarón es motivo de llanto por el miedo que causa a los niños más pequeños.
5) Grupo de máscaras: el requisito imprescindible es que sean más de tres personas para componer el grupo pudiendo lucir cualquier tipo de los indicados anteriormente.Todo el que en Fuentes se viste de máscara tiene mucho cuidado en taparse la cara de modo que su identidad quede oculta al público.
Este es el objetivo del disfraz: el ocultamiento, más que la belleza o la originalidad, aunque estas no se ignoran. Con la identidad oculta a la vista del público, el disfrazado se siente liberado de las prohibiciones normativas, de modo que se aparta de las normas de civilidad y control. Momentáneamente desatado y protegido por la convención de la inviolabilidad de la máscara, el disfrazado se siente con licencia para airear su ironía, su burla y su guasa contra los objetivos apropiados.
Así pues, el discurrir de las máscaras por la calle Carrera se anima repentinamente sin un formato organizado, con los celebrantes deambulando en busca de víctimas, mientras otros viandantes aparecen como meros espectadores para mirar, disfrutar y, en algunos casos, para sufrir siendo presas de las máscaras. Todo el mundo puede sumarse y el público se mezcla animadamente con las máscaras.Alguna que otra vez, la intromisión de la máscara con sus palabras en la vida personal del paseante, puede llegar a causar algún altercado, generalmente verbal, aunque ocurre en el menor de los casos.
Con el rostro tapado y la voz distorsionada, las máscaras tienen además sumo cuidado con alterar su manera normal de caminar y cualquier otra particularidad personal con el fin de permanecer anónimos.
Aun cuando lo general es que sean gentes jóvenes, fontaniegos de todas las edades se visten de máscaras. La gente decide pronto lo que se va a poner y prepara su atuendo de mascareo en privado, manteniendo sus planes en secreto para todo el mundo, en ocasiones hasta para su propia familia o amigos más cercanos.
Un patrón común en las máscaras fontaniegas es el del travestismo masculino. Los hombres parecen disfrutar disfrazándose de mujeres, potenciando una provocadora feminidad. Se ponen sujetadores que rellenan de trapos o frutas, imitan gestos femeninos y se colocan almohadas como llamativos traseros y medias para cubrir sus piernas, que descaradamente muestran al levantar las faldas.  Las máscaras, liberadas por la pérdida de la vergüenza, toman un comportamiento desinhibido en dos direcciones bien definidas. Una tiene que ver con la licencia sexual y la otra con la agresividad violenta, por lo general verbal.
Calle arriba y calle abajo, la multitud murmura y jalea con aprobación, mientas que las máscaras ridiculizan las flaquezas menores de los espectadores, que ellas mismas convierten de sujetos pasivos a activos de la fiesta.
Una de las expresiones más corrientes y a la vez características de las máscaras del carnaval fontaniego es la interrogante ¿me conoces o no me conoces?, a lo que la misma máscara responde: ¡Qué tooooorpe!, una excusa para, a partir de ahí, iniciar el diálogo con el espectador con una retahíla de preguntas o afirmaciones, más o menos atrevidas, que hace que la persona asaltada se siente confundida, abrumada y preguntándose quien o quienes serán.


LA MURGA

Si la Real Academia Española de la Lengua define a la murga como «grupo de músicos callejeros que interpretan canciones satíricas en los carnavales», a ello hemos de añadir que van disfrazados y por lo general la murga fontaniega acompaña sus coplas de bombo, platillo y caja (tambor o redoblante), e introduce las canciones con el tradicional pito de caña.

Dentro del carnaval tradicional fontaniego, la murga es la excepción a la informalidad de la fiesta. Compuesta por un número indeterminado de personas con ingenio, generalmente entre 6/7 a 14/15 miembros, la persona que la dirige recibe la nominación de «maestro», siendo frecuente que sea el autor de las letras, conocido como el poeta o letrista.

El maestro, batuta en mano, baila en el centro del círculo que forman los murguistas mientras suena la música que introduce la canción, dando un peculiar salto en el momento que marca el instante en el que la agrupación debe empezar a cantar.




Utilizan músicas conocidas, para la que componen sus letras, que se convierten en un análisis crítico y humorístico de lo acontecido en el pueblo durante el último año, así como en otras épocas se caracterizaban por tratar anécdotas picantes, con segunda intención y guasa, en las que narraban temas sexuales sin llegar a pronunciarlos literalmente.
Otra temática habitual en este tipo de agrupaciones autóctonas, aunque hay que tener en cuenta la época histórica, es la crítica social y política.
El repertorio no suele ser muy extenso, con coplas a una sola voz, cantando la primera a modo de saludo o presentación. El popurrí se compone de varias coplas enlazadas que en muchos casos ridiculiza a los propios componentes de la agrupación, que históricamente se componía exclusivamente de hombres, aunque en las últimas décadas se han dado casos de agrupaciones mixtas o femeninas.
En las dos primeras décadas del siglo XX fueron muy populares las murgas de los maestros «Coscurro», el «Cheque», Manolo en de la «Mohína», Félix el de «Juan de la Cruz», Juan de la «Quilina» o Juan «el de la Harina», entre otros. Ya durante la IIª República van apareciendo maestros que influirán en el carnaval de postguerra como «Sajones», Marcelino Lora y Jesulillo el de «Rebeca», que en el año 1932 lleva como componente de su murga al joven Juan de Dios Muñoz «Juanillo el Gato» tocando el redoblante, quién con el tiempo llegará a ser el personaje más popular del carnaval fontaniego y uno de los más prolíficos [5].
Una variante de la murga fontaniega durante gran parte del siglo XX fueron las estudiantinas, que se caracterizaban por los ligeros conocimientos musicales de algunos de sus componentes y la integración en la agrupación de guitarras, bandurrias, panderetas, triángulo… junto a sus voces.
Tanto las murgas como las estudiantinas hacían imprimir las coplas en hojas sueltas que vendían a los espectadores, así como también pasaban el sombrero después de cada actuación para cubrir gastos o repartir entre los componentes, destinando una parte al poeta-letrista en los casos que este no formara parte de la agrupación. En la actualidad es común que editen un libreto de coplas, que entregan gratuitamente y financian con publicidad comercial.
Es curioso cómo los mayores del lugar, a pesar del paso de los años, son capaces de tararear coplas –las más sonadas y populares– de murgas de hace décadas, lo que da crédito de la relevancia de la fiesta en las clases más populares de la sociedad fontaniega.

UNA APROXIMACIÓN A SU HISTORIA Y PROHIBICIONES
Los datos más remotos localizados del carnaval fontaniego se remontan a la década de 1920, recopilados por testimonios orales por José Moreno Romero como trabajo de campo para su publicación Fuentes de Andalucía. Crónicas del siglo XX [6], cuya primera edición vio la luz en 1999.
Tal como ocurre en la actualidad, las fiestas comenzaban con el Jueves Lardero, jornada en la que desde media mañana familias enteras iban a comer a la Fuente de la Reina, a las afueras de Fuentes de Andalucía, a excepción de las familias burguesas y los «señoritos», en definitiva la clase media alta de la sociedad fontaniega, que se ausentaba por completo de la fiesta, y en muchos casos hasta abandonaban el pueblo en estos días.
A pesar de la censura y restricciones de los regímenes políticos de las primeras décadas del siglo XX, la participación del pueblo era mayoritaria, desarrollándose durante los domingos, lunes y martes de Carnaval, previos al Miércoles de Ceniza, y el domingo siguiente, llamado de Piñata.
Las máscaras estaban en la calle desde la mañana hasta las doce de la noche, siendo permitidas en ocasiones hasta las dos de la madrugada pero a cara descubierta, comenzando el paseo de máscaras por la calle Carrera a partir de las cuatro de la tarde. Así mismo, las sedes de asociaciones culturales o casinos acogían bailes y concursos de disfraces, tales como los de la Sociedad Filarmónica «La Fila» o la sede del C.F. Fuentes, conocida como «La Pelota». La entrada a estos bailes estaba restringida a los socios y mujeres invitadas.Desde la mañana del Domingo de Carnaval, las murgas recorrían el pueblo, actuando en los bares, la plaza y en las casas de familiares de los murguistas, haciéndolo durante la tarde por la Carrera. Los lunes y martes de Carnaval lo hacía a partir de mediodía.
Durante la dictadura de Primo de Ribera (1923-1930), a pesar de la censura impuesta por el régimen, Fuentes celebró su Carnaval y el pueblo participaba y disfrutaba de su fiesta más popular.
La proclamación de la IIª República Española en abril de 1931, trajo consigo que la fiesta del Carnaval gozara de total libertad, haciéndose presente en las letras de las murgas y estudiantinas de la época, cuyos letristas no dudaron en llegar a ridiculizar las creencias religiosas y abordar asuntos en las coplas que antes eran impensables de tratar.
A pesar de ello, el día 6 de febrero de 1932, vísperas del carnaval, el gobernador civil Vicente Sol, ordena a todos los alcaldes de la provincia: «que privan terminantemente que las murgas y comparsas que salgan durante las próximas fiestas del Carnaval usen en sus coplas términos alusivos a ninguna persona, palabras groseras ni injurias, así como que en los disfraces no se imiten uniformes de los Institutos armados ni hábitos religiosos […]».
Los carnavales fontaniegos del periodo republicano fueron muy concurridos en un clima de libertad empañado por la realidad social de la época, tales como la situación de paro y el boicot de los patronos a la República en 1932, cuyo estado se acrecentó aún más en 1933, en el que abundaron las letras de las murgas llamadas «sociales», que mostraban el descontento que se vivía en aquella época.
En 1934 hubo un nuevo intento de prohibir el carnaval, enmarcado dentro de las políticas impulsadas en los primeros meses del bienio reformador de derechas. El nuevo gobernador civil, Álvaro Díaz de Quiñónez, dictó un bando el cual expresaba: «en evitación de extralimitaciones o abusos que pudieran cometerse a pretexto de celebración de la fiestas de carnaval», y a lo largo de seis puntos pretendía terminar con la celebración del carnaval en Sevilla y su provincia, aunque la orden no fue respetada en muchos lugares, incluido Fuentes de Andalucía.
Fue el carnaval de 1936 el que vino a cerrar una etapa importante de la fiesta más tradicional fontaniega, la cual tardaría años en volver a retomar su esplendor, pero que a pesar de la censura y estrictas prohibiciones, lograría resurgir sin perder su esencia, lo que lo marcaría con un sello inimitable convirtiéndolo en uno de los carnavales más singulares y arraigados del territorio andaluz.El 5 de febrero de 1937, en plena Guerra Civil Española (1936-1939), el Boletín Oficial del Estado insertaba una orden circular firmada dos días antes en Valladolid por el gobernador general, Luis Valdés, y dirigida a todos los gobernadores civiles de la llamada zona nacional, que venía a prohibir la celebración del Carnaval: «En atención a las circunstancias excepcionales que atraviesa el país, momentos que aconsejan un retraimiento en la exteriorización de las alegrías internas, que se compaginan mal con la vida de sacrificios que debemos llevar, atentos solamente a que nada falte a nuestros hermanos que velando por el honor y la salvación de España luchan en el frente con tanto heroísmo como abnegación y entusiasmo, este Gobierno General, ha resuelto suspender en absoluto las fiestas de Carnaval.Y a estos efectos encarezco a V. E. tome las disposiciones oportunas para su más exacto cumplimiento, evitando pueda celebrarse ninguna clase de estas fiestas en días tan señalados en los que nuestro pensamiento debe de estar de corazón al lado de los que sufren los rigores de la guerra y de los que ofrendan su vida en defensa de nuestra santa causa de redención».
Instaurada en todo el país la dictadura del General Franco tras la consumación de la guerra, el BOE publicaba una orden del Ministerio de la Gobernación, dada el 12 de enero de 1940, que resolvía «mantener la prohibición absoluta de la celebración de las fiestas del Carnaval», y recordaba que habían sido suspendidas en años anteriores, por lo que «no existían razones que aconsejasen rectificar dicha decisión». Con esa base, se mantuvo la «prohibición absoluta de la celebración de tales fiestas» y se recordó «a todas las autoridades dependientes» del citado Ministerio el cumplimiento taxativo de la susodicha orden [7].
Con este contexto histórico, político y social, hasta mediados de la década de 1950 el Carnaval de Fuentes de Andalucía no pudo celebrarse, aunque hay testimonios de aseguran que hubo ocasiones en las que se llevaron a cabo pequeñas celebraciones en casas privadas al llegar el mes de febrero, en las que se cantaban coplas carnavalescas.


Sería el año 1955 el que marcaría un hito en este periodo de prohibiciones, rubricando el inicio del resurgir del carnaval fontaniego. A principios de año, cuatro conocidos maestros de murgas se reunieron y, desafiando al régimen, deciden sacar adelante una agrupación, comenzando a ensayar coplas de forma clandestina sin tener la seguridad de que pudieran llegar a salir a las calles en febrero.
Bajo la nominación de «Viudas a lo loco», y con un repertorio de coplas no muy comprometidas recopiladas de murgas de éxito de antes de la guerra, la agrupación estuvo formada por «Sajones» de maestro, Antonio Villarino con el redoblante, «Juanillo el Gato» al bombo y Marcelino con pito de caña, acompañados de los murguistas Alonso Lisboa, «Chicaíngo» y Joseíllo Retamero, también con pitos.
Narra José Moreno Romero que unos días antes del carnaval dos de ellos consiguieron reunirse con el recién nombrado alcalde José Herrera Blanco, para obtener autorización y entregar las letras de las coplas para su aprobación. Al día siguiente el cuaderno le fue devuelto con algunas enmiendas autorizando la salida con una serie de condiciones, tales como que el maestro de la murga debía llevar consigo el cuaderno original que le había sido aprobado, para ser inspeccionado por la autoridad que lo solicitase, y el horario permitido: la salida a partir de las doce del mediodía, y por la tarde, a las cinco, tenían obligación de cantar en el Círculo de la Amistad (Casino de los Señoritos), debiendo retirarse a las seis de la tarde [8].
Por deferencia, esta murga decidió hacer su primera actuación ante la casa del alcalde, el primer día de carnaval, del que recibieron una propina al pasar la gorra. Con los años, este gesto se convirtió en costumbre para todas las murgas.
Al año siguiente comenzaron a salir algunas máscaras a la calle, por el extrarradio de la población, haciendo tímidas incursiones hacia la Carrera.
El año 1957 se puede considerar como el de la consolidación de esta nueva etapa del Carnaval de Fuentes de Andalucía. Murguistas como «Sajones», Marcelino, Alonso Lisboa y Juanillo «El Gato»  sacan murgas por separado –autorizadas por el alcalde–, aumentándose ese año el horario hasta las siete de la tarde en la calle y debiendo presentar las copas a la autoridad local con 15 días de antelación. Las máscaras se autorizan también, pero debían ir con la cara descubierta, aunque esta prohibición no impidió que los fontaniegos se cubrieran el rostro, encarnando de este modo a la máscara propia del lugar. Este hecho provocaba en muchos casos la persecución por parte de los municipales a quienes incumplían las normas establecidas, convirtiéndose en un motivo más de estímulo y diversión.
El hecho de la celebración de la fiesta en un contexto político y social como el que vivía España en esos momentos, provocó que el Carnaval de Fuentes de Andalucía se convirtiera en foco de atención de toda la provincia de Sevilla, al tratarse de un caso excepcional que sobrepasaba incluso los límites regionales.
Cada año incrementa el número de máscaras que ya sí se concentran en la Carrera y son numerosas las murgas y estudiantinas que participan –incluso foráneas–, aumentando considerablemente el ambiente y recibiendo visitantes de los pueblos colindantes.
La participación se había extendiendo y, exceptuando los terratenientes y algunos allegados de la clase media, el resto de la población disfrutaba y gozaba de la fiesta.


El profesor norteamericano David D. Gilmore, afirma que «el carnaval restablece los límites del grupo. Esto es una consecuencia inevitable del comportamiento ritual en la comunidad moral. En tanto que es fiesta  popular, el carnaval lo celebran exclusivamente los pobres. Los adinerados terratenientes no pertenecen del todo al pueblo en este sentido de participación; abjuran de sus valores tradicionales e ignoran o evitan las fiestas. La mayoría de los que se disfrazan son trabajadores o agricultores a pequeña escala. Consideran el carnaval como nuestra fiesta» [9]. Un éxodo de la élite que tenía un importante efecto estimulante sobre la autoconciencia del grupo.
Ante el patente auge y popularidad de la fiesta, pronto comenzaron a surgir voces en contra del carnaval de los adeptos al régimen, pero a pesar de ello y de que cada año se recibía un telegrama del Gobernador Civil recordando la prohibición, el alcalde José Herrera Blanco defendía que permitiéndolo, con los debidos controles, contribuía a bajar la presión social y ganarse las simpatías del pueblo.
El poder sociopolítico local no cesaba en su empeño, y ante la imposibilidad de terminar definitivamente con el carnaval, tendió a controlarlo a través de una serie de reglamentaciones, ofreciendo al mismo alternativas de diversión que condujeran al pueblo hacia unos lugares concretos y así supervisarlo más efectivamente, aun a sabiendas que todo ello iba en contra de las idiosincrasia del carnaval de Fuentes.
En 1967 el alcalde Herrera pide su parecer al Pleno Municipal. En la moción presentada, el primer edil hacía referencia a las «fiestas típicas», que guardaban similitud con las «antiguas fiestas del carnaval».«Sres. Concejales: Viene reproduciéndose desde años después de nuestra guerra de liberación, el conocido hecho de una festividad de honda raigambre en la Villa. Desde tiempo inmemorial y como continuación de nuestro típico Jueves Lardero (o jueves anterior al Domingo de Quincuagésima de nuestra liturgia católica) en que el pueblo entero se desplaza a los campos de la fuente de la Reina desde temprana hora para almorzar en grupos de familias y amigos, como continuación digo, de este jueves, al siguiente domingo se mantienen los esparcimientos con grupos de comparsas, disfraces, murgas, etc., en los que el vecindario participa vistiendo sus mejores galas y concurriendo en verdadera multitud a la calle principal del pueblo. Desde las 12 de la mañana hasta la caída de la tarde, y desde luego antes de la caída del sol, el jolgorio, la alegría de la multitud participando, unos pasivamente y otros con disfraces, las murgas con sus coplas, etc., nos hacen recordar las fiestas típicas gaditanas en las que si éstas con notables por su esplendor, las nuestras no lo son menos por su popularidad y tipicidad, su gracia chispeante, y sobre todo, por constituir un verdadero esparcimiento y solaz del vecindario.Es tal vez un remedo, si se quiera ver así, de las antiguas fiestas de Carnaval, pero notoriamente distinto por cuanto se desenvuelven en buen orden y hasta –aunque paradójico parece– con absoluta disciplina, concluyendo todo antes de que se oculte el sol.Sin embargo, por la coincidencia de fechas de estas fiestas con las antiguas de Carnaval, de una parte; y de otra, su propia similitud por aquello de los disfraces que algunos utilizan paseando, lleva a esta Alcaldía a consultar las disposiciones legales que con relación al Carnaval han sido dictadas […].
[…] pero cerca de treinta años después, cuando la nación disfruta de una bien ganada y segura paz, justo será también conceder al pueblo legítimas y sanas libertades […].[…] hemos de pensar en permitir a ese pueblo maduro unos esparcimientos de raigambre y reconocerle una capacidad, una madurez, para entender y hacer honrado uno de un estado de libertad en sus divertimientos, con sus expansiones del ánimo, de sus alegrías en natural manera.
Hasta aquí todos los años vienen patentizando sus deseos mediante  esa aglomeración por calles principales de la villa, con disfraces o sin ellos, como a todos nos consta; ciertamente que no cabe otra forma de pedir más gráfica que la que viene observándose año tras año. Creo pues, llegado el momento de permitir al pueblo conscientemente estas expansiones, sin miedo a la Autoridad, al Orden Público, y bajo la debida vigilancia, eso siempre, en evitación de cualquier desmán siempre posible en cualquier mal ciudadano. No pretendo con ello volver a las fiestas carnavalescas de tiempos pretéritos y corrompidos, sino solamente lo que el pueblo de verdad quiere: paseos, disfraces, chirigotas, murgas y comparsas hasta la puesta de sol; sin bailes de sociedad, sin trasnochamientos, sin extremos en fin que puedan degenerar en carnavaladas. Al efecto, durante las horas de paseo, o sea, desde las doce hasta las siete de la tarde, debiera acotarse desde el inicio de la calle José Antonio [Carrera] hasta la confluencia de la calle San Miguel prohibiendo la circulación rodada. Pero estos son pormenores en los que habrían de entrarse luego que sea conocida vuestra opinión y si a ello hubiera lugar […]» [10].
Tras las deliberaciones pertinentes, y como era de esperar, el pleno se adhirió mayoritariamente a la moción con el único voto negativo de uno de los ediles.
Se trata pues, esta, de la primera referencia en la que el ente municipal participa por vez primera en la organización del carnaval, poniéndose en marcha nuevas iniciativas tales como desfiles de carrozas y concursos de murgas, algo anómalo en el carnaval fontaniego que, sin lugar a dudas, iba a contribuir a su decadencia y pérdida de idiosincrasia.
A pesar de ello, esta reglamentación y la serie de nuevos eventos que estaban contribuyendo a la despersonalización de este carnaval, no provocaron la pérdida de lo autóctono, pues aunque en menor medida, la Carrera supervivía con escasas murgas y pocas máscaras.


La llegada de la democracia trajo consigo nuevos intentos de revitalización del carnaval, asentándose nuevas costumbres como los bailes de disfraces, y superviviendo la esencia del carnaval fontaniego, que a lo largo de las últimas décadas ha sufrido distintos y diversos altibajos, sin dejar de ser una de las fiestas principales de la localidad.
Ya en el siglo XXI el carnaval fontaniego ha recobrado su sabor tradicional de antaño, conviviendo con nuevas tendencias y atractivos lúdicos. De este modo se celebran bailes y concursos de disfraces y desfiles escolares o certámenes de agrupaciones locales y foráneas donde tienen cabida murgas, chirigotas y comparsas, pero no por ello pierden importancia las tardes de paseo por la Carrera entre máscaras y murgas.
Como reconocimiento a su relevancia, arraigada tradición y particularidades, entre otros argumentos, en febrero de 2008 el Carnaval de Fuentes de Andalucía fue declarado por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía «Fiesta de Interés Turístico de Andalucía».
Afirma el profesor Rodríguez Becerra que las fiestas son «una clara expresión de la identidad de un pueblo por encima de las complejas funciones y significados, ya sean políticos, económicos, sociales, simbólicos. El grado de articulación de una sociedad está directamente relacionado con sus fiestas […]. Las fiestas son monumentos vivos en los que se integran y subliman todos los elementos, factores y aspectos que constituyen o definen a un pueblo o ciudad. Las fiestas son el mejor exponente de cada pueblo y ciudad. Esta afirmación parece excesiva y quedaría más equilibrada si dijéramos que la fiesta es un texto en el que pueden leerse los aspectos más relevantes de la cultura de una sociedad» [11].
El carnaval forma parte de la vida de Fuentes de Andalucía, de su historia, de su día a día. Una fiesta dinámica que evoluciona con el paso del tiempo sin perder su esencia y sus particularidades que junto a su trascendencia histórica la convierten aún más en única, dotándola en su conjunto de un sello inimitable.
El singular carnaval fontaniego es patrimonio del pueblo, y «lo que Fuentes quiera que sea, el carnaval será».

Francis J. González Fernández

NOTAS:

1] Comunicación presentada a las XIV Jornadas de Historia y Patrimonio sobre de la provincia de Sevilla: «Ferias, fiestas y romerías en la provincia de Sevilla: el ciclo festivo local». La Puebla de Cazalla, 28 de Octubre de 2017, organizadas por la Asociación Provincial Sevillana de Cronistas e Investigadores Locales y el Ayuntamiento de La Puebla de Cazalla.

2] Caben destacar los diversos estudios de los antropólogos David D. Gilmore (profesor de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook) y Salvador Rodríguez Becerra (Catedrático de Antropología Social de la Universidad de Sevilla), así como la investigación del fontaniego José Moreno Romero, con un interesante trabajo de campo como base para su publicación Fuentes de Andalucía. Crónicas del siglo XX.

3] NAVARRO LORA, José María. Los orígenes del Jueves Lardero. En CARNAVAL 2008. Fuentes de Andalucía. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Delegación de Festejos del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2008, p. 22-28.

4] GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Francisco Javier. Fuentes de Andalucía, una mirada al pasado: Tomo I. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2010. 309 págs., il. b/n.

5] MORENO ROMERO, José. Fuentes de Andalucía: Crónicas del siglo XX. Fuentes de Andalucía (Sevilla): El Autor, 1999, p. 133.

6] MORENO ROMERO, José. Fuentes… en Op. cit., 383 págs., il. b/n.

7] http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1940/013/A00277-00277.pdf


8] MORENO ROMERO, José. Fuentes… en Op. cit., p. 320.

9] GILMORE David D. Agresividad y Comunidad: Paradojas de la cultura andaluza. Traducción de 
Juan Santana Lario. Granada: Biblioteca de Etnología. Diputación Provincial de Granada, 1995, p. 213. [Traducido del inglés. Título original: Aggression and Comunity: Paradoxes of Andalusian culture].

10] ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE FUENTES DE ANDALUCÍA. Gobierno. Libro Actas Capitulares 1967. Pleno 1967-I-24.

11] RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador. Las fiestas en Andalucía. Perspectivas históricas y antropológicas. En CARRIAZO RUBIO, Juan Luis y RAMOS ALFONSO, Ramón. Actas de las XII Jornadas sobre historia de Marchena: Las fiestas en la historia de Marchena. Marchena: Ayuntamiento de Marchena, 2008, p. 22-23.


BIBLIOGRAFÍA:

CARNAVAL de Fuentes de Andalucía (Sevilla): Fiesta de Interés Turístico de Andalucía. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, [s.a.]. 67,5x42 cm., plegado en 9,7x21 cm.: il. color.

CARNAVAL 2008. Fuentes de Andalucía. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Delegación de Festejos del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2008. 40 págs.; 17x24 cm.: il. b/n.

FERNÁNDEZ CARO, José Juan. El Carnaval de Fuentes. Una aproximación personal. En Revista de Feria de Fuentes de Andalucía 1992. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Delegación de Festejos del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 1992, IIª época, sin pag. [ext. 5 págs.]; 21x29,7 cm.: il. b/n

GILMORE David D. Agresividad y Comunidad: Paradojas de la cultura andaluza. Traducción de Juan Santana Lario. Granada: Biblioteca de Etnología. Diputación Provincial de Granada, 1995. 332 págs.; 12,5x20 cm. [Traducido del inglés. Título original: Aggression and Comunity: Paradoxes of Andalusian culture].

GILMORE David D. Carnival & Culture: Sex, symbol & status in Spain. New York: Yale University Press. New Haven & London, 1998. 244 págs.; 16x24 cm.: il. b/n.

GILMORE, David D. The People of the Plain: Class and Community in Lower Andalusia. New York: Columbia University Press, 1980. 247 págs.

GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Francisco Javier. Fuentes de Andalucía, una mirada al pasado: Tomo I. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2010. 309 págs., il. b/n.

MORENO ROMERO, José. Fuentes de Andalucía: Crónicas del siglo XX. Fuentes de Andalucía (Sevilla): El Autor, 1999. 383 págs., il. b/n.

NAVARRO LORA, José María. Los orígenes del Jueves Lardero. En Aires Nuevos: Periódico de información local. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Asamblea local de Nueva Izquierda-Verde Andaluza (NIVA), marzo 2003, Iª época, núm. 12, pág. 7; 30x45 cm.: il. b/n.

NAVARRO LORA, José María. Sobre el Carnaval de Fuentes. En Revista de Feria de Fuentes de Andalucía 1997. Fuentes de Andalucía (Sevilla): Delegación de Festejos del Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 1997, IIª época, sin pag. [ext. 2 págs.]; 21x29,7 cm.: il. b/n.

RODRÍGUEZ BECERRA, Salvador. Las fiestas en Andalucía. Perspectivas históricas y antropológicas. En CARRIAZO RUBIO, Juan Luis y RAMOS ALFONSO, Ramón. Actas de las XII Jornadas sobre historia de Marchena: Las fiestas en la historia de Marchena. Marchena: Ayuntamiento de Marchena, 2008, p. 11-26.   

jueves, 7 de diciembre de 2017

UNA OBRA DE ARTE FONTANIEGA, EN LA CONMEMORACIÓN DEL IVº CENTENARIO DE MURILLO


El pasado 5 de diciembre, el Espacio Santa Clara de Sevilla abrió sus puertas a «Murillo y su estela», una de las grandes exposiciones que se celebran en torno al IVº Centenario del nacimiento del artista sevillano. Un viaje alrededor de su obra y de la influencia de su pintura en las generaciones posteriores, una estela que se prolongó hasta el siglo diecinueve. La muestra incluye préstamos de importantes pinacotecas internacionales como el Louvre, el Prado, Thyssen Bornemisza o el Palazzo Pitti... y entre ellas, una procedente de la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía (Sevilla).
Más de sesenta piezas excepcionales procedentes de colecciones públicas y privadas. Obras del propio Murillo y de discípulos o seguidores, entre ellos, La Roldana, en una muestra transversal que combina pintura, escultura, fotografía, grabado y dibujo.
La obra pictórica en cuestión procedente de Fuentes de Andalucía representa la «Lactación de Santo Domingo», la cual preside uno de los retablos laterales de la Capilla de San José, situada en la segunda nave del Evangelio de la conocida como «catedral blanca de la campiña». Una pieza que debe su autoría a la firma de Esteban Márquez de Velasco, fechada en 1693.  
En la representación, organizada la composición en torno a una diagonal, Márquez tomó de Murillo casi literalmente el grupo del fondo, con la Virgen y santas aproximándose a santo Domingo de Guzmán moribundo, inspirándose en la Muerte de Santa Clara del claustro chico de San Francisco de Sevilla.
El cuadro, que no es la primera vez que esta participa en una exposición de renombre, es conocido popularmente como «La Virgen de la Buena Leche».

Esteban Márquez de Velasco (Puebla de Guzmán (Huelva), 1652 – Sevilla, 1696) fue un pintor barroco español, seguidor de Murillo. Formado en Sevilla con su tío Fernando Márquez Joya, pintor actualmente desconocido, con quien trabajó hasta 1672, sus obras conocidas muestran una estrecha dependencia del arte de Murillo, de quien tomó esquemas y figuras concretas, si bien sus tipos humanos, de grandes ojos oscuros, son muy personales. En su obra se advierten notables diferencias de calidad, debido a la participación del taller, del que salió una muy abundante producción, existiendo constancia de que como otros pintores sevillanos y andaluces trabajó para el mercado americano.





miércoles, 6 de septiembre de 2017

LA FUNDACIÓN DE LAS COLONIAS SEVILLANAS DE LA ILUSTRACIÓN EN EL ENTORNO DE FUENTES DE ANDALUCÍA


En la segunda mitad del siglo XVIII se llevó a cabo al sur de Despeñaperros el más ambicioso proyecto reformista de la Ilustración española: la colonización y creación de las llamadas Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía.
Con el objetivo de suprimir fuertes desequilibrios territoriales, mejorar el aprovechamiento de recursos repoblando zonas desérticas y buscando crear una sociedad reformada, el rey Carlos III, Campomanes, Pablo de Olavide y otros ilustrados ejecutaron esta loable empresa levantando nuevos pueblos y aldeas en zonas deshabitadas, moradas de malhechores y bandoleros que atacaban las diligencias a su paso por el Camino Real, que discurría a escasas leguas de la villa de Fuentes.
Una actuación repobladora que se centró en los «grandes desiertos» que recorría el Camino Real de Andalucía: el desierto de Sierra Morena o de la Peñuela, en el reino de Jaén, y los desiertos de La Parrilla, entre Córdoba y Écija, y de La Monclova, entre Écija y Carmona. En ellos se crearon una serie de asentamientos construidos con criterios racionalistas y en los que se acogió a unos seis mil colonos venidos principalmente de diversos rincones de Europa Central, entre los que se repartieron las tierras. Dichas poblaciones fueron: Almuradiel, Arquillos, Aldeaquemada, Montizón, Carboneros,  Santa Elena, La Carolina (donde se estableció la sede de la Intendencia), Guarromán, La Carlota, San Sebastián de los Ballesteros, Fuente Palmera y La Luisiana con sus aldeas de El Campillo, Los Motillos (desaparecida en el s. XIX) y Cañada Rosal, creadas en baldíos de Mochales, terrenos comunales de la ciudad de Écija. Unas nuevas poblaciones que se encuentran repartidas entre las actuales provincias de Jaén, Córdoba, Sevilla y Ciudad Real y que llegaron a aglutinar un total de 60 nuevos asentamientos, entre pueblos y aldeas –de los que hoy quedan aún en pie 48–, y que son el testimonio vivo de aquel modelo que materializó con muchísimo esfuerzo y oposición el Gobierno Ilustrado del rey Carlos III [1].
La recluta de colonos la realizó Juan Gaspar de Thürriegel, un aventurero bávaro que, valiéndose de algunas artimañas, logró introducirse en la alta sociedad y círculos de la Corte madrileña para poder formar parte del proyecto colonizador. En 1766 se comenzó a tratar la empresa de Thürriegel y el 28 de febrero de 1767 el Rey autoriza que se formalice el contrato para introducir en España seis mil colonos extranjeros, de ambos sexos, que debían ser católicos, labradores y carecer de antecedentes delictivos, por los que el bávaro recibiría 326 reales por cada uno de ellos.


La situación económica que atravesaba parte de Europa y más concretamente Alemania, a mediados del siglo XVIII, era bastante precaria. Las muchas guerras en los territorios del Rhin habían traído consigo muchas calamidades y la mendicidad se convirtió en fenómeno universal y en un problema del tiempo en todos los países centroeuropeos. En este ambiente de pobreza es lógico que se estableciera con fuerza la idea de la emigración a otros países y las gentes acudieran con entusiasmo a las convocatorias lanzadas por los agentes de Thürriegel en sus proclamas, en las que difundía, entre otros mensajes:
«A casi nadie le es desconocido el que España es una tierra de clima tan feliz y una región tan bendecida del cielo que ni el calor ni el frío muestran en ella nunca sus filos... Su tierra es una de las más productiva de Europa... produce los más hermosos trigos, centeno, cebada, avenas y linos, produce también toda clase de hortalizas... en gran abundancia y con poco trabajo. Animales cornudos de toda clase y caballos, mulos, asnos, ovejas… No tiene menos en vinos, los más sabrosos del mundo. Olivos y almendros, naranjos y limoneros, higueras, granados y castaños… ¿Qué personas reflexionarían largamente para dejar una patria donde carecen de toda fortuna o la poseen pequeña, donde suspiran en su pobreza en amargos sudores? … ¿Qué personas, repito, se mostrarán remisas en marchar deprisa hacia la feraz y feliz España?...» [2].
Con tan tentador discurso, no le fue difícil a Thürriegel conseguir los seis mil campesinos para los que había sido contratado, que buscaban la «Tierra Prometida» de los panfletos en esta Andalucía de sol y luz de mediados del siglo XVIII.
La iniciativa pretendía implantar una nueva organización social, liberada en cierto modo de las restricciones jurisdiccionales del Antiguo Régimen. Para ello se redactó el Fuero de las Nuevas Poblaciones, de cuya promulgación se conmemoró el pasado 5 de julio su 250º aniversario, punto de partida de las celebraciones que durante el próximo año rememorarán las tan significativas efemérides de las fundaciones de las colonias.
En este Fuero se reguló con meticulosidad todos los aspectos de la vida económica y social de los colonos –bajo un régimen legislativo y administrativo propio– y cuanto tenían que percibir a su establecimiento: los lotes o suertes de tierra de labor (alrededor de 50 fanegas –unas 32 hectáreas–), los medios e instrumentos para la labranza (un arado, un azadón y semillas para la primera sementera y la subsistencia del primer año), el número de cabezas de ganado (a cada familia se le dieron cinco gallinas, cinco cabras, cinco ovejas, dos vacas, un gallo y una puerca de parir), los beneficios (pan durante un año y exención de impuestos durante diez), la distribución de núcleos y aldeas, las distancias entre pueblos (entre cuarto y medio cuarto de legua), los equipamientos con que se dota a las nuevas poblaciones (escuelas, pósitos, iglesias...), un programa completo de ordenación pensado para que fuesen autosuficientes en el territorio [3]...
Este documento legislativo de 1767 contemplaba postulados tan modernos y progresistas para la época como: la enseñanza primaria obligatoria y gratuita para todos los menores (niños y niñas) del pueblo llano [Art. LXXIV del Fuero]; o que la mujer fuese considerada tan útil y tan capacitada como el hombre para trabajar, no sólo en las habituales tareas domésticas sino también en la agricultura e incluso la industria [Art. XXXIII y XLIII del Fuero]. El Fuero de las Nuevas Poblaciones representa históricamente «el nacimiento de un modelo urbano, social, político y cultural diferente, que rompe con los principios arcaicos, conservadores y rancios en los que se asentaba el Antiguo Régimen. Una apuesta por la formación y los valores como motor de desarrollo de los pueblos, intentando transformar la realidad, combatiendo el analfabetismo para mitigar el efecto de la principal arma que doblega a los pueblos y su gente, la incultura [4]».
Durante la vigencia del Fuero, cuya derogación definitiva aconteció en 1835, las Nuevas Poblaciones se agrupaban para su gobierno en el marco de una Intendencia, que las convertía en la «quinta provincia andaluza», con el mismo nivel político y administrativo que los cuatro reinos de la Andalucía de la época: Córdoba, Jaén, Sevilla y Granada. La Carolina ejerció como capital de todas las Nuevas Poblaciones y sede de la subdelegación de la zona de Sierra Morena, así como acogió la Superintendencia, que recayó inicialmente en el ilustrado Pablo de Olavide, y en La Carlota se ubicó la capitalidad de las colonias occidentales, siendo sede de la segunda subdelegación.
Es en este contexto general en el que, en territorios próximos a las tierras de Fuentes y la Monclova, nacen a partir de 1768 las colonias sevillanas de las Nuevas Poblaciones: La Luisiana con sus aldeas de El Campillo, Los Motillos y Cañada Rosal, en cuya fundación nos centraremos en adelante.
Las tierras para este proyecto ilustrado fueron segregadas a Écija y comprendían 9.161 fanegas de las dehesas de las Yeguas y Mochales, a las que había que sumar las 905 fanegas del cortijo de la Orteguilla, propiedad del marqués de Peñaflor.
Pero los comienzos fueron sumamente difíciles y lejos de toda realidad quedaron las proclamas de Thürriegel. Al duro clima de la zona que se encontraron los colonos, el agotador trabajo de desmonte, las pésimas condiciones de vida, la enfermedad que se apoderó de ellos… se unió otro problema más: el rechazo y la oposición de los vecinos de la comarca, principalmente y por razones obvias, los de Écija.
Los campesinos y braceros de Fuentes, La Campana, Palma del Río, así como los de la propia ciudad de Écija, veían con sumo rechazo las oportunidades y prerrogativas que el gobierno de Carlos III daba a estos «extranjeros», ya que los propios del lugar vivían muchos de ellos sumidos en la miseria y sin tierras.
La propia oligarquía ecijana se mostró muy en contra e hizo todo lo posible por la inviabilidad del proyecto ilustrado. Como se ha indicado, del término ecijano fueron segregadas la totalidad de las suertes entregadas a los colonos, y la mayoría de las tierras eran dehesas de propios o dehesas concejiles, cuyo aprovechamiento era comunal para todos los habitantes de la ciudad, y los terrenos baldíos, que aunque no eran dedicados al cultivo, suministraban caza, leña, pastos y frutos silvestres. Pero a pesar de ello, los responsables de la repoblación consiguieron –no sin innumerables contratiempos– hacer realidad la iniciativa del gobierno de la nación.
Los primeros colonos empezaron a llegar a la colonia de La Luisiana –que fue el primer núcleo que se comenzó a levantar– a finales de 1768, prologándose la llegada hasta octubre de 1769, y no traían más que sus manos, sus ganas de trabajar y mucha esperanza para convertir unos baldíos llenos de matorrales, lentisco, jara y palmas en una tierra productiva y competitiva con el resto de las tierras de la campiña sevillana.


A las colonias sevillanas llegaron familias extranjeras de los más dispares rincones de Centroeuropa, buscando las bondades prometidas de los panfletos y la propaganda de Thürriegel, procediendo principalmente de Alemania y Francia, y en menor número de Italia, Bélgica, Suiza y Austria. Dentro de cada país, los colonos eran originarios de las mismas zonas, pueblos o regiones por lo que emigraban varias familias juntas del mismo lugar.
También se sumaron colonos españoles, cuya procedencia se puede clasificar en dos grupos: por un lado, los procedentes de los pueblos vecinos, mayoritariamente de Écija, y de forma esporádica de las localidades de Fuentes de Andalucía, La Campana, Herrera, Lantejuela o La Rambla [5]; y por otro colonos procedentes de Almería, Valencia, Galicia y otras zonas de España. Estos colonos españoles comenzaron a establecerse en su mayoría a medida que iban quedando suertes vacías por fallecimiento de algún colono extranjero, cuya realidad fue notable.
Poco pudieron disfrutar los colonos llegados a la Nueva Población de La Luisiana de «aquel jardín verde, de aquella constante primavera donde florecen los árboles, en todas las épocas del año, y no puede verse nunca la nieve» descrito en la propaganda del bávaro. Junto a los rechazos antes citados, muchos fueron recibidos por el despiadado calor de verano que les sorprendió a medio instalar y les castigó con la dureza que acostumbra en los meses de julio y agosto en esta zona de la campiña sevillana. La desolación y la angustia se apoderaron de las familias y en los comienzos del verano de 1769 comenzó a cobrarse las primeras víctimas una epidemia de fiebres tercianas (paludismo o malaria) y obstrucciones de vientre que mermó considerablemente la recién llegada población de los nuevos núcleos, llegando a perecer un tercio de los colonos en el transcurso del primer año.
La influencia y participación de los pueblos vecinos en los primeros años de la fundación de las colonias fue sumamente considerable, tanto por el rechazo y la indiferencia que ejercieron, como por la participación de diversos gremios en el levantamiento de los núcleos poblaciones aportando albañiles, carpinteros, materiales…, prestando servicios e incluso, como se ha citado con anterioridad, llegando a ser punto de origen de algunos colonos que pudieron «beneficiarse» de nuevas suertes de tierras.
En este proyecto colonizador que nos ocupa, que cambió considerablemente la configuración del territorio de la comarca, participaron activamente diversos alarifes fontaniegos, destacando por la relevancia del papel encomendado la figura del afamado Alonso Ruiz Florindo.
En 1769 el propio intendente Olavide había solicitado, a los maestros de obras radicados en Fuentes y otras poblaciones cercanas, la asistencia técnica para acelerar el proceso constructivo de la Nueva Población de La Luisiana, citando literalmente: «he despachado propios a Fuentes, Carmona y Sevilla pidiendo albañiles y carpinteros a todo precio» [6].
Del mismo modo, el cese en agosto de 1770 de la mayoría de los ingenieros militares que habían dirigido hasta el momento la construcción de las Nuevas Poblaciones, obligó a contratar arquitectos de las localidades colindantes, y que en el caso de Alonso nos queda ratificado documentalmente con posterioridad.
En mayo de 1771, mientras Alonso estaba ocupado en la conclusión del ayuntamiento de Fuentes, facultó a su hermano Cristóbal para que le sustituyera en caso preciso en los trabajos de las Casas Capitulares dado que su dedicación a la gran empresa de la Nueva Población de La Luisiana le ocupaba mucho tiempo, ratificando su cargo como maestro mayor de ella a la fecha citada: «esttándolo [nombrado] también todas las obras de la Real y nueba población de la Luisiana como maestro maior de ella» [7].
Los nuevos maestros mayores nombrados tras el requerimiento de Olavide tenían encomendada la dirección de obras, y solo en casos muy determinados de aquellos que estaban facultados, podrían proyectar, por lo que cabe preguntarse el grado de responsabilidad creativa que Alonso ejerciera sobre La Luisiana, El Campillo, Los Motillos y Cañada Rosal, atribuyéndole algunos investigadores la autoría de la Casa de Postas de La Luisiana [8].


Durante años, Alonso debió seguir ejerciendo su función como maestro mayor de La Luisiana y sus aldeas, ya que en 1784 fue nombrado para actuar como correo de esa población [9], posiblemente por sus continuas idas y venidas.
Otro maestro albañil fontaniego que ejerció su menester en la colonia de La Luisiana fue Francisco de Morales. El 17 de marzo de 1769, este contrató con D. José Manuel de Álava la construcción en La Luisiana de «dos casas de havitazion… en el sitio que me señale por el dicho Señor Director», en el precio de 1.600 reales cada una de ellas, para lo cual el citado Francisco de Morales hipotecó unas medias casas de su propiedad, situadas «en la calle maior de esta villa, fuera del arco que nombran de Ezija… [10]».
La participación tanto de Alonso Ruiz Florindo en calidad de maestro mayor, como la de los diversos maestros albañiles y carpinteros fontaniegos, dejó sentir la influencia en los nuevos núcleos poblacionales de la comarca de la arquitectura tradicional de Fuentes, que ofrece ejemplos de sencillas viviendas realizadas con métodos constructivos tan extendidos en el caserío fontaniego de la época, como son el empleo de la carpintería de entresuelo y cubiertas, la tejería morisca y el enfoscado y encalado de exteriores [11].
El Cabildo Municipal fontaniego se mantuvo en todo momento al margen del proceso colonizador ilustrado, principalmente porque no había sufrido enajenación de sus territorios, que en la época no lindaban con el de las colonias como sí lo hace en la actualidad, ya que entre el término fontaniego y las tierras destinadas a los colonos se situaba el término de la villa despoblada de La Monclova, propiedad del marqués de Ariza, titular a la vez del condado de la Monclova [12].
En 1771, el propio Cabildo se ofreció para facilitar morada en la villa al Superintendente de las Nuevas Poblaciones. Durante la visita que en mayo del citado año realizó Pablo de Olavide a la colonia de La Luisiana recibió afablemente, en calidad de Intendente del Reino de Sevilla, al Corregidor de Fuentes Mateo Antonio Barberi que se desplazó hasta la nueva población, entre otras cuestiones a tratar, «a cumplimentarle y ofrecerle alojamiento si transitaba por esta villa de Fuentes para la de Sevilla» [13], invitación que le fue declinada, pues el ilustrado no continuaría en su viaje hacia la capital.
Otro estamento que se vio levemente involucrado en el nacimiento de las colonias fue la Iglesia fontaniega, participando en la administración de sacramentos a los colonos pioneros durante los primeros meses de su establecimiento en la Nueva Población de La Luisiana.
En febrero de 1769 las primeras diez familias que llegaron a estas colonias ya habían ocupado sus suertes, y el mayor asentamiento de colonos se produce de marzo a octubre de 1769, contabilizándose ya en esta última fecha 152 familias ubicadas [14], todas ellas católicas, tal como bien quedaba especificado en una de los artículos del Fuero para acogerse a la empresa colonizadora.
Las colonias se encontraban todas integradas en una única feligresía, cuya parroquia tenía su sede en La Luisiana, contando las aldeas de El Campillo y Cañada Rosal con sendas capillas levantadas con posterioridad, de menores dimensiones, para atender a los colonos de cada núcleo, aunque todos los registros sacramentales quedarían asentados en la parroquia de la Purísima Concepción de La Luisiana.
En el informe de la visita cursada por el Superintendente Pablo de Olavide a la Nueva Población de La Luisiana a finales de agosto de 1769, el ilustrado manifiesta que «que la iglesia del lugar no le falta otra cosa que cubrirla y… sus paredes están secas pues se concluyeron el pasado abril, he mandado que a todas manos se pongan a ponerle el cubierto trabajando por tandas de día y de noche… y me han ofrecido que dentro de ocho días estará cubierta» [15].  
De este modo, teniendo presente que los colonos fueron llegando desde finales de 1768 y la iglesia se hallaba en construcción, los sacramentos les fueron administrados en parroquias de las localidades vecinas, a saber, las de San Juan Bautista de La Monclova y Santa María la Blanca de Fuentes.
En los folios 1 y 1 v. del Libro 1 de Bautismo de la Parroquia de La Luisiana, aparecen los bautizos de hijos de colonos que se celebraron fuera de la Nueva Población. D. Pedro J. de Arbizú, primer capellán de La Luisiana, El Campillo y Cañada Rosal, escribe: «Por varias certificaciones del Vicario y Cura de la Parroquial de Fuentes constan las partidas siguientes [16]», y asienta los ocho bautismos que entre mayo y septiembre de 1769 fuera la colonia, que coinciden con los primeros bautizos de hijos de colonos nacidos en su «nueva patria», siendo los siguientes:   

1. La Monclova, 26 de mayo de 1769.
Zeferino Manuel hijo de Antonio Smit y Victoria Simena
Celebrante: Fray Nicolás del Espíritu Santo, religioso mercedario

2. Fuentes, 19 de junio de 1769.
Ana hija de Juan Turnez y Juana Serman
Celebrante: Andrés Alonso del Corral, cura de Santa María la Blanca

3. Fuentes, 10 de julio de 1769.   
María Sabina hija de Francisco Sturmen y Ana Pis
Celebrante: Cristóbal Hornilla Lora, cura de Santa María la Blanca

4. Fuentes, 5 de julio de 1769.
María hija de Claudio Bubar y Bárbara Lavit 
Celebrante: Andrés Alonso del Corral, cura de Santa María la Blanca

5. La Monclova, 8 de agosto de 1769.
Lorenzo Cayetano hijo de Martín Yanson y Magdalena Studre
Celebrante: No lo cita

6. Fuentes, 31 de agosto de 1769.
Juan Bautista José de Santa María hijo de Pedro Bris y Francisca Espon
Celebrante: Fray Juan Fernández, religioso tercero de San Francisco

7. Fuentes, 31 de agosto de 1769.
José Francisco Pedro hijo de José Quellar e Isabel Planderon
Celebrante: Fray Juan Fernández, religioso tercero de San Francisco

8. Fuentes, 13 de septiembre de 1769.
Domingo José de Santa María hijo de Domingo Nuel y Ana Arnan
Celebrante: Fray Juan Fernández, religioso tercero de San Francisco

El primer bautismo celebrado en la nueva Iglesia de la Purísima Concepción de La Luisana tuvo lugar el día 20 de septiembre de 1769, y le fue administrado a la niña Ana María Much por el sacerdote D. Manuel de Acosta y Vargas [17].
Como curiosidad, hacemos alusión a que solo los bautizos 2 [18], 3 [19] y 4 [20] antes enumeradas constan a su vez en el Archivo Parroquial de Santa María la Blanca de Fuentes, coincidiendo con qué fueron los tres únicos bautizos realizados por curas radicados en dicha iglesia.
Circunstancias tales como la celebración de matrimonios mixtos con españoles, los movimientos migratorios y el propio paso del tiempo, entre otras, han ido provocando que a lo largo de los 250 años de historia de las Nuevas Poblaciones las diferencias –principalmente culturales– se hayan ido diluyendo. Pero a pesar de ello, aún pervive el rastro genético y se pueden encontrar descendientes de los colonos en las colonias, donde no solo abundan los apellidos centroeuropeos, sino que también conservan rasgos físicos característicos de las zonas de origen (piel clara, pelo rubio…), e incluso gran parte de las Nuevas Poblaciones mantienen costumbres festivas tradicionales de los países de los colonos, como la fiesta de los Huevos Pintados que celebra Cañada Rosal cada Domingo de Resurrección o el llamado Baile de los Locos, que se mantiene en Fuente Carreteros [21].
Hoy en día, tanto en La Luisiana como en El Campillo y Cañada Rosal [22], se mantienen algunos de los apellidos de los primeros colonos que los llevan descendientes de aquellos nuevos pobladores, tales como Hans, Duvisón, Fílter, Legran, Hebles, Rúger, Delis, Ancio,  Bacter,  Demans,  Pígner, Uber, Pistón, Chambra o Balmont.
Como afirma José Antonio Fílter Rodríguez [23],  «la gran aventura que emprendieron las familias colonas que crean estos pueblos hizo posible transformar territorios, caminos y baldíos fundando nuevos enclaves urbanos con nuevas sociedades en las que valores como la participación, el esfuerzo, la igualdad, la tolerancia, el respeto y la solidaridad, impregnaron los inicios de este gran proyecto ilustrado, convirtiéndose en sus más claras señas de identidad» [24].
Y desde la antigua villa señorial de Fuentes de Andalucía, nos congratulamos y adherimos a la conmemoración de este 250º aniversario fundacional de nuestras nuevas poblaciones vecinas de La Luisiana, El Campillo y Cañada Rosal. «250 años de un gran proyecto político, social, económico y cultural, pero sobre todo humano que transformó la realidad de una tierra y de una gente. 250 años de historias personales y proyectos colectivos. 250 años de vida» [25]. 250 años compartiendo la existencia bajo el sol de la campiña sevillana, bajo un clima de tolerancia y entendimiento como vecinos y ciudadanos de un mismo territorio, desde que a finales del siglo XVIII aquellos hombres y mujeres cruzaron media Europa, cargados de esperanzas, para cambiar sus vidas y construir estos pueblos con una singular identidad cultural.

Francis J. González Fernández

NOTAS:
1] Para profundizar en la historia de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía, consulte la web: www.fuero250.org
2] FÍLTER RODRÍGUEZ, José Antonio. Las colonias sevillanas de la Ilustración: Cañada Rosal, El Campillo y La Luisiana, 1767-1835. Cañada Rosal: Ayuntamiento; La Luisiana: Ayuntamiento, 1996, págs. 63-65.
3] Ibídem, págs. 37-59. Reproducción literal del Fuero.
4] www.fuero250.org
5] PRIETO PÉREZ, Joaquín Octavio: Evolución Demográfica de las colonias sevillanas de la Ilustración en el último tercio del siglo XVIII. En: FÍLTER RODRÍGUEZ, José Antonio, coordinador. Actas IV Jornadas de Historia sobre la provincia de Sevilla: Ilustración, ilustrados y colonización en la campiña sevillana en el siglo XVIII (Cañada Rosal y Fuentes de Andalucía, 16 y 17 de marzo de 2007). Sevilla: Asociación Provincial Sevillana de Cronistas e Investigadores Locales (ASCIL), 2007, pág. 160.
6] FÍLTER RODRÍGUEZ, José Antonio. Orígenes y Fundación de La Luisiana, El Campillo y Cañada Rosal (La colonización de Carlos III en la Campiña sevillana). La Luisiana: Ayuntamiento, Delegación de Cultura, 1983, pág. 41.
7] (A)rchivo de (P)rotocolos (N)otariales de (É)cija. Fuentes. Leg. 3227. Gregorio Martínez de Parga. 1770-1772, t. 2. Fols. 61-62 (1771).
8] OLLERO LOBATO, Francisco y QUILES GARCÍA, Fernando. Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo. Fuentes de Andalucía: Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 1997, págs. 113-116.
9] CERRO RAMÍREZ, Jesús. La villa de Fuentes (1578-1800). Fuentes de Andalucía: Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, 2011, pág. 778.
10] A.P.N.E. Fuentes. Leg 2768. Tomás Pérez de Olmo. 1768-1769. Fols. 25-26 v.
11] OLLERO, Francisco y QUILES, Fernando: Nuevas noticias sobre el proceso urbanizador de las Nuevas Poblaciones: especialmente referidas a la construcción de Cañada Rosal, La Carlota y La Luisiana. En: FÍLTER RODRÍGUEZ, José Antonio, coordinador. Actas V Congreso Histórico sobre Nuevas Poblaciones: Las Nuevas Poblaciones de España y América (La Luisiana-Cañada Rosal), Sevilla: Junta de Andalucía, Consejería de Cultura, 1992, pág. 250.
12] En 1836 los territorios de la Monclova fueron incorporados administrativamente al término de Fuentes de Andalucía. Sus más de 5.300 hectáreas suponen en torno al 40 % del actual término municipal.
13] A.H.M.F. Actas Capitulares Libro 9. 1768 – 1773. Cabildo 1771-V-22.
14] FÍLTER RODRÍGUEZ, José Antonio. Las colonias sevillanas… en Op. Cit., pág. 137.
15] FÍLTER RODRÍGUEZ, José Antonio. Las colonias sevillanas… en Op. Cit., págs. 130-131.
16] (A)rchivo (P)arroquial de la Purísima Concepción de La (L)uisiana. Libro I de Bautismos. Folio 1.
17] Ibídem. Folio 2.
18] (A)rchivo (P)arroquial) Santa María la Blanca de (F)uentes de Andalucía. Libro 18 de Bautismos. Folio 296 vto.
19] A.P.F. Libro 18... en Op. Cit.. Folio 298 vto.
20] A.P.F. Libro 18... en Op. Cit.. Folio 299.
21] Entidad Local Autónoma enclavada en la provincia de Córdoba, perteneciente al municipio de Fuente Palmera, fundada por Carlos III dentro del proceso colonizador que nos ocupa.
22] Tras un largo proceso, pero siempre con el consentimiento y el mutuo acuerdo entre los representantes y vecinos de La Luisiana y Cañada Rosal, el 27 de Agosto de 1986, el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía aprobó el Decreto de Segregación que convirtió a la colonia carlostercerista de Cañada Rosal en el municipio 103 de la provincia de Sevilla y en el más joven de todos los que integran la familia de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía.
23] Investigador local, Cronista Oficial e Hijo Predilecto de Cañada Rosal, Presidente-fundador de la Asociación Provincial Sevillana de Cronistas e Investigadores Locales (ASCIL), miembro de la Junta Rectora de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales y de la Comisión Organizadora de los Encuentros de Investigadores Locales organizados por Casa de la Provincia de la Diputación de Sevilla, Vicepresidente de la Comisión Nacional «Fuero 250» y Coordinador General de las Jornadas de historia y patrimonio sobre la provincia de Sevilla que cada año organiza ASCIL.
Es autor de varios libros y ha publicado numerosos artículos, ponencias y trabajos en revistas, actas de jornadas, seminarios y congresos.
Mi enorme gratitud a mi amigo y compañero José Antonio Fílter, por cuanto ha colaborado para la realización del presente trabajo.
24] FÍLTER RODRÍGUEZ, José Antonio: 250 aniversario de la fundación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena y Andalucía. Cañada Rosal. El último sueño ilustrado. En Feria y Fiestas de San Joaquín y Santa Ana, Cañada Rosal, 2017, pág. 9.
25] Ibídem, pág. 10.