SOBRE EL NOMBRE DEL BLOG



En las cercanías de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, hay una fuente que desde hace siglos recoge el agua del cerro adyacente a través de diversas conducciones subterráneas y la canaliza hasta ella, donde la gente del lugar acudía para abastecerse.

De orígenes islámicos, rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones y en 1787 se le dota de una escalera y un paso hecho de rosca para evitar los daños del público a la construcción. A fines de la citada centuria, se puso en marcha un proyecto general de conducción de las aguas potables a la villa para solucionar los problemas de abastecimiento.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes de Andalucía.

viernes, 12 de mayo de 2017

EN EL CENTENARIO DE LAS APARICIONES DE FÁTIMA. Cuando la Virgen de Fátima vino a Fuentes de Andalucía


En 1950 los fontaniegos fueron testigos y partícipes de uno de los acontecimientos marianos de mayor relevancia que muchos pueblos de Andalucía vivieron en plena mitad del siglo XX. Llegó a Fuentes de Andalucía la imagen de la Virgen de Fátima Peregrina, de tan milagrosa advocación portuguesa.
Una devoción que surgió en la localidad portuguesa de Fátima, tras varias apariciones de la Virgen entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917 a tres pastorcillos, convirtiendo el lugar en santuario y foco de peregrinación de la orbe cristiana.
Hecha según las indicaciones de la hermana Lucía, única superviviente de los tres pastorcillos, la primera imagen de la Virgen Peregrina de Fátima fue ofrecida por el Obispo de Leiría, zona a la que pertenece Fátima, y coronada solemnemente el 13 de mayo de 1947. A partir del 13 de mayo de 1948, la imagen recorrió el mundo entero, provocando una rápida expansión de la devoción a la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Fátima.
Después de más de medio siglo de peregrinación, en el que la imagen visitó 64 países de los distintos continentes, algunos de ellos varias veces, la Rectoría del Santuario de Fátima entendió que no debería volver a salir habitualmente, sólo por alguna circunstancia extraordinaria, y desde el año 2000, recibe culto en el citado Santuario. Aunque para dar respuesta a las inmensas peticiones, fueron hechas varias réplicas de la primera imagen peregrina que siguen visitando los puntos de la tierra donde es solicitada su presencia.
La llegada a Fuentes tuvo lugar el domingo 5 de noviembre de 1950 convirtiéndose en todo un magno acontecimiento para la población, que alentada por las autoridades municipales y eclesiales había engalanado las principales calles del pueblo por las que pasaría la Virgen durante su estancia en Fuentes con arcos florales, y vistiendo de gala fachadas, ventanas y balcones.
La corporación municipal, autoridades religiosas y militares, la Banda de Música Municipal y todo el pueblo recibieron a la comitiva en la entrada de Fuentes, en la Cruz Juan Caro, desde donde el cortejo discurrió hasta la Plaza de España entre la multitud. Allí el secretario del Ayuntamiento dio lectura al acta de la Corporación en la que constaba el acuerdo de consagrar la villa a Nuestra Señora de Fátima, leyendo la fórmula el alcalde, José Rodríguez de Moya y Picornell, y colocando a sus pies el bastón de mando distintivo de primer edil junto con el acuerdo municipal.
La Virgen fue llevada posteriormente a la Iglesia Parroquial, donde se celebró una solemne función y quedó expuesta a la veneración de los fieles durante toda la noche, en la que se organizaron numerosos turnos de vela y se rezaron infinidad de rosarios.
Al día siguiente, lunes, el día había sido declarado festivo y la Virgen siguió recorriendo en sus andas y rodeada de multitud las calles de la localidad, visitando los conventos de las Hermanas de la Cruz y las Madres Mercedarias, siendo portada a hombros por numerosos vecinos y saliendo a su paso las personas enfermas e impedidas buscando la intercesión de la Virgen en la mejoría de su salud. Tras todos los actos celebrados, fue despedida por el gentío en la Estación durante la jornada del lunes 6 de noviembre, donde también se contó con el acompañamiento de la Banda de Música, siguiendo la peregrinación hacia otros pueblos y abandonando Fuentes por la carretera de «La Platosa».
En el pleno de la Corporación de 30 de septiembre de 1950, el Alcalde dio «cuenta de la próxima llegada a esta villa de la Virgen Peregrina de Fátima, en su recorrido por los pueblos de la Diócesis. Su llegada está anunciada para el día cinco de noviembre y durante su estancia en la localidad se realizarán diversos actos religiosos. A nosotros nos cabe el honor, entre estos actos, el de llevar a cabo la consagración del pueblo al Corazón de María acordada previamente por el Ayuntamiento Pleno del que se dará lectura pública con el fin de dar carácter oficial a su venida. A estos efectos vería oportuno excitar el fervor religioso de los vecinos, para que en su día adornen las fachadas de sus viviendas con flores, colgaduras y levantando arcos en honor a la Stma. Virgen y declarando festivo el día laborable que haya de permanecer entre nosotros y organizando en fin cuanto en honor de la milagrosa imagen pueda ser grato a sus ojos. Propuesta del Sr. Presidente que la Corporación estima oportunísima y haciéndola suya por unanimidad la de proveer en forma de acuerdo del que se redactará copia certificada para su puesta a los pies de la Virgen. Al propio tiempo, teniéndose en cuenta que para atender a los gastos de peregrinación solo disponen los Rvdos. Padres de las limosnas del pueblo, se autoriza al Sr. Alcalde para que en nombre de este Ayuntamiento aporte la cantidad que estime oportuna».
Tal fue la repercusión de la visita de la Virgen a Fuentes, que propició la expansión de su devoción en el pueblo fontaniego, y durante los años 1951 y 1952 se realizó, sufragado por suscripción popular y una importante aportación de Victoria Huertos Muñoz, una imagen de la Virgen de Fátima y un camarín en la Iglesia Parroquial.
Victoria Huertos, esposa de Manuel Muñoz Conde, médico y alcalde de Fuentes durante la IIª República, fue nombrada camarera de la Virgen, habiendo ocupado en mismo menester en la Hermandad de la Vera Cruz, donde atendía a María Santísima del Mayor Dolor.









lunes, 27 de marzo de 2017

SOBRE LA FUNDACIÓN DE LAS COFRADÍAS DE FUENTES DE ANDALUCÍA


Tanto para investigadores como para las propias corporaciones, la fecha de origen de las cofradías –en la mayoría de los casos no conocida– supone siempre una llama de curiosidad patente por saber más sobre la historia de nuestras hermandades de penitencia.
Las cofradías, como grupos de fieles organizados y erigidos con una función determinada, comienzan a surgir en la Iglesia durante la época medieval, aunque las que propiamente conocemos en la actualidad nacieron a finales del siglo XV y, sobre todo, en el siglo XVI.
Pero sería el Concilio de Trento, que se celebró entre 1545 y 1563, el empuje final y definitorio para la proliferación de las cofradías, principalmente de penitencia, que llegan hasta nuestros días. En él, la Iglesia recomendaba la estación pública, exponiendo la necesidad y ventajas que se derivaban del culto a las imágenes, y a su vez, marcó una legislación para controlar la representación de la Pasión a través de una reglamentación –las reglas– que la jerarquía debía sancionar. De este modo, se intentaba asegurar el control mediante disposiciones relativas al decoro de imágenes y cortejos, sirviéndose para ello de penas que incluían la excomunión.

"...declara que se deben tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen madre de Dios, y de otros santos, y que se les debe dar el correspondiente honor y veneración: no porque se crea que hay en ellas divinidad, o virtud alguna por la que merezcan el culto, o que se les deba pedir alguna cosa, o que se haya de poner la confianza en las imágenes, ...sino porque el honor que se da a las imágenes, se refiere a los originales representados en ellas; de suerte, que adoremos a Cristo por medio
de las imágenes que besamos, y en cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos; y veneremos a los santos, cuya semejanza tienen…
Enseñen con esmero los Obispos que por medio de las historias de nuestra redención, expresadas en pinturas y otras copias, se instruye y confirma el pueblo recordándole los artículos de la fe, y recapacitándole continuamente en ellos: además que se saca mucho fruto de todas las sagradas imágenes, no sólo porque recuerdan al pueblo los beneficios y dones que Cristo les ha concedido, sino también porque se exponen a los ojos de los fieles los saludables ejemplos de los santos, y los milagros que Dios ha obrado por ellos, con el fin de que den gracias a Dios por ellos, y arreglen su vida y costumbres a los ejemplos de los mismos santos; así como para que se exciten a adorar, y amar a Dios, y practicar la piedad."
Concilio de Trento. Sesión XXV. 4-12-1563
La invocación, veneración y reliquias de los santos, y de las sagradas imágenes

Por los datos hasta la fecha conocidos del origen de nuestras cofradías, marcamos nuestro punto de partida en el siglo XVI, por lo que hemos de aproximarnos brevemente al contexto histórico particular de Fuentes en esta determinada centuria. Si en 1534 la villa de Fuentes tenía 127 vecinos –entre 500 y 600 habitantes–, a finales del siglo que nos ocupa se contabilizaban 477 casas, 490 vecinos y 2.534 personas habitaban en el lugar, contabilizándose 481 vecinos pecheros –los ciudadanos que tenían obligaciones tributarias–[1].
Fuentes era un núcleo de señorío, de carácter agrario y ganadero, en el que la mayor parte de las tierras productivas del término se destinaban a la sembradura de trigo, cebada y avena, así como a la producción de aceite procedente de los cultivos de olivar. Un término propio del que, tras siglos de disputas, Fuentes gozaba desde 1558, cuando la Corona vendió a don Álvaro de Fuentes y Guzmán media legua alrededor de la villa de Fuentes, del término de Carmona, para que en adelante fuera término del lugar de Fuentes, y concediendo a los señores jurisdicción civil y criminal sobre el lugar y sus moradores. Un señorío que se vería engrandecido el 14 de enero de 1603, cuando Felipe II concede a Gómez de Fuentes Guzmán y de los Ríos, señor de la villa y caballero de Santiago, hijo del IXº señor de Fuentes, el marquesado de Fuentes, que lo recibe para sí y sus herederos en vida de su madre, ya viuda, doña Aldonza de los Ríos Acevedo [2].
En cuanto a la fisonomía arquitectónica del lugar, difería bastante de la villa barroca que se configuró a lo largo de los siglos XVII y XVIII, que viene a coincidir con el casco histórico actual, predominando por aquel entonces el lugar el Castillo del Hierro –palacio de los señores– y una naciente iglesia parroquial Santa María la Blanca que había sufrido importantes obras en el último cuarto del siglo XVI, primera de las grandes actuaciones patrocinadas por la casa de los Fuentes.
Ya en 1532 Santa María la Blanca contaba con actividad propia, puesto que desde esa fecha se conservan en el Archivo Parroquial los primeros registros de bautismo, y con anterioridad a 1561 se fundaría el Hospital de la Caridad[3], anexo al cual, pero sin fecha conocida, se levantaría la Iglesia de San Sebastián, patrón de la villa elegido a cabildo abierto el 25 de marzo de 1599.
En las dos primeras décadas del siguiente siglo –1608 y 1620– se fundarían los conventos mercedarios descalzos de San José y la Encarnación respectivamente, y a mediados de la centuria se construiría la primitiva Ermita del Señor San Francisco –en el arrabal de «El Postigo del Carbón»– obteniendo licencia para ser bendecida en septiembre de 1656.
Por último, entre 1755 y 1766 se levantaría en la céntrica calle Carrera la Ermita de Nuestra Señora de la Aurora y, en el siglo XIX, la del Señor del Calvario, extramuros de la población.
Esta nómina de edificios religiosos son los que han acogido durante los últimos cinco siglos el origen, en algunos casos, y la vida, desarrollo, auge o decadencia –hasta llegar al punto de su desaparición–  en otros, de las hermandades y cofradías fontaniegas que en adelante citaremos brevemente, constando en su enumeración el título primitivo de la misma.

Cofradía del Santísimo Sacramento 
Destinada al culto y adoración al Santísimo, posiblemente se trate de la primera cofradía fundada en Fuentes, en este caso, en el siglo XVI. Se posee constancia de su existencia en la Iglesia Parroquial ya en 1577, fecha en la que contaban con custodia y andas propias para la procesión del Corpus.

Cofradía de la Vera Cruz
Por la documentación conocida, se trata de la hermandad actual con mayor antigüedad.  Fundada hipotéticamente a mediados del siglo XVI, el primer dato escrito que se posee data del 1577, citándose expresamente en el primer inventario parroquial existente: “Un crucifijo de la Vera Cruz que está en su altar y es de la cofradía de la Vera Cruz”.
En 1697 ya se conoce que radicaba en la Iglesia de San Sebastián del hospital y en 1858 cambia de nuevo su residencia canónica, pasando al Monasterio de la Encarnación.
No se conoce la fecha de la incorporación al culto de la Virgen del Mayor Dolor.
Sus Reglas vigentes fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica el 8 de mayo de 2013.

Cofradía del Santísimo Dulce Nombre de Jesús
La información documental de esta corporación es muy deficiente. Radicaba en la Iglesia Parroquial y se tiene constancia de su existencia, en diversas citas explícitas, en documentación fechada desde 1615 a 1748.

Hermandad de los Nazarenos
La prueba documental más remota conocida sobre la presencia de esta cofradía se remonta al 18 de junio de 1618, cuando el papa Pablo V refrenda en Roma la Bula Pontificia que concedió a “una piadosa y devota hermandad de fieles de ambos sexos denominada de los Nazarenos”, radicada en el naciente convento mercedario descalzo de San José que había sido fundado en Fuentes en 1608.
El mercedario fray Pedro de San Cecilio, que llegó a ser comendador del convento de Fuentes de 1624 a 1626, dejó escrito de los Annales del Orden de Descalzos de N. S. de la Merced…[4], publicados en 1669 –un año después de su muerte– cómo la cofradía radicada en la iglesia de los frailes con altar propio tenía su procesión la mañana del Viernes Santo.  
La titular mariana se incorporaría definitivamente a partir de 1774, como queda patente en adelante al tratar la cofradía de la Soledad.
Sus vigentes reglas fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica competente el 26 de julio de 2005.

Hermandad de Nuestra Madre y Señora de Consolación 
En 1622, el historiador utrerano Rodrigo Caro sacó a la luz su libro Santuario de Ntra. Sra. de Consolación…[5] en el que cita, por orden de antigüedad, más de una treintena de hermandades filiales que cada año peregrinaban a las plantas de la milagrosa imagen de la Virgen de Consolación de Utrera, ocupando el decimosexto lugar la filial de Fuentes.
Las primeras Reglas conocidas datan del 14 de junio del año 1658, fecha en la que el provisor y vicario general del Arzobispado de Sevilla, Diego de Castrillo, aprobó la primera Regla de esta cofradía establecida a la fecha en la Ermita de San Francisco, edificio que había obtenido licencia para su bendición tan sólo dos años antes. De ello se desprenden las incógnitas de que la Cofradía fuera fundada en otro templo de la localidad y posteriormente pasara al Postigo, o de que a pesar de que se obtuviera permiso de bendición en 1656, ya existía con anterioridad a esta fecha el templo de San Francisco.
El carácter penitencial de la cofradía lo adquirió con posterioridad. El dato más remoto que se posee en este aspecto data del 6 de abril de 1732, en cuya primera acta de cabildo que se conserva consta el acuerdo para que «salga la Cofradía el Miércoles Santo como se tiene costumbre» con el Señor de la Humildad.
La Virgen de los Dolores no se incorporó como titular mariana dolorosa hasta 1797, en marzo de cuyo año fue recibida.
Las vigentes reglas en vigor datan del 14 de septiembre de 2011.

Cofradía de Nuestra Señora del Rosario 
En 1573 el señor de Fuentes, don Álvaro de Guzmán, funda la capilla del Rosario en Santa María la Blanca, colateral a la mayor y con tribuna abierta a esta, aunque como cofradía constituida, el dato más remoto corresponde a 1629, alcanzando su época de mayor esplendor en el siglo XVIII.
Se mantiene activa, según los libros de la hermandad, hasta 1926. En la actualidad pervive como Grupo Parrroquial de Fieles reorganizado en 2009.

Cofradía de San Sebastián 
Radicada en la iglesia del mismo título del Hospital de la Caridad, y aunque se poseen datos del patronazgo del santo sobre la villa desde 1599 como se citaba anteriormente, solo se han hallado escuetas citas de su existencia como cofradía, correspondiendo la más antigua a 1629.
Desde la década de 1990 se mantiene activa como Grupo Parroquial de Fieles.

Cofradía de las Ánimas Benditas del Purgatorio 
Asociada como era usual a la del Santísimo Sacramento desde el siglo XVII, poseía retablo propio en Santa María la Blanca y rendía culto a la imagen del Santísimo Cristo de la Expiración, crucificado que a la fecha se venera a los pies de la primera nave de la epístola.
La primera cita localizada de su existencia corresponde a 1629. De 1906 se posee el último dato de su actividad, en el que celebraron –como era costumbre– su novena en el mes de noviembre.

Cofradía de San Pedro 
En el Archivo Parroquial se conservan las primeras Reglas conocidas de esta corporación, que fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica en 1640, además de varios libros de la administración de la misma.
La cofradía, que aglutinaba al clero de la villa, rendía culto a la imagen sedente del apóstol que en la actualidad se sitúa en la calle central del retablo mayor, y que adquirieron en 1711.
Desaparece como tal a finales del siglo XIX.

Confraternidad de Nuestra Señora del Carmen 
El dato más pretérito conocido constata su existencia en 1672, rindiendo culto a su imagen en la capilla del Sagrario de la Iglesia Parroquial, de cuyo templo se marchó en 1710, estimándose que se trasladará a San Francisco, donde llegó a desaparecer en torno a 1715.
En 1890 fue refundada en la Ermita de San Francisco por el entonces párroco D. Juan Bautista Jiménez Barros, y cuatro años después fue aprobada su erección canónica por el vicario general de la Orden Carmelita. Desde 1899 venía organizando una velada en los aledaños del templo del Postigo, y que siguió celebrándose hasta finales del siglo XX que desapareció, promovida ya por el consistorio.
La cofradía quedó desaorganizada en la década de 1960.

Cofradía de la Santa Caridad de Cristo
Aunque posiblemente ya existiera como cofradía hospitalaria en el siglo XVI, fue erigida como tal en el año 1675 en la Iglesia de San Sebastián del hospital de la Caridad. Como en la mayoría de los casos, el conocimiento de datos de la misma es escasísimo.

Cofradía del Santo Rosario de la Aurora
Fundada en 1700 bajo el título de Congregación del Santo Rosario «de la Aurora María Santísima» en el Convento del Señor San José de la comunidad mercedaria descalza con licencia del provisor del Arzobispado de Sevilla, tras diversos pleitos con el comendador mercedario, en 1721 se traslada a la cercana Iglesia de San Sebastián.
Entre 1755 y 1766 la cofradía levantó en la céntrica calle Carrera una capilla propia independiente, a la que se trasladaron.
La hermandad desapareció como tal en la primera mitad del siglo XX, aunque el culto y la devoción se mantuvo patente entre los fontaniegos quedando la custodia y el mantenimiento de la capilla e imágenes a cargos de las «vecinas de la Virgen».
En 2003 se recuperó el culto público y en la actualidad trabajan como Grupo Parroquial de Fieles.
Cofradía Hermandad del Orden Tercero de Nuestro Padre San Francisco
Fundada en la Santa María la Blanca, el único dato que se posee es que ya existía en 1705 y que contaba con reglas aprobadas por la autoridad eclesiástica.

Cofradía de Nuestra Señora de la Merced 
Corporación establecida en la Iglesia de los Padres Mercedarios, solo ha sido localizada una cita alusiva a la misma fechada a mediados del siglo XVIII.
Congregación de Siervos de María Santísima de los Dolores (vulgo “los Servitas”)
Constituida en 1806 en la Iglesia Parroquial, levantaron retablo propio y adquirieron la imagen titular, realizada por encargo por el escultor gaditano José Fernández Guerrero, y cuyo coste ascendió a 1.000 reales , celebrando cada año un septenario que culminaba el Viernes de Dolores, en la fiesta de la Virgen.
Se mantuvo activa corporativamente hasta finales del siglo XIX, aunque el culto a la titular se ha conservado hasta mediados de la segunda mitad del XX.

Hermandad del Santo Entierro de Cristo y Soledad de María 
La cofradía actual, bajo el título citado, tiene su inicio en 1895, cuando el 15 de abril en sesión conjunta de los cofrades del Santo Entierro de Cristo y los de Nuestra Madre y Señora de la Soledad acuerdan la fusión de ambas, ya que las mismas venían realizando sus estaciones de penitencia en la noche del Viernes Santo y así había sido recomendado por la autoridad eclesiástica.
De la veneración al Cristo yacente se conoce que venía protagonizando en la Parroquia desde siglos atrás la ceremonia del descendimiento, dentro de la liturgia del Viernes Santo, datando la mención documental más remota como cofradía constituida de 1821.
En cuanto a la Virgen de la Soledad, ya existía en el siglo XVIII una imagen bajo esta advocación, que aunque sin ser titular, venía siendo llevada en procesión por la cofradía de Jesús Nazareno en su estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo y otras cofradías. En 1774 el vecino Tomás Conde de la Peñuela obtuvo la posesión de la capilla de la Soledad en el Convento de San José con objeto de ser lugar de su enterramiento y familia y decidió costear una nueva imagen de la Virgen para evitar que esta saliera de la capilla, dejando la antigua en beneficio del convento y de las propias cofradías.
Los deseos de Tomás Conde –que feneció en 1780– no se cumplieron y en las décadas posteriores se fundaría la cofradía de la Soledad.
Sus reglas vigentes fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica el 4 de marzo de 2008.

Hermandad de Nuestro Padre y Señor de la Salud 
Fundada en el Convento de San José en 1879, en 1891 la autoridad eclesiástica le aprueba un nuevo reglamento con rango de Reglas incorporando al título y culto a la Virgen de la Merced.
La devoción al Cristo de la Salud se asienta en Fuentes fuertemente arraigada desde el siglo XVII. El Señor solo salía en procesión en caso de calamidad, acción de gracias o petición de clemencia. Aunque sí ha mantenido procesión continuada en diversos periodos, como de 1879 a 1890, que salía al finalizar su anual quinario, cada 15 de agosto, en los años 1915 y 1916, o durante las décadas de 1960 y 1970, presidiendo un Vía Crucis por las calles en las madrugadas o tardes de los Viernes Santo. Inactiva desde mediados de la década de 1980, el Cristo preside anualmente un Vía Crucis cada mañana de Viernes Santo en la Iglesia Parroquial, donde está expuesto al culto.

Hermandad del Santísimo Cristo de la Piedad y Misericordia (vulgo de «El Calvario») 
La alusión más remota a esta popular devoción fontaniega se debe a un azulejo del siglo XIX que originariamente poseía la Ermita del Señor que decía: «El día treinta de marzo de mil ochocientos setenta se renovó este Calvario por la piedad y por cuenta del piadoso vecindario».
Fue el 8 de junio de 1901 cuando un grupo de devotos del Señor, determinaron «dejar instituida la Hermandad, nombrando una junta directiva o de gobierno y acordando las bases o artículos para su mejor régimen», elevando petición de aprobación al Arzobispado de Sevilla, que finalmente, el 20 de mayo de 1904, aprobaría las Reglas de la nueva Hermandad.
El Señor, que como se cita originariamente atendía al título de Santísimo Cristo de la Piedad y Misericordia, recibiendo culto en la Capilla del Calvario, a lo largo del siglo XX tomó su advocación actual del lugar donde recibía culto, a causa de la tradición oral del pueblo. Un emplazamiento que ya en documentación expresa del siglo XVIII es nominado como Palmar del Calvario.
En el año 2000 se reactiva el culto público a la venerada imagen, recuperándose la Ermita tres años más tarde.
Desde 2007, un Grupo Parroquial de Fieles se encarga de promover sus cultos y mantener la ermita y su recinto.

Hermandad de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder y Nuestra Señora de los Dolores (Vulgo de “los mochos”) 
La actividad de esta hermandad, sin aprobación eclesiástica, se enmarca en unos escasos años entre 1977 y 1984, coincidiendo con el periodo que el sacerdote D. Ramón Díez de la Cortina ejerció como párroco de Fuentes de Andalucía. Procesionaron los lunes santos con las imágenes del Nazareno del Gran Poder y la Virgen de los Dolores de los Servitas, ambas del templo parroquial, con enseres cedidos por otras cofradías.

Hermandad de María Auxiliadora 
La devoción a la Virgen Auxiliadora llega a Fuentes con los padres salesianos en 1929, que permanecieron con casa y colegio en el pueblo hasta 1948. Pero a pesar de la marcha, los antiguos alumnos mantuvieron el culto a la Virgen de don Bosco y en 1978 la advocación fue elegida para presidir la primera Romería dentro del calendario festivo local.
El 10 de marzo de 1981, previa convocatoria pública, un nutrido grupo de antiguos alumnos y organizadores de la romería se reunieron con objeto de constituir la Hermandad de María Auxiliadora y elevar solicitud a la vcaría general del Arzobispado de Sevilla para su ratificación. Se iniciaba así una larga trayectoria que culminaría con la aprobación definitiva de sus Reglas el 25 de Mayo de 2004.

Asociación Parroquial del Santísimo Cristo de Paz en su Gloriosa y Triunfal Entrada en Jerusalén y Nuestra Señora de la Esperanza (Vulgo de “La Borriquita)
Se trata de la más reciente de las corporaciones fontaniegas. Fundada en la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca el 7 de mayo de 1999, el 2 de enero del año siguiente se produjo el recibimiento y bendición de la imagen del Señor. La imagen la Virgen de la Esperanza se incorporó como titular en 2004, siendo bendecida el 16 de octubre de ese año.
En la actualidad tiene incoado expediente en el Arzobispado de Sevilla para poder ser aprobada como Agrupación Parroquial una vez que reúna todos los requisitos exigidos por la autoridad eclesiástica, paso previo indispensable antes de su erección canónica como Hermandad.

NOTAS:
1] Dato tomado entre 1591 y 1594. GONZÁLEZ, Tomás: Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI. Madrid: Imprenta Real, 1829, p. 334.
2] Para conocer más del señorío de Fuentes, véase: GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Francis J. El señorío de Fuentes: una aproximación a su historia. En FÍLTER RODRÍGUEZ, José Antonio. Actas XI Jornadas de Historia y Patrimonio sobre la Provincia de Sevilla: La nobleza en el Reino de Sevilla durante el Antiguo Régimen. Siglos XIII-XVIII. Sevilla: Asociación Provincial Sevillana de Cronistas e Investigadores Locales, 2015, p. 209-223.
3] A.G.A.S. Sección Justicia. Serie Hermandades. Legajo 144.
4] Annales del Orden de Descalzos de N. S. de la Merced Redempción de Cautivos Christianos. Barcelona, 1669. Tomo I, p. 645-676.
5] CARO, Rodrigo: Santuario de Ntra. Sra. de Consolación y antigüedad de la villa de Utrera. Osuna, 1622. Reedición Excmo. Ayuntamiento de Utrera, 2005.

NUEVA PUBLICACIÓN: La beata Juana de Cristo (1586-1616) y el establecimiento de la Orden de la Merced Descalza en Fuentes de Andalucía


Para los que nos apasiona la historia local, es siempre un motivo de gran satisfacción ver publicado un trabajo propio de investigación.
De este modo, me siento sumamente feliz por la aparición de mi último libro, que bajo el título «La beata Juana de Cristo (1586-1616) y el establecimiento de la Orden de la Merced Descalza en Fuentes de Andalucía» es ya una realidad.
Esta pequeña obra ahonda en el perfil histórico y místico de una mujer de Dios que, sin lugar a dudas, no pasó desapercibida en la época que le tocó vivir; ni ante los ojos de sus vecinos, y ni mucho menos, ante los de su familia, que no veían en Juana de Vega y Alcalá a la beata Juana de Cristo.
Una figura notable, nacida en la vecina localidad de Marchena, que vivió la mayor parte de su vida en el Fuentes de finales del XVI y principios del XVII, y cuyo primordial propósito fue la búsqueda de la felicidad entregando su vida a Dios y viviendo su profunda fe desde la radicalidad evangélica.
Pero la vida de la Juana de Cristo no puede entenderse sin los mercedarios descalzos, que tanto bien hicieron por ella y su vocación, encauzando su vida religiosa y dirigiéndola espiritualmente. Por ello, el presente trabajo aborda, más allá de los aspectos biográficos de sor Juana, una breve aproximación contextual al Fuentes de la época y los hechos acaecidos para el establecimiento en la villa de la Orden de Descalzos de la Merced.
Mi gratitud pública a cuantos han contribuido para el feliz desenlace de este trabajo; especialmente a María Teresa Ruiz Barrera, doctora en Historia del Arte, especializada en estudios relacionados con la Orden de la Merced y compañera en la Asociación Sevillana de Cronistas e Investigadores Locales (ASCIL); a José María Carmona Domínguez, director del Archivo Municipal de Carmona y a MArina MArtín Ojeda, archivera municipal de Écija bajo cuya tutela se encuentra el fondo histórico del Archivo de Protocolos Notariales de Fuentes de Andalucía.
Gracias al padre D. Francisco Cano Manrique, historiador de la Orden de la Merced Descalza; a madre Isabel y la comunidad mercedaria del monasterio fontaniego de la Encarnación; a Samuel García Vega y su familia y a José Gómez Gómez.
Y como no podía ser de otra forma, mi reconocimiento para el Excmo. Ayuntamiento de Fuentes de Andalucía, por su aportación para la publicación de este libro, en una apuesta firme y declarada por la cultura y el patrimonio, para que la historia de Fuentes de Andalucía llegue a las manos y el conocimiento de todos los fontaniegos y personas atraídas por nuestro pasado.
Un libro que permitirá rescatar el relato de la vida de Juana de Vega y Alcalá, una mujer de fe con historia que hizo historia en Fuentes de Andalucía.
Todas aquellas personas que deseen contar con un ejemplar, pueden contactar conmigo por privado.
También estará disponible en la Biblioteca Pública Municipal y en las de los distintos centros educativos.


martes, 21 de marzo de 2017

CARTEL ANUNCIADOR DE LA SEMANA SANTA DE FUENTES DE ANDALUCÍA 2017



¿No es luz la Semana Santa? 
La luz de la Pascua del que es luz del mundo, la del cirial de Martes Santo que esquiva la luz de la lámpara del «Vecino» o la luz que provoca la sombra del Nazareno del Convento en la plenitud de una tarde de azahares. La luz de una candelería bajo palio de crestería con sabor decimonónico o la del guardabrisa que intenta dar más luz aún a un manto centenario.
Es la luz en la llama de la cera del camino del Calvario, es la de la Salud que entra por las ventanas en mañana de Viernes Santo y la luz del Sagrario que reserva el cuerpo de Dios consagrado en Monumento de Jueves Santo.
La Semana Santa es… la luz ausente bajo unas trabajaderas y la que entra por el antifaz del nazareno, la luz que brilla en los ojos que se emocionan y la luz que falta en la mirada del necesitado. 
Es la de la linternita que alumbra la partitura de un músico, es la luz en tiniebla en la que se refleja el humerío’ que va formando el turiferario y, es también, por qué no, la que irradia de esa cara que pilla con hambre una torrija recién hecha.   
La Semana Santa es la fe, la imagen, el detalle, el color… y es la luz, la luz del Domingo de Ramos. 
Al igual que Cristo es el centro de nuestra Semana Mayor, en este cartel es Cristo el principal protagonista. El Señor de la Paz en su Entrada en Jerusalén, y aún cuando la vista no lo aprecie, se denota que lo hace sobre su paso de misterio, ya arriado, enfrontilado ante el dintel de Santa María la Blanca para iniciar su estación de penitencia dando comienzo a la Semana Santa fontaniega. 
Cristo en su paso, y al fondo, el singular barroco de Fuentes de Andalucía en las yeserías del altar de Ánimas atribuidas a Alonso Ruiz Florindo y parte de la balconada del órgano de la «catedral blanca de la campiña». Y arriba, en la parte superior izquierda, una leve hoja de palmera asoma su extremo.  
Cristo en el centro, su diestra bendiciendo al pueblo de Fuentes que es Jerusalén, y la luz lo llena todo, iluminando el perfil del rostro del hijo de Dios. 
La instantánea es adsorbida por el poder expresivo de la imagen, que busca en el que lo visualiza la emotividad que recoge la esencia y el sabor de estos días condensando todo el sentido y la sensibilidad que desprende cada momento de la Semana Grande de Fuentes de Andalucía.
En este cartel, la tarde le ha soltado el dobladillo a la luz que ya tantea al misterio. El Señor sale a las calles, Él que es el Buen Pastor que busca, no a las ovejas que están en el redil, sino a las descarriladas. Y es que el Señor llama, a todos sin excepción, y muchas veces no queremos ni escuchar ni acudir a su llamada. 
Es mi deseo que este cartel cumpla su objetivo: el de anunciar la llegada de lo que se aproxima y tanto ansiamos los cofrades. Y en su contemplación, vayamos más allá, y orando al Señor de la Borriquita veamos la dulce mirada del Señor del Postigo, la mano que bendice y abraza la cruz como la del Nazareno del Convento, la Paz que transmite el cuerpo exánime clavado en el madero de Jesús de la Vera Cruz, la devoción del pueblo en las súplicas a los crucificados del Calvario o la Salud y el suave sueño del Cristo yacente, preludio de la noche grande de la cristiandad. Y es que, la luz de este cartel, es la luz de nuestra Semana Santa, y las vísperas de la Resurrección. 
En las manos del Señor está todo lo que somos. En las manos del Señor está uno, y los de uno. Pero también están todos los otros. En las manos del Señor. Esa diestra que en el cartel bendice y la zurda que lleva las riendas, las riendas de nuestra vida. Y con Él, está Ella, la más eficaz Mediadora, a la que elevamos nuestra plegaria para que vuelva a nosotros sus ojos misericordiosos.  
Hermanos, la Semana Santa nos espera a la vuelta de la esquina. La de Fuentes de Andalucía ya tiene cartel; este es su cartel, mi foto, el Señor para mirarlo e imitarlo, el Señor para amarlo.  
Dicen que la mirada es la forma más pura de vivir. No hacen falta las palabras ni los sintagmas, los verbos ni las corcheas. Mirar es escuchar el acorde del silencio. Todo es forma, color y luz. Todo es la transparencia del aire que se cuela por los ojos. Una y otra vez. Como si no pasara el tiempo. Como si fuera posible conservar en el cofre de la ilusión la mirada del asombro, la mirada del niño. Y quien crea que todo esto puede ser una repetición que lleva al hastío, que se dé media vuelta. 
Y es que nuestra Semana Santa es como un paisaje hermoso. O como el rostro de un hijo. Porque uno no se cansa nunca de mirarla.

lunes, 13 de febrero de 2017

EL ENTORNAO DE FUENTES DE ANDALUCÍA

Suena a bombo y caja, a falsete tras un trapo que esconde un rostro con ganas de guasa, a bullicio en la Carrera y al “tururururu tururu” de un pito de caña. Suena a eso, y a mucho más. Y sabe, sí, sabe. Sabe a pan de rosca y palmito, pero sobre todo, sabe y huele a entornao. Es el singular Carnaval de Fuentes de Andalucía.
Y en estas vísperas se perfuman obradores y cocinas para endulzar el paladar de propios y foráneos listos para gozar de esta fiesta de abolengo que se apodera de febrero.
Harina de trigo, azúcar, aceite de oliva, pimentón dulce molido del bueno, clavo, matalauva, sal, cáscara de naranja, agua templada, levadura de pan y a amasar. Todo en sus justas medidas. Y para rellenar: azúcar, ajonjolí y canela. Y al horno.  

Así se hace el ENTORNAO de FUENTES DE ANDALUCÍA.















viernes, 2 de septiembre de 2016

CUANDO MIGUEL PARÓ EN FUENTES A COMER

En el IV Centenario del fallecimiento del “Príncipe de los Ingenios”: don Miguel de Cervantes Saavedra.


El calendario cultural nacional de 2016 está siendo protagonizado por la celebración de los 400 años de la Muerte de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), máxima figura literaria española y padre de la novela contemporánea, y a cuya figura y obra fue dedicada la XXIº Feria del Libro de Fuentes de Andalucía, acontecida el pasado mes de abril, entre otras iniciativas conmemorativas auspiciadas por el ente municipal y los centros educativos.
La azarosa vida de Miguel de Cervantes, enhebrada en cada uno de los dispares escenarios geográficos en los que se desarrolló -de Alcalá de Henares a Sevilla, de Madrid a Roma, de Nápoles a Argel…- hace que Cervantes sea un bien cultural reivindicado desde cada uno de los puntos cardinales, no solo de su biografía, sino de los que aparecen en sus inmortales escritos, desde las Novelas Ejemplares al coloso de El Quijote, donde quiso dejar constancia de su profundo conocimiento de la geografía ibérica.
Lo cierto es que Cervantes vivió, vagó y penó durante quince años en la Andalucía de finales del siglo XVI. Desde 1587, Cervantes recorre Andalucía sin rumbo fijo, dedicado a otros menesteres bien distintos a la literatura: los propios de un comisario de la Corona, primero para el acopio de trigo, luego de aceite para el abastecimiento de la Armada de Felipe II, y finalmente como recaudador de dineros impagados [1].
Viajando de pueblo en pueblo por Andalucía, conoció de primera mano a pícaros, delincuentes, mercaderes, ricachones, moriscos y gitanos que aparecerán después poblando sus obras, y aún sin documentar, excepto en una ocasión, es hipotéticamente muy probable el paso continuado de Cervantes por Fuentes al situarse geográficamente la villa en el discurrir del Carril de la Lana, principal vía de comunicación de la época que unía el centro con el sur peninsular, y a su vez, importantes ciudades y poblaciones de la época como Córdoba, Écija, Carmona y Sevilla, en las que se desarrollaron muchos de los días de la vida de Cervantes en Andalucía.  

El Carril de la Lana
Si desde la dominación romana la Vía Augusta había constituido la principal y más importante vía de comunicación que discurría por las cercanías del lugar de Fuentes, conocida como Al-rasif o Arrecife en la época musulmana, es en la primera mitad del siglo XVI cuando, por primera vez, aparece documentalmente un nuevo trazado que influiría de forma considerable en el desarrollo y auge de la naciente villa de Fuentes y que sería conocido como Carril o Ruta de la Lana. La significativa localización geográfica como punto de paso en una importante vía de comunicación, provocó que Fuentes recibiera importantes personalidades históricas de la época, que ya he recogido en otros trabajos de investigación publicados; casos como los del rey Fernando el Católico en 1508, el emperador Carlos I en 1526, el príncipe Cosme III de Médici en 1669, los hijos del rey Felipe V en 1729, el infante Carlos de Borbón –futuro Carlos III– en 1731, el rey Felipe V y la familia real en 1733, Fernando VII en 1823 o el general Espartero –regente del reino– con sus tropas en 1843, llegando en mucho de los casos a pernoctar en la villa [2]. 
Fernando Colón, hijo del descubridor, realizó en torno a 1517 un conjunto de noticias geográficas que darían lugar a su obra Descripción y Cosmografía de España. En ella aparecían dos caminos para unir Sevilla y Córdoba con Toledo, Madrid y Alcalá de Henares, en el centro de la Península, recogiendo dos trazados para desplazarse entre Córdoba y Sevillla: uno por la margen derecha del Guadalquivir, y otro por Guadalcázar, Écija, Fuentes, Carmona y Sevilla, atravesando la villa fontaniega a través de la entonces calle Mayor. 
Así lo cita expresamente Colón: «Sevilla es ciudad de treinta mil vecynos e fasta alcala de henares ay ochenta e tres leguas e van por carmona seys leguas e por huentes quatro leguas e por ecija cinco leguas e por cordoba e por ademuz e por almodovar del rio e por caracuel e por cibdad real e por malagon e por mançaneque e por mora e por guerta e por Ocaña e por chinchon e por arganda».
Es también en la centuria del XVI cuando aparecen los primeros repertorios de caminos, posiblemente las primeras publicaciones europeas con carácter utilitario, a modo de guías de viaje, que aportaban valiosa información sobre los caminos existentes y su estado de conservación.
De este modo surgen los trabajos de Pedro Juan Villuga en 1546 y Alonso Meneses en 1576. Ambos recogen el camino para ir de Sevilla a Córdoba que pasaba por Fuentes y que ya citara Colón, añadiendo los lugares geográficos de la Venta del Alvar, entre Carmona y Fuentes, y la Venta del Palmar, entre Fuentes y Écija.  
Estos itinerarios se consideraban los más rápidos para los desplazamientos y eran los que probablemente se encontraban en mejores condiciones.
En 1727, Pedro Pontón sigue localizando a Fuentes como lugar de paso obligado en el camino de Madrid a Sevilla [3].

Cervantes en Fuentes
A las pruebas documentales ya conocidas y estudiadas, se adhieren recientes hallazgos de investigadores que en suma constatan la presencia de Cervantes en el desarrollo de su oficio en pueblos y ciudades de la campiña sevillana, a saber: Écija (1587-1589), Paradas (1588), Carmona (1588 y 1590), Utrera (1592), Arahal (1592), La Puebla de Cazalla (1593), Marchena (1588, 1590 y 1592), además de Osuna, Morón o Estepa entre otros.
De su azarosa vida por estos lares, en la que tendría que recorrer una y otra vez el ya citado Carril de la Lana, pasando por la villa señorial de Fuentes, solo hay constancia de su paso por ella en su venida a Sevilla como comisario, en 1587.
Según narra el catedrático Miguel Herrero García en su obra Vida de Cervantes [4]: «La penúltima jornada terminaba en Carmona. Por la mañana recorrió las dos leguas y media entre Écija y la Venta del Palmar, y la legua y media que desde esa última había al pueblo de Fuentes. Comido que comió, prosiguió hacia la Venta del Albar, y al caer la noche estaba en Carmona».
Como se expone antes, lógicamente no sería la única vez que Cervantes estuvo en Fuentes en los años que anduvo de un lugar a otro de Andalucía desempeñando su empleo –pasando desapercibido–, y tal como bien cita nuestro compañero Juan Diego Mata Marchena en la obra Trigo y Aceite para la Armada. El Comisario Miguel de Cervantes en el Reino de Sevilla. 1587-1593 [5], nos situamos en una etapa de la vida de Cervantes en la que todavía “no era Cervantes, cuando apenas era conocido como escritor”, siendo un mero comisario de la Corona.
 
El Fuentes de la época
¿Cómo era el Fuentes que conociera Miguel de Cervantes? A finales de la centuria de XVI la villa contaba con 477 casas, 490 vecinos y 2.534 personas la habitaban, contabilizándose 481 vecinos pecheros -los ciudadanos que tenían obligaciones tributarias- [6].
En 1587, la titularidad del Señorío correspondía a la viuda de D. Álvaro de Fuentes y Guzmán, IXº Señor, Dña. Aldonza de los Ríos Acevedo, «señora y gobernadora de esta villa de Fuentes por D. Gomez de Fuentes y Guzmán, mi hijo, señor de ella», que para el citado año, había nombrado Gobernador y Justicia Mayor a Bartolomé Rodríguez, y como Alcaldes Ordinarios a Cristóbal Gómez Tortolero y Andrés de Morales [7].
La fisonomía arquitectónica del lugar difería bastante a la villa barroca que se configuró en los siglos XVII y XVIII, predominando el lugar el Castillo del Hierro -Palacio de los Señores- y una naciente Iglesia Parroquial Santa María la Blanca en construcción,  primera de las grandes actuaciones patrocinadas por la Casa de los Fuentes, que en las primeras décadas del siguiente siglo iniciarían las fundaciones de los Conventos Mercedarios, tanto en la rama masculina (1607) como femenina (1620), así como la Ermita de San Francisco en el arrabal del Postigo del Carbón  (1654). 
Era un núcleo de señorío, de carácter agrario y ganadero, en la que la mayor parte de las tierras productivas del término se destinaban a la sembradura de trigo, cebada y avena, así como a la producción de aceite procedente de las tierras de olivar. Un término propio del que, tras siglos de disputas, Fuentes gozaba desde 1558, cuando la Corona vendió a don Álvaro de Fuentes media legua alrededor de la villa de Fuentes del término de Carmona para que en adelante fuera término del lugar de Fuentes, y concediendo a los Señores jurisdicción civil y criminal sobre el lugar y sus moradores. 
La villa se encontraba barreada, es decir, cercada, controlando así los accesos en épocas de epidemias contagiosas, principalmente la peste. Solo se permitía el paso a través de las puertas de Marchena y del Monte, impidiendo el paso libre a través de la de Sevilla, por ser muy peligroso ya que los viajeros de ella y de Carmona podían traer el contagio de la enfermedad, según consta en el acta municipal del 2 de marzo de 1583 [8].
Sea como fuere, cierto es que andar, anduvo por estos lares, y al parecer, comer, comió; y posiblemente bien lo hiciera en más de una ocasión al amparo de los muros del viejo y modesto mesón sito hipotéticamente en la calle Mayor, lugar de paso obligado, y regentado por los fontaniegos Juan Caro, Cristóbal Aguilar o Juan Aguilar [9].  Y con la charla de algún que otro lugareño, el Cervantes que aún no era Cervantes gozaría del buen yantar con pan con queso, conejo, perdices, migas, gazpacho o unas gachas, y seguro, eso sí, regado con una jarra de vino peleón.

NOTAS:
1] CARMONA DOMÍNGUEZ, José María: Un tal Miguel de Cervantes vino a Carmona en febrero de 1590. En AA.VV.: Trigo y Aceite para la Armada. El Comisario Miguel de Cervantes en el Reino de Sevilla. 1587-1593. Sevilla: Diputación de Sevilla, 2015. Pág. 35.
2] Para conocer más, GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Francis J.: Fuentes de Andalucía, una mirada al pasado. Tomo II. Fuentes de Andalucía, 2013. Págs. 30-41.
3] MENÉNDEZ MARTÍNEZ, J.M.; GIL GARCÍA M.M. (Dir.): El Camino de Andalucía. Itinerarios históricos entre la meseta y el valle del Guadalquivir. Madrid: Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medios Ambiente, 1993.
4] HERRERO GARCÍA, Miguel: Vida de Cervantes. Madrid, Imprenta Nacional, 1948. Pág. 462.
5] MATA MARCHENA, Juan Diego: Cervantes no era Cervantes. En AA.VV.: Trigo y Aceite para la Armada. El Comisario Miguel de Cervantes en el Reino de Sevilla. 1587-1593. Sevilla: Diputación de Sevilla, 2015. Pág. 14.
6] GONZÁLEZ, Tomás: Censo de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI. Madrid: Imprenta Real, 1829. Pág. 334.
7] CERRO RAMÍREZ, Jesús: La villa de Fuentes. 1578-1800. Fuentes de Andalucía, 2011.
8] Ibídem. Pág. 60.
9] Ibídem. (Citas explícitas en Actas Capitulares del Archivo Municipal de Fuentes de Andalucía. 20 de Octubre 1589. Cabildo para […] Librar a Cristóbal Aguilar, mesonero, las costas que hizo con unos soldados. 19 de Junio 1595. Cabildo para tratar […] La petición de Juan Aguilar, mesonero. 6 de Junio de 1597 […] Cabildo para acordar pagar la cena que los soldados del capitán Juan Bocanegra hicieron en el mesón de Juan Caro).

martes, 11 de agosto de 2015

TARDES DE TOROS

FESTEJOS TAURINOS EN FUENTES DE ANDALUCÍA DESDE EL SIGLO XVI

Hace ya diecinueve años que en una tarde de Feria sonaron los últimos compases de pasodobles toreros en un coso taurino, que por portátil que fuera, nunca ha dejado de anunciarse como «Plaza de Toros de Fuentes de Andalucía».
Han pasado diecinueve veranos desde entonces. Fue en agosto de 1996, cuyo cartel lo completaron tres festejos taurinos, coincidiendo, como siempre ha sido costumbre en Fuentes, con la Feria.
Y después de casi dos décadas, los toros regresan a Fuentes de Andalucía, no exentos de polémica, como era de esperar. Desde el anuncio del cartel se han sucedido en las redes sociales opiniones encontradas entre detractores y partidarios de esta fiesta, tan arraigada en España e identificada con nuestro país, considerada parte integral de la cultura nacional.
Con esta aportación histórica de la fiesta en nuestro pueblo pretendo hacer una breve exposición de festejos taurinos celebrados en estas tierras, sin el más mínimo ánimo de alentar la polémica patente.


La Real Academia Española define la tauromaquia (del gr. ταῦρος, toro, y μάχεσθαι, luchar), como el «arte de lidiar toros», pero el término en sí vas más allá del propio toreo a pie o a caballo, remontándose sus orígenes a la Edad de Bronce. Su expresión más moderna es la corrida de toros, un espectáculo que como tal nació en España en el siglo XII y que se practica también en Portugal, sur de Francia y en diversos países de Hispanoamérica, como México, Costa Rica, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Panamá y Bolivia, así como también es un espectáculo de exhibición en China, Filipinas y Estados Unidos.
Los primeros datos escritos de la celebración de festejos taurinos en la vieja villa de Fuentes se remontan a finales del siglo XVI, desprendidos del acta del cabildo celebrado el 25 de marzo de 1599, en el que «el Concejo, Justicias y Regimiento de esta villa y el Común de ella se juntaron a Cabildo abierto en la Plaza Pública de ella, habiéndolo ante todas cosas pregonado públicamente ayer y hoy, como se debía hacer este Cabildo, el cual es para tratar y convenir acerca de que un número quieren votar por patrón de esta villa al Glorioso San Sebastián», y el que acuerdan la compra de dos reses para la fiesta del patrón y «una vez lidiados los dos toros se han de matar y el dinero de la carne […] se meta en el arca de tres llaves para que cada año se compren dos toros para la fiesta…».
La fiesta de San Sebastián comenzó a celebrarse a finales del mes de septiembre, es decir, cuando las cosechas estaban recogidas y la gente tenía medios para acudir a ella y, debido al voto perpetuo, el Concejo se comprometía permanentemente a dicha conmemoración.
La organización de festejos taurinos, que tenían lugar en la Barrera de Palacio (plaza de España), se celebraban por lo general coincidiendo con las fiestas del patrón o ante cualquier otra ocasión digna de celebración para la villa, y generalmente eran promovidas por el propio cabildo municipal, como espectáculo de diversión para el pueblo.
La visita del Marqués de Fuentes en 1698 a la villa, obligó al cabildo a gastar cantidades del erario «en fuegos y fiestas de toros y gastos anexos a ella, como de toreadores de a pie y de a cauallo que se trajeron para la celebración…», y del mismo modo, se tiene constancia de dos corridas desarrolladas en 1777 para sufragar los gastos del arreglo del matadero, por lo que se deduce, que para el disfrute de éstas los vecinos tuvieron que pagar una entrada.
Otros datos hallados nos trasladan a los días 9 y 10 de septiembre de 1894, en los que el Ayuntamiento organizó dos corridas de novillos, coincidiendo con las «Fiestas de la Ermita», a beneficio del Hospital de la Caridad de la villa, también llamado de San Sebastián, que en la fecha estaba a cargo de dos hermanas Servitas de los Dolores de Écija.
Es a partir de esta última década del siglo XIX cuando la «Fiesta de la Ermita» -con orígenes en el siglo XVII- es enriquecida desde 1890 con una feria de «compra-venta de ganado y cambio de caballerías» por el ente municipal. A partir de esta fecha, y durante gran parte del siglo XX, coincidiendo con la expansión y popularización del toreo moderno en España, los festejos taurinos han sido habituales en Fuentes de Andalucía coincidiendo con la «Fiesta de la Ermita», que con los años derivó en la actual Feria de la localidad.
De 1896 data el cartel más antiguo que conocemos, correspondiente a los festejos celebrados los días 13, 14 y 15 de septiembre, a beneficio del Hospital Municipal, con motivo de la ya citada «Fiesta de la Ermita». En él se anuncian tres capeas en la que se torearían reses de la ganadería del fontaniego D. José María de la Escalera Fernández de Peñaranda, para los dos primeros días, y de D. Antonio Dana, de La Campana, para el último día. A esto habría que añadir los dos hermosos novillos-toros de muerte para cada festejo de la afamada ganadería del marchenero D. José Torres Díez de la Cortina, lidiados por el célebre espada Valentín Diego «Dieguito», de Sevilla, con la participación de Antonio Núñez «Pelegrino» como sobresaliente de espada con la obligación de banderillear. El resto de la cuadrilla anunciada era: los sevillanos Pedro Chacón «Canales» y José Castro «Granadino» como picadores; de banderilleros Antonio Núñez «Pelegrino», Bernardo Bergali «Alfalfa», Ramón Curado «Peca» y Francisco Álvarez «Alvarito», todos de Sevilla; y como puntillero Francisco Calderón Álvarez, de Fuentes. La plaza se abriría a las 2 de la tarde y los festejos darían comienzo a las 4, contando con una «magnífica banda de música tocando las piezas más escogidas de las que se compone su selecto y variado repertorio».


Durante la primera mitad del siglo XX, la fiesta se fue popularizando a nivel general, un hecho que también se dio, aunque en menor escala, en Fuentes de Andalucía, llegando a su plenitud en las décadas de 1940 y 1950, donde por lo general cada año había corridas coincidiendo con las «Fiestas de la Ermita», incluso hubo años en los que se daban festejos en los domingos siguientes a la Feria.
El éxodo masivo de la emigración fontaniega en la década de 1960 también se vio reflejado en la fiesta taurina, y según los datos que hemos podido hallar en las ediciones anuales de la tradicional revista de la Feria fontaniega, los festejos dejaron de celebrarse, recuperándose de nuevo de 1972 a 1975. A partir de 1993 hubo de nuevo corridas cada Feria hasta 1996.
También Fuentes ha contado con grandes aficionados a la fiesta que han llegado a vestir traje corto, y algunos incluso de luces, como el caso del novillero Román Martín Caro «Catalino». En distintos carteles taurinos han sido anunciados para pisar el albero de la Plaza de Toros de Fuentes de Andalucía los fontaniegos Francisco Benítez «Kiko», Antonio Lora «Españita», Antonio Muñoz «Malojo», José Beltrán «El Espigo», José Miranda «Mirandita», Luis Jiménez «Carnicerito», Jose Manuel Hidalgo, Cristóbal Navarro «Amarguilla», Juan Ruiz Caraballo, Narciso de la Rosa «Niño de la Alfalfa», José Castillo Jiménez «Niño de Pascualejos» o Sebastián Reyes «Gitanito de Fuentes», a los que hay que sumar espontáneos y valientes que han hecho sus pinitos en diversas sueltas de vaquillas o festejos de aficionados, como los organizados por la Peña Flamenca «El Despertar» en el Polígono «La Orejona» o en el almacén de las bombonas de «La Vapora» en la década de 1990.
La fiesta de los toros regresa a Fuentes de Andalucía, y «con superior permiso de la autoridad, bajo su presidencia, y si el tiempo lo permite» que suene la música en el coso de «El Postigo» y empiece el paseíllo.
¡Que Dios reparta suerte, maestros! y cuidado con los astados, que «hasta el rabo todo es toro», en una corrida que no habrá quinto ni bueno ni malo.
Que preparen el cartel de «no hay billetes», y por PADIS, ojalá se cuelgue y se ponga la plaza «hasta la bandera». No es «entrar al trapo», es para que sean ellos lo que salgan «por la puerta grande» en una tarde de grana y oro, o de gin tonic y oro, a gusto del personal, y aún cuando el viernes a esa hora estemos «para el arrastre» por el «Lorenzo» que aprieta, «cojamos el toro por los cuernos» y a «ver los toros desde la barrera», con empaque, pañuelo en mano, flecos de feria…
¡Música, maestro!

Francis J. González Fernández



jueves, 19 de marzo de 2015

EL SAN JOSÉ DEL ESCULTOR DE DIOS

EN EL 400 ANIVERSARIO DE LA HECHURA DEL SAN JOSÉ CON EL NIÑO
DEL CONVENTO FONTANIEGO DE LOS MERCEDARIOS DESCALZOS


Desde 1598, doña Aldonza de los Ríos, viuda de don Álvaro de Guzmán y Fuentes, IXº Señor de Fuentes, venía promoviendo la fundación de un convento de religiosos descalzos en la villa de Fuentes, tarea que no fue nada fácil, pues a pesar de las oportunidades que se prestaban, las diversas congregaciones a las que se les propuso no consideraron la oferta apropiada. Tras desistir, años más tarde se retomó el proyecto, uniéndose la necesidad de religiosos que tenía Fuentes para prestar confesiones y auxilios espirituales [1].
Por fin, el día antes de la Magdalena del año de 1607 llegaron a Fuentes cuatro religiosos recoletos mercedarios para tratar la posible fundación: fray Luis de Jesús María, que más tarde sería Provincial de la Orden, fray Miguel de las Llagas, fray Alonso de la Concepción y el hermano lego Cosme, llegándose a un acuerdo de establecimiento y haciéndose efectiva la fundación con fecha de 14 de agosto de 1607, quedando concretado el establecimiento, quedó también fijado el lugar destinado para la construcción del convento, que serían unas casas cercanas a la Iglesia Parroquial propiedad del hidalgo don Juan de Alcocer, viudo y padre de la religiosa carmelita María Farfán, recibiendo el cenobio el título de San José, esposo de la Virgen, tras varias opciones.
Los frailes tomaron posesión de la casa con el fin de acoger enfermos y transeúntes, con la condición de no ser convento hasta no contar con las rentas suficientes y la oportuna licencia de la autoridad eclesiástica.
Establecidos en la villa, y no con pocas adversidades, el 10 de julio de 1608 el Santísimo era depositado en el nuevo cenobio, abriéndose solemnemente la casa de los PP. Mercedarios de Fuentes de Andalucía, undécimo convento de la Reforma en España, bajo la dirección de fray Miguel de las Llagas. Ante las reducidas dimensiones de la casa, el sermón tuvo lugar en la Iglesia Mayor a cargo del padre fray Luis de Jesús María, y al término de la Misa, el Santísimo fue traslado en la custodia en procesión desde la Iglesia hasta el naciente cenobio, así como fue llevada a hombros la imagen de Nuestra Señora de la Merced que había permanecido en la Parroquial desde que en 1607 había sido traída del Convento de Sevilla, donde la llamaban “La Hermosa”, donada por el Padre maestro Fray Hernando de Rivera, entonces provincial, muy amigo del Marqués de Fuentes.
En 1610, con fray Alonso de la Concepción como superior de la Comunidad, se inician las obras, comenzándose a levantar el templo actual cuya construcción se alargó en el tiempo, pues en la década de 1660 aún seguían sin capilla mayor. El edificio se remodeló durante el primer tercio del XVIII, culminándose con la ejecución de la torre y de la destacada fachada.
El padre Alonso era natural de Fuente de Cantos, en Extremadura, y había sido elegido comendador del cenobio fontaniego el 8 de mayo de 1610 en el Capítulo Provincial de los Mercedarios Descalzos celebrado en Écija en la fecha expresada. Dejando su apellido de Cárdenas, paso a llamarse fray Alonso de la Concepción, siendo «uno de los primeros que se descalzó al empezar los Recoletos a fundar en la provincia de Andalucía. Fue gran predicador y de espíritu muy fervoroso, y con su sólida doctrina y moción en sus sermones convirtió a muchísimos pecadores. (…) y era vulgarmente conocido por el Padre de los anteojos, porque siempre los llevaba puestos. Escribió la vida de la venerable sor Juana de Cristo, religiosa terciaria mercedaria descalza» [2].
Fray Alonso, como quedará demostrado en adelante, sería una pieza clave para la trama que nos ocupa, y que las circunstancias particulares del hecho y el tiempo lo han convertido en un personaje histórico con un papel propio dentro de la vida y obra del genial Juan de Mesa.    
Y es que con el inicio de las obras de la nueva iglesia en los primeros años del establecimiento de los frailes en Fuentes, el comendador emprendió las tareas para el encargo de una efigie del titular del convento, San José, llevándole la Providencia hasta el desconocido taller del más destacado discípulo del extraordinario escultor Juan Martínez Montañés: Juan de Mesa y Velasco. Un encargo que convertiría al fontaniego grupo escultórico de «San José con el Niño de la mano» en la primera obra documentada de Mesa, y de cuya hechura, en este año 2015, se vienen a cumplir cuatro siglos.     
Juan de Mesa, durante siglos olvidado, se ha convertido en uno de los más importantes escultores de la España del siglo XVII. Varias de sus imágenes más conocidas, aquellas especialmente destacables y muchas veces objeto de la mayor devoción popular, fueron atribuidas a su maestro, el afamado Martínez Montañés. No fue hasta ya avanzado el siglo XX cuando algunos historiadores del arte comenzaron a desvelar los primeros datos sobre sus obras, al localizar algunos documentos firmados por el artista identificando así varias de sus tallas en el fondo de Protocolos Notariales que se conserva actualmente en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla.



Juan de Mesa y Velasco (1583-1627), nació en Córdoba en el seno de una familia de maestros pintores y en junio de 1606, con veintitrés años, logró entrar de aprendiz de escultor imaginero en el taller que tenía Juan Martínez Montañés en la universal y próspera Sevilla del siglo XVII.
En 1613 contrae matrimonio, residiendo en la collación de San Martín, y en torno a 1615 es cuando se estipula que se independiza e instala su propio taller, que mantiene hasta su prematura muerte en 1627, ocurrida posiblemente víctima de la tuberculosis.
Entre su abundante producción, se pueden citar tallas de inmenso valor escultórico y devocional en la ciudad hispalense como el Señor de Sevilla -Nuestro Padre Jesús del Gran Poder-, el crucificado del Amor, el Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de los Estudiantes o el de la Conversión del Buen Ladrón de la cofradía de Montserrat.
Según la documentación, fue el 9 de octubre de 1615, cuando Juan de Mesa se compromete con el padre fray Alonso de la Concepción, comendador del convento mercedario fontaniego, a realizar la hechura de un San José con el Niño Jesús de la mano, cuya carta de pago se firma a 23 de mayo del año siguiente, ascendiendo su coste total a 70 ducados [3].
Sin embargo, se tiene conocimiento de que la talla fue entregada a los mercedarios a finales de noviembre de 1615, como se refiere en el documento contractual, y que, asimismo, Mesa había adquirió el 15 de febrero de 1615 tres trozos de madera de cedro para ensamblarlos e iniciar el trabajo [4]. Es probable que existiera un contrato verbal entre los dos personajes antes de la firma oficial del documento; de ahí la premura en la ejecución de la obra, la cual debía hacer íntegramente de su mano.
«(…) como por la pressente me obrigo de haser un san Josefe con un niño Jesus de la mano de escultura de madera de cedro que a de tener el santo siete quartas y media de alto y el niño Jesus una bara de largo poco mas o menos lo que ubiere menester confforme a la buena correspondencia encima de una peana (…) y el niño ambos encima de una peana con su (…) y asujetado y con sus diademas todo hecho bien hecho y acabado con toda perffecion de buena escultura a bista de officiales que entiendan y al contento e satesffacion del dicho padre comendador y de los religiosos del dicho convento el qual dare acavado de la forma suso dicha para que se puede conformar el ultimo dia del mes de noviembre que biene deste año de seiscientos e quinze y por preçio de la madera e manufatura y las demas cossas que e de poner en lo suso dicho se me an de dar e pagar setenta ducados (…)» [5].
Trasladada hasta Fuentes, la nueva talla pasó a presidir la naciente iglesia de los mercedarios, cuyas obras se prolongaban en el tiempo, extendiéndose hasta bien adentrado el siglo XVIII.
En 1737 las obras de mayor envergadura de la Iglesia de San José ya habían finalizado, y aunque la decoración de las capillas continuó a lo largo de la centuria, en septiembre del citado año se consagró el templo con tres días de funciones, en los que «con la mayor solemnidad y sermones», se ocuparon en la bendición del edificio, la colocación del Santísimo Sacramento y la dedicación del templo. A los actos acudió el Cabildo secular de la villa, que correspondió con la entrega de 500 reales de limosna para correr con los gastos del último día de las celebraciones [6].
Dos décadas más tardes, en 1758, la comunidad mercedaria contrató con el maestro ecijano, afincando en Sevilla, Martín de Toledo el retablo de la capilla mayor de la iglesia, obra que culminó en 1760 [7], pasando las efigies de San José y el Niño a ocupar el ático del retablo. La talla, que fue contratada con Juan de Mesa sin estofar ni encarnar, fue posiblemente policromada en el siglo XVIII antes de su instalación en el nuevo altar, aunque se ha de hacer constar que el conjunto escultórico ha llegado a tener dos policromías distintas.


En este emplazamiento -zona superior del retablo-, se situaron las dos imágenes hasta mediados del siglo XX, desconociéndose los motivos por los que el 21 de junio de 1947 fueron descendidas bajo la dirección del perito aparejador José Esteve Guerrero [8], pasando la imagen sedente de la Virgen de la Merced a ocupar el espacio vacante. Una actuación que vino a coincidir con la presencia en Fuentes de los autores del Catálogo Arqueológico y Artístico de la Provincia de Sevilla que trabajaban en su confección.


Esta acción tendría unos efectos sumamente importantes para las imágenes que nos ocupan medio siglo después. La madrugada del 31 de enero de 1997, parte de la cubierta y bóveda de la capilla mayor de la Iglesia de San José se desprendieron, destrozando toda la parte alta del retablo y dañando gravemente a la imagen de la Virgen de la Merced que ocupaba el ático, salvándose de la desgracia patrimonial las valiosas tallas de San José y el Niño, que ocupaban la hornacina central del retablo.  
En 2001, las tallas fueron sometidas a un estudio radiológico y restauradas por Fátima Bermúdez-Coronel García de Vinuesa, a petición de la Comisión para la Restauración de la Iglesia del Convento de San José, con cargo a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. 
La imagen de San José mide 155 cm, y la del Niño 85 cm, estando descriptas en la ficha técnica del catálogo de Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico como un «conjunto escultórico de gran calidad artística, (…), de cierto clasicismo en las formas, que recuerda al estilo de su maestro Martínez Montañés. La expresividad gestual y corporal intensa, aunque no crispada, parecen anunciar el estilo de algunas piezas magistrales como el Cristo de la Buena Muerte de la Universidad de Sevilla. La policromía del siglo XVIII, altera y rebaja la calidad de la pieza, nuevamente alterada por restauraciones» del siglo XX [9].


San José y el Niño; una obra que durante siglos ha estado postergada con indiferencia de propios y extraños y que forma parte de las mejores páginas de la imaginería en la historia del arte.
Que este cuarto centenario de su hechura nos haga ahondar en su estudio, historia, difusión para un mayor conocimiento por todos y puesta en valor, aún más si cabe.
Una verdadera joya, de la que gozan los fontaniegos, salida de las gubias del mismísimo escultor de Dios.

Francis J. González Fernández

NOTAS:
[1] SAN CECILIO, Pedro de (O. M. D): Annales del Orden de Descalzos de Ntra. Sra. de la Merced Redempción de Cautivos. (Barcelona 1669), Madrid, 1985, T. II. Págs. 645-675.
[2] GARÍ I SIUMELL, José Antonio (O de M): Biblioteca Mercedaria, ó sea Escritores de la celeste, real y militar Órden de la Merced, redención de cautivos, con indicación de sus obras, tanto impresas como manuscritas, su patria, títulos, dignidades, hechos memorables, época y provincia en que florecieron y murieron, y dos copiosos índices, uno de escritores y otro de las obras y escritos. Barcelona, Imprenta de los herederos de la viuda de Pla, 1875. Págs. 79-80.
[3] El documento de encargo de la talla de San José que da testimonio del acuerdo entre ambas partes, y que se compone de 3 folios, se localiza en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Sección Protocolos Notariales, Legajo 346P, folios 45r-46r.
[4] PÉREZ MORALES, José Carlos y DÁVILA-ARMERO DEL ARENAL, Álvaro: "Juan de Mesa, el maestro de las atribuciones" en Pasión por Córdoba Cofrade nº 2 2008 p. 8. https://www.academia.edu/1834946/Juan_de_Mesa_el_maestro_de_las_atribuciones (Consultado el 1 de febrero de 2015).
[5] ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE SEVILLA. Sección Protocolos Notariales, Legajo 346P, folios 45r-46r. Para la transcripción del documento he contado con la valiosísima aportación del profesor José María Navarro Lora.
[6] ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE FUENTES DE ANDALUCÍA. Actas Capitulares. Legajo 7 (1720-1749). Acuerdo de 1737-09-12.
[7] HALCÓN, Fátima; HERRERA, Francisco y RECIO, Álvaro: El Retablo Barroco Sevillano. Universidad de Sevilla y Fundación El Monte, Sevilla, 2000. Pág. 454.
[8] HERNÁNDEZ DÍAZ, José; SANCHO CORBACHO, Antonio; COLLANTES DE TERÁN, Francisco: Catálogo Arqueológico y Artístico de la Provincia de Sevilla. Tomo IV. Sevilla, 1955. 
[9] http://www.iaph.es/patrimonio-mueble-andalucia/resumen.do;jsessionid=CCAB4801F7C7DFAD8E537D8AE9781B48?id=90901&_lang=es
(Consultado el 5 de febrero de 2015).

martes, 28 de octubre de 2014

EL SEÑORÍO DE FUENTES: UNA APROXIMACIÓN A SU HISTORIA



Comunicación presentada por Francis J. González Fernández en las
XI Jornadas de Historia y Patrimonio sobre la provincia de Sevilla
«La nobleza sevillana en el Antiguo Régimen. Siglos XIII-XVIII» 
organizadas por la Asociación Sevillana de Cronistas e Investigadores Locales (ASCIL)

Antigua Universidad de Osuna · 25 de Octubre de 2014



El lugar de Fuentes, equidistante de las importantes ciudades de Sevilla y Córdoba, y a su vez de los no menos destacados núcleos de población de Carmona y Écija, aparece incluido en el alfoz que el 2 de abril de 1255 los primeros pobladores cristianos de la recién conquistada villa de Carmona recibieron por privilegio del rey Alfonso X [1], en el extremo oriental de lo que en la Edad Media era el término de Carmona, a poca distancia del territorio de Écija, al este, y del de Marchena, al sur.
A lo largo del siglo XIV el término carmonense, que era de realengo, fue sufriendo importantes segregaciones por un proceso de señoralización. Caballeros y señores fueron recompensados generosamente por el rey Alfonso XI con tierras y lugares por sus servicios militares a la Corona, menguando drásticamente el extensísimo alfoz de Carmona.
Ciertamente no se conoce cuándo Fuentes fue excluida de la jurisdicción de Carmona, teniendo como primera referencia  que fue propiedad de Rui Pérez Ponce de León, casado con Isabel de la Cerda, que murió sin hijos en 1354. El 12 de junio de 1335, Rui cedió unas casas en Carmona, el lugar de la Argamasilla y el castillo de Fuentes como dote a su sobrina Urraca Alfonso de Portugal, al casar ésta en segundas nupcias con Alvar Pérez de Guzmán, señor de Olvera, que fue alcaide de Tarifa y alguacil mayor de Sevilla y descendiente de los Medina Sidonia [2].
Estas posesiones pasaron a engrosar el patrimonio familiar y formaron la herencia que recibió su hijo Pedro Núñez de Guzmán, casado con Aldonza de Toledo, señora de Orgaz, y de éstos a su hijo Martín Fernández de Guzmán, alguacil mayor de Toledo y señor de Orgaz, que lo vendió el 20 de enero de 1374 a Alonso Fernández de Sevilla y a su esposa Isabel de Belmaña, hija de Guillén de las Casas, tesorero mayor de Andalucía, fijando el precio de venta en la cantidad de 1.600 doblas moriscas «de buen oro». Curiosamente esa cantidad era la que Isabel de Belmaña había recibido como dote al casar con Fernández, y con cuyo importe éste compró el lugar de Fuentes, que se limitaba al castillo y el reducido caserío, sin territorio a su alrededor [3].
«En el Nombre de Dios amen, e de la Virgen Santa María su Madre: Sepan cuantos esta carta vieren como yo Martin Fernández de Guzmán, hijo de D. Pedro Núñez de Guzmán, vecino que soy en la muy noble ciudad de Sevilla, otorgo e conozco q. vendo a voz Alonso Fernández, criado del Rey, veinte e cuatro de esta ciudad de Sevilla q. estades presente e recibides esta compra, e todos estos otorgamientos, e promiciones, e obligaciones que esta Carta son contenidas a voz Isabel de Bezmaña su mujer de dicho Alonso Fernández, vecinos que sodes de esta dicha ciudad de Sevilla ala Collación de Sanz Juan, combien a saber: El mi lugar de Fuentes que es en el Arzobispado de Sevilla, con todos sus vasallos, e con todo su Señorío Real, e con la Justicia Criminal e Civil en nuestro suelo imperio, según que oyó hiceme es debido y otorgado, y on todas sus Rentas, e Tributos e derechos, e con todos mis términos, y con todas sus tierras para pan, e otras tierras cualesquiera que hay son, e con su Torre y Cortijo, y con todos sus prados y pastos, y dehesas e montes, e jaras, e fuentes, e pozos y aguas corrientes y manantes, y estanques e con todos los dichos bienes q.e al dicho lugar de Fuentes pertenecen deben en cualquier manera e por cualquiera razón según q.e hoy dia lo he e lo poseo, e según que mas cumplidamente lo obeerin e lo proseyeron en su vida D. Albar Pérez de Guzmán mi Abuelo y el dicho D. Pedro Núñez de Guzmán mi padre que Dios perdone, cuyo fue el dicho lugar de Fuentes e de quien yo el dicho Martin Fernández lo obe e lo heredé…»[4].
El 19 de junio de 1378, Alonso Fernández y su mujer Isabel de Belmaña, con licencia de Enrique II, fundan un mayorazgo formado por los siguientes bienes: el castillo y lugar de Fuentes y las casas principales del linaje situadas en la collación de San Marcos de Sevilla [5], procediendo de la institución de este mayorazgo la Casa de los Señores de Fuentes.
El heredero sería su primogénito Francisco Fernández, a quien se le impusieron una serie de condiciones que tendrían que cumplir si quería recibir el mayorazgo, entre las que destacan las siguientes: no podría vender, ni cambiar, ni enajenar los bienes, los cuales debería transmitirlo por línea de primogenitura, siempre que fuese varón nacido de legítimo matrimonio y, solo en caso de faltar éstos, podrían suceder las hembras. El heredero además quedaba obligado a tomar el apellido de Fuentes y las armas «que son cinco flores e calderas enrededor», las cuales han sido utilizadas por el Ayuntamiento de la localidad como escudo de la villa hasta principios del siglo XXI.
Como ya se ha mencionado en las imposiciones al heredero, Alonso Fernández cambió su apellido de Sevilla, según el derecho que habían recibido del rey a ser llamados de Fuentes, su nueva y más importante posesión, siendo durante estos años cuando los Fernández establecen una sólida alianza matrimonial con varios miembros del linaje de las Casas que le van a proporcionar importantes dotes.
Alonso Fernández emprendió el repoblamiento por esos años de Fuentes, hasta el punto de que en 1399 alcanzó 100 vecinos francos, entre unos 300 y 600 habitantes. Se ocupó también de obtener cargos y oficios en Sevilla, donde fue nombrado caballero veinticuatro [6] de su consejo, y ejerció de mayordomo de la ciudad durante los años de 1372 y 1376-77, ocupando también, en 1377, el oficio de recaudador de la derrama que Sevilla hizo para comprar pan y armar dos galeras [7].
Los Fuentes se habían integrado plenamente en la oligarquía sevillana, como lo demuestran los cargos que el fundador del señorío ejercía en el Consejo de la ciudad hispalense, lo que le van a permitir casar a su hijo y sucesor, Francisco Fernández, con Catalina Marmolejo, hija de Alonso Fernández Marmolejo, contador de Sevilla y señor de Bornos, poderoso personaje de gran influencia en la ciudad en el último tercio del siglo XIV.
Sin embargo, los sucesores de Francisco Fernández de Fuentes se van a orientar más hacia Écija que hacia Sevilla. Al convertirse el lugar y castillo de Fuentes en centro fundamental de sus posesiones, sus intereses se centrarán casi por completo en la ciudad astigitana, aunque nunca abandonarían del todo su intención de participar en la vida política de la urbe hispalense. Éste fue el caso del III señor,  Pedro de Fuentes, sucesor de Francisco Fernández, que casó con Beatriz Maraver, la cual procedía de rica familia de la nobleza ecijana, y de su hijo Gómez, que al enviudar de su primera esposa, Blanca de Sandoval, contrajo matrimonio en segundas nupcias con María de Zayas, hija del caballero Alfonso de Zayas, regidor de Écija, y de Constanza de Saavedra, unas de las familias más poderosas de la ciudad astigitana en la segunda mitad del siglo XV [8].
Desde la repoblación de Fuentes por parte de los primeros Señores, éstos realizaron amplios esfuerzos para conseguir un ámbito territorial y jurisdiccional para su señorío con la oposición del Concejo de Carmona, ya que ni Alfonso XI, ni tampoco Enrique II, habían dotado de término al lugar que nos ocupa.
En 1416, una sentencia pronunciada contra Francisco Fernández de Fuentes, concluye atestiguando que la aldea que había surgido junto al castillo no había tenido jamás término alguno. Los sucesivos señores de Fuentes, no conformes con el contenido de la sentencia que limitaba su jurisdicción «hasta las paredes del dicho lugar a fuera», trataron a lo largo del siglo XV de ampliar su término sobre el territorio más próximo a la aldea, en concreto, sobre la zona del Algarbejo, perteneciente a Carmona, en la que se llegaron a plantar viñas y sobre las que impusieron un tributo especial, hasta que en 1495, y tras diversos incidentes, pudo Carmona recuperar esas tierras [9].
No obstante, la extensión del término fue incrementándose a través de la ocupación de diversos territorios, teniéndose constancia de ello a través de la diversa documentación existente en el Archivo Municipal de Carmona de pleitos y litigios emitidos por la ocupación de tierras.
En muchos de los casos las apelaciones de Carmona no tuvieron éxito. En 1522 la Audiencia de Granada concedía al señor de Fuentes jurisdicción civil y criminal en un radio de más de cien pasos alrededor de la villa de Fuentes, y autorizaba a sus vasallos a aprovecharse del término de Carmona.
Finalmente, el 23 de julio de 1558, la infanta Juana, en nombre de su hermano el rey Felipe II, vendió a Álvaro de Fuentes media legua [10] alrededor de la villa de Fuentes del término de Carmona, para que en adelante fuese término del lugar de Fuentes, y concediendo a los señores jurisdicción civil y criminal sobre el lugar y sus moradores. Estas tierras, que se enajenaron del territorio de Carmona para formar parte del nuevo término de Fuentes, se hallaban limitadas por «la senda que dicen de los olleros, que va partiendo el dicho camino e amojonando desde el dicho término de Marchena hasta dar en el arrecife que va de Carmona a Écija» y los antiguos linderos entre Carmona, por una parte, y Écija, La Monclova y Marchena, por otra [11].
Desde un principio, el señor y sus vasallos en la aldea actuaron para formar de hecho un término de Fuentes, cada una de las partes impulsadas por sus propios motivos: los señores, por su deseo de extender al máximo su señorío jurisdiccional y aumentar las rentas que percibían, y los vasallos, por la oportunidad de engrosar sus propiedades mediante la roturación y plantación de terrenos baldíos. La fuerza de los hechos se impuso a la legalidad, y los pleitos ganados por Carmona no pudieron impedir que la Corona legitimara lo que ya se había consumado [12].
El 14 de enero de 1603, Felipe II concede a Gómez de Fuentes Guzmán y de los Ríos, señor de la villa y caballero de Santiago, hijo del IX señor de Fuentes, el Marquesado de Fuentes.
La Real Carta de creación del título de marqués de Fuentes, expedida a favor de Gómez de Fuentes y  Guzmán, dice así: «D. Felipe, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Portugal, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jaén, de los Algarbes, de  Algeciras, de Gibraltar, de las Islas Canarias, de la Indias Orientales y Occidentales y señor de la tierra y mar océano, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Bramante y de Milán, de Flandes y Tirol y Barcelona, señor de Vizcaya y de Molina. Por salud, bien y merced a vos D. Gómez de Fuentes y Guzmán , acatando los muchos y buenos servicios que nos habéis hecho y esperamos nos haréis y por más honrar y sublimar, tenemos por bien y honra, merced y voluntad que ahora  y de aquí adelante os podáis llamar e titular  y os llaméis y tituléis y llamamos e titulamos Marqués de Fuentes y por esta nuestra casa mandamos a los infantes, prelados, duques, marqueses, condes y ricos hombres, priores de las Órdenes, comendadores y subcomendadores, alcaldes de los castillos y casas de nuestros reinos y a los de nuestros consejos, presidente y oidores de nuestras audiencias, alcaldes y alguaciles de nuestra casa y corte y a todos los concejos, corregidores, asistentes, gobernadores y otros y nuestros jueces y justicias, personas de más estado, condición, preeminencia o dignidad que sean nuestros vasallos directos y naturales, así a los que ahora son como a los que en adelante fueren y a cada uno de ellos que os hayan, tengan y llamen Marqués de la Villa de Fuentes y os guarden y hagan guardar todas las gracias, mercedes, franquicias y libertades, preeminencias, ceremonias y otras cosas que por razón de ser marqués debéis usar y gozar y os deben ser guardados, todo bien y cumplidamente sin faltaros cosa alguna y si de ello quisierais nuestra carta de privilegio, mandamos a nuestro canciller, notario y escribanos mayores de los nuestros privilegios y confirmaciones y a los otros oficiales que están a la tabla de nuestros sellos que os la den, libren, pasen y sellen dicha carta, la más firme y bastante que les pidiéredes y  menester hubiéredes.
Dada en Valladolid a catorce de Enero de mil seiscientos y tres años.
Yo el Rey. Yo Juan Ruiz de Velasco, Escribano del Rey nuestro señor, la hice escribir por su mandado. El Conde de Miranda. El Licenciado Núñez de Bohórquez. D. Alonso Agreda. El Licenciado D. Alonso de Benavides. El Licenciado Fernando Carrillo. Martín Oyaal de Vergara» [13].
Estos importantes acontecimientos en el seno de la familia del señor de la villa formaron parte, como en otras tantas ocasiones, de la vida municipal. Así, cuando el Cabildo conoce la concesión por parte de Su Majestad el rey Felipe III del título nobiliario de marqués de Fuentes a Gómez de Fuentes y Guzmán, IXº señor de la villa, proclama, mediante el pregón correspondiente, la alegre noticia al pueblo, para que haga fuegos y acuda a las fiestas de toros y cañas que se celebrarán en su honor. El mismo pregón proclama a los vecinos el feliz casamiento de Gómez de Fuentes y Guzmán, señor de la villa, con Catalina de Sandoval y Saavedra, dama de la reina. «En la villa de Fuentes en 21 días del mes de Enero de 1603 años se juntaron a Cabildo […]. En el cabildo se trató como su Majestad ha hecho merced a su vasallo D. Gómez de Fuentes y Guzmán, señor de esta villa, de título de Marqués y a todos los que después le sucedieran […]. Cumpliendo con lo que por dicha Real provisión se manda desde luego que recibían y recibieron por Marqués de dicha villa de Fuentes al señor de esta villa….  Otro sí, mandaron que se pregone que para esta noche primera todos los vecinos, por la alegría de la dicha merced que Su Majestad ha hecho al dicho señor de esta villa y su feliz casamiento con Doña Casta Enríquez de Sandoval, […], hagan y enciendan fuegos y luminarias en sus casas y que se haga una máscara, con las mejores intenciones y demostraciones del contento, que se pudiere […]. Otros sí, se acordó que para el lunes primero, 27 días de este presente mes se hagan unas fiestas principales de juego de cañas y toros […]».
Así mismo, años más tarde la muerte de Aldonza de los Ríos, viuda que fue de Álvaro de Fuentes y Guzmán, IXº señor de Fuentes, produce que el Cabildo decrete luto local (13-6-1606) o el regocijo que se vive en la villa porque la señora marquesa ha quedado preñada y el Cabildo le manda al marqués sus parabienes (9-12-1607). Del mismo modo se alegra el pueblo por «el alumbramiento de Dª Catalina su señora» e incluso se proclaman fiestas en su honor. O también cuando se produce el casamiento de Francisca de Fuentes y Guzmán, IIª marquesa de Fuentes, con Juan Claros de Guzmán, y se acuerda «que se haga una máscara por el día de San Sebastián y se hagan luminarias en cada casa para mostrar el regocijo de la villa» (12-1-1626) [14].
A través de las distintas generaciones, los sucesivos señores de Fuentes, por razones de relaciones, cargos, servicios y casamientos fueron añadiendo títulos nobiliarios al que no ocupa, dando lugar a una larga serie de marquesados, condados y señoríos, con los que aparecen encabezando los numerosos escritos que se conservan en diversos archivos históricos.
Los señores ocuparon un papel dominante en la vida de la villa, tanto por sus amplias posesiones, como en su autoridad. Bajo su patrocinio se habían realizado importantes obras en la Iglesia Parroquial, desde finales del siglo XVI hasta el XVIII, disponiendo del patronato de la Capilla Mayor y enterramiento en la cripta bajo la misma, así como fundando la Capilla de la Virgen del Rosario. Por escritura otorgada ante el escribano público Juan de Moya por el «cura de la Iglesia mayor de la villa de Fuentes y mayordomo de la Fábrica de ella» Juan Caro, en virtud de licencia del Provisor y Vicario General del Arzobispado de Sevilla, el 9 de junio de 1573 Álvaro de Fuentes y Guzmán, señor de Fuentes, obtuvo licencia para levantar bajo su mecenazgo una capilla dedicada a la advocación mariana del Santo Rosario, con tribuna propia abierta hacia la Capilla Mayor, desde donde la familia del señor asistía a las celebraciones litúrgicas [15].
Años más tarde, en 1598, la señora Aldonza de los Ríos, viuda de Álvaro de Guzmán y Fuentes se propuso fundar un convento de religiosos descalzos, que no vio culminado por su fallecimiento pero que se efectuaría en 1607 con la llegada de los Mercedarios, aportando el Señorío una capellanía de 100 ducados de renta anual instaurada en 1597. Su hijo, Gómez de Fuentes, I marqués de Fuentes, junto a su mujer Catalina de Sandoval, fundarían en 1620 el Monasterio de la Encarnación de las Madres Mercedarias en terrenos cercanos al Palacio y bajo su patrocinio, cuya comunidad sigue dando vida a este histórico cenobio fontaniego en la actualidad.
Los Fuentes también contribuyeron en 1654 con las «limonas de la Excma. Sra. Marquesa y de aquellos vecinos a la fábrica de una hermita mui capaz con la advocación de San Francisco, para que e ella huviese misa los dias de fiesta para los pobres que se quedaban sin ella por falta de vestidos» en el arrabal del Postigo, a su vez sede de la Primitiva Hermandad de Consolación y hoy Cofradía del Señor de la Humildad y, desde 1904, también capilla del Convento de las Hermanas de la Cruz.
Los marqueses poseían en la villa un palacio, el antiguo castillo medieval que dio origen al lugar, que aun habiendo perdido su antiguo carácter militar, conservaba el papel representativo del poder de la casa nobiliar.
En la Iglesia Parroquial tenían asiento destacado en el presbiterio [16], enterramiento como se ha citado antes y como patronos de la misma sus escudos nobiliarios aún aparecen en las pechinas de la cúpula de la capilla mayor y en el propio retablo principal.
Eran los encargados de nombrar los cargos municipales, tales como Corregidor, oficiales concejiles, constituían el Concejo y Regimiento de Fuentes, alguacil mayor, alcalde de la hermandad… y de sus intereses en la villa y término cuidaban directamente los administradores, hombres de confianza de la casa nobiliar y encargados de las rentas y alcabalas propias de los derechos señoriales, que cobraban a los vecinos del lugar.
En el siglo XVIII era muy valiosa la renta anual que los marqueses percibían por la utilización del suelo, con la explotación, arrendamiento y venta de diversas fincas urbanas y rústicas de su propiedad exclusiva, y controlaban, entre otros, el mesón de la plaza y el horno de la calle Lora [17].
El poder ejercido sobre su pueblo, también hacía responsable a los señores del amparo y protección de sus vasallos. A veces era tal la penuria que el pueblo padecía, sobre todo las clases más humildes, que obligaba incluso al señorío de la villa a intervenir para socorrer a sus siervos dando trigo de su propia cosecha. Un ejemplo de ello nos lo da a conocer el acta del 10 de marzo de 1636 en el que se recibe la nueva de que la marquesa de la villa va a dar 300 fanegas de trigo para que se amase pan para los más necesitados [18].
Los dominios de los señores de la villa se fueron extendiendo por toda la geografía andaluza, por lo que apenas residieron en Fuentes y las contadas visitas a la villa suponían un acontecimiento digno de celebración. Como muestra, la visita del marqués en 1698 obligó al cabildo municipal a gastar fuertes cantidades de dinero «en fuegos y fiestas de toros y gastos anexos a ella, como de toreadores de a pie y de a cauallo que se trajeron para la celebración…». Junto a estos espectáculos populares se realizaron obras de acondicionamiento de los lugares más señalados de la villa, empedrándose las puertas del cabildo, la calle del Convento y pintándose y limpiándose la cárcel del municipio [19]. 
Otro momento importante del que se tiene constancia es el de la celebración de la boda entre María Manuela Fernández de Córdoba y  Pimentel, hija primogénita del conde de Torralba, a la vez marqués de Fuentes, y Antonio María Pantoja y Bellvís de Moncada, conde de Torrejón, que tuvo lugar en Fuentes en 1770 [20].
La titularidad del señorío de la villa ha pasado durante sus siglos de historia por diversos linajes familiares, desde los Fuentes Guzmán, que fueron los primeros señores, sucedidos por la familia Claros, Fernández de Córdoba, Cabrera, Martos y Clerc de Lasalle, actuales titulares del marquesado.
Hacia la mitad del XVIII el señorío de Fuentes pertenecía ya a la casa nobiliaria de Torralba, hasta que en la primera mitad del siglo XIX los señoríos jurisdiccionales fueran abolidos por el gobierno español.
El 17 de marzo de 1837 recayó sobre el marqués de Fuentes sentencia ejecutoria del Tribunal Supremo de Justicia, por la que se declaraban incorporados a la Corona de Castilla el lugar de Fuentes, la villa y sus castillos, con el señorío real, rentas, tributos y demás derechos propios de la soberanía. Un proceso que había durado dos décadas pues se conservan autos desde 1807.
Los diversos titulares han compartido en diferentes épocas otros títulos nobiliarios con el del Marqués de Fuentes, tales como Adelantados de Canarias, marqués de Villaseca, de la Rosa y de la Mota de Trejo, conde de Torralba, de Villanueva de Cárdenas, de la Jarosa y de Talhara, señor del Chanciller, Benazurera, Belmonte, Moratalla, Salares, Benescalera, Algarrobo, Alcaucín, Daralcalde, Viveros, El Boyero, Añora del Cojo, Herrera de los Palacios y los Zahurdones, Sanchuelo, Montalvo, Villar Viejo, La Vega, Arenillas, Matachel, Haza de la Banda, Olmos de Cerrato, Santa Cecilia, Pinedillo y Torrecitores.
Fallecido sin sucesión en 1871 Juan Bautista Cabrera Bernuy, marqués de Villaseca y IX marqués de Fuentes,  que fue senador vitalicio y alcalde de Madrid entre 1866-1867,  el título de marqués de Fuentes quedó sin uso o caducado hasta 1930, en que se rehabilitó sin perjuicio de tercero a favor de Alfonso Martos Arizcun.  Reclamado por Francisco Clerc de Lasalle Cabrera décadas más tarde, alegando preferencia genealógica, una sentencia le otorgó en 1964 mejor derecho y en 1966 recibió carta de sucesión. Desde junio de 2014, en que falleció Francisco Clerc de Lasalle, el título está vacante pendiente de reclamación por los hijos del último marqués, que no mantienen ninguna relación ni propiedad en la localidad de Fuentes de Andalucía, origen de su señorío.



 El Castillo de Fuentes, libre de edificaciones, tras unos derribos contiguos a mediados del siglo XX.


Cripta de los señores y marqueses de Fuentes en la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca, que no alberga ningún resto de los patronos de la Capilla Mayor y en la que, tras la importante restauración del edificio que se ha llevado a cabo (2011-2014), se pretende instalar un columbario parroquial. 


Rodeado entre edificaciones, el conocido como «Castillo del Hierro» [21] acoge entre sus lienzos de muralla tres viviendas particulares. Una principal, en desuso, que se extiende en gran parte de la superficie y contiene la Torre del Homenaje, y dos habitadas de menores dimensiones. A la fecha, el ayuntamiento de la localidad está en negociaciones para la adquisición de la vivienda mayor con la torre, que pasaría a ser propiedad municipal gran parte del edificio que dio origen a la villa. (Foto de Juan Sebastián Martínez Lora).



 

Varias imágenes de la presentación de la comunicación, cuya exposición estuvo presidida por el profesor Dr. D. Manuel García Fernández, catedrático - director del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas, de la Facultad de Geografía e Historia, de la Universidad Hispalense.



BIBLIOGRAFIA:
CERRO RAMÍREZ, J.: La villa de Fuentes (1578-1800). Fuentes de Andalucía, 2011,
FRANCO SILVA, A.: «Carmona y los señoríos de su término», en Actas del I Congreso de Historia de Carmona: Edad Media. Archivo Hispalense, 2ª época, Tomo LXXX. Diputación de Sevilla, 1998.
GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, F.J.: Fuentes de Andalucía, una mirada al pasado. Fuentes de Andalucía, 2010, Tomo I.
GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, F.J.: Fuentes de Andalucía, una mirada al pasado. Fuentes de Andalucía, 2013, Tomo II.
GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M.: El Concejo de Carmona a fines de la Edad Media (1464-1523). Sevilla, 1976.
GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M.: Aportación al estudio de los señoríos andaluces: el caso de Carmona, vol. III. Sevilla, 1973, pág. 42.
GÓNZALEZ JIMÉNEZ, M.: Repartimiento de Carmona; Estudio y Edición. Departamento de Historia Medieval. Universidad de Sevilla. 1981.
LÓPEZ GALLARDO, R.J. y VÁZQUEZ CAMPOS, B.: La Formación del Señorío de Fuentes en el seno del término de Carmona, en Actas del I Congreso de Historia de Carmona: Edad Media. Archivo Hispalense, 2ª época, Tomo LXXX. Diputación de Sevilla, 1998.
LÓPEZ, Tomás: Diccionario Geográfico de Andalucía. Provincia de Sevilla. Edición e Introducción de Cristina Segura Graiño. Edit. Don Quijote. Granada, 1989.
OLLERO LOBATO, F. y QUILES GARCÍA, F.: Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo. Sevilla, 1997.
ROJAS GABRIEL, M.: Olvera en la Baja Edad Media. Cádiz, 1987.
SÁNCHEZ SAUS, R.: Caballería y Linaje en la Sevilla medieval. Págs. 82, 184, 185.
SÁNCHEZ SAUS, R.: Linajes Sevillanos Mediavales. Sevilla, 1991, Tomo I. 
VALDEÓN BARUQUE, J.: Notas sobre las mercedes de Enrique II de Castilla, Hispania, XXVIII (1968).

ARCHIVO HISTÓRICO DE VIANA. Fondo Viana. Marquesado de Fuentes
ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE FUENTES DE ANDALUCÍA

NOTAS:
[1] GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M.: Aportación al estudio de los señoríos andaluces: el caso de Carmona, vol. III. Sevilla, 1973, pág. 42.
[2] ROJAS GABRIEL, M.: Olvera en la Baja Edad Media. Cádiz, 1987, pág.64.
[3] Hasta el año 2010, muy poco se sabía del Señorío de Fuentes, al no tenerse constancia de la localización de su archivo documental, basándose los estudios que hasta el momento se habían realizado en los archivos históricos de otras casas nobiliarias con las que mantuvieron algún tipo de relación, y en otros como los municipales de Carmona, debido a los pleitos con el Consejo de esa villa que en cuestión de términos mantenían los Fuentes.
A raíz de las investigaciones realizadas para nuestro trabajo Fuentes de Andalucía. Una mirada al pasado. Tomo I, tuvimos conocimiento de la conservación y existencia del Archivo del Marquesado de Fuentes, que forma parte desde 1817 del Archivo Histórico del Palacio de los Marqueses de Viana, en Córdoba, puesto a disposición de los investigadores tras la compra de los fondos por parte de la obra social de Cajasur. Un amplio y rico tesoro documental que alberga información de la Casa de los Fuentes comprendida entre el año 1370 y finales del siglo XIX.
[4] (A)RCHIVO (H)ISTÓRICO DE (V)IANA. Leg. 344 Exp. 001. 1374-1378. Compra de la villa de Fuentes por Alonso Fernández e Isabel de Belmaña, matrimonio, por 1.600 doblas moriscas, a Martín Fernández de Guzmán. Toma de posesión y privilegios reales que les fueron concedidos.
[5] VALDEÓN BARUQUE, J.: Notas sobre las mercedes de Enrique II de Castilla, Hispania, XXVIII (1968), pág. 45.
[6] Cargo propio de las corporaciones municipales de algunas ciudades de Andalucía durante el Antiguo Régimen, equivalente al de regidor o concejal y asociado a la nobleza y posición social de quien lo ostentaba.
[7] SÁNCHEZ SAUS, R.: Linajes Sevillanos Medievales. Sevilla, 1991, Tomo I, págs. 103-112. 
[8] SÁNCHEZ SAUS, R.: Caballería y Linaje en la Sevilla medieval, págs. 82, 184, 185.
[9] GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M.: El Concejo de Carmona a fines de la Edad Media (1464-1523). Sevilla, 1976, pág. 26.
[10] Medida itineraria, variable según los países o regiones, definida por el camino que regularmente se anda en una hora, y que en el antiguo sistema español equivale a 5.572,7 m.
[11] A.H.V. Leg. 346 Exp. 8. Planos del término de Fuentes de los siglos XVII y XVIII y noticia de la compra de la jurisdicción de dicha villa por Álvaro de Fuentes y Guzmán, el 23 de julio de 1558. Veáse la reproducción de los mismos al final de este trabajo.   
[12] LÓPEZ GALLARDO, R. J. y VÁZQUEZ CAMPOS, B.: La Formación del Señorío de Fuentes en el seno del término de Carmona, en Actas del I Congreso de Historia de Carmona: Edad Media. Archivo Hispalense, 2ª época, Tomo LXXX. Diputación de Sevilla, 1998.
[13] CERRO RAMÍREZ, J.: La villa de Fuentes (1578-1800). Fuentes de Andalucía, 2011, pág. 178-179.  
[14] Ibídem, pág. 129-130.
[15] A.H.V. Leg. 76. Exp. 004. Capellanías. Fuentes. «Capilla de Nuestra Señora del Rosario en la Iglesia Parroquial de Santa María la Blanca».
[16] Esta tribuna es el lugar físico que desde 1842 ha albergado, a modo de altar, la urna e imagen del Cristo Yacente de la Hermandad del Santo Entierro. El 21 de enero del citado año, ante el escribano público Antonio García, compareció Sebastián Carmona el mayor, vecino de Fuentes, que «en unión con otros devotos han construido a sus expensas un sepulcro nuevo para colocar en él el Santísimo cuerpo de Nuestro Señor Jesucristo, y queriendo darle el debido culto y veneración han determinado colocarlo en un altar en la Iglesia Parroquial de esta villa, y habiendo reconocido ésta no se encuentra otro sitio proporcionado para dicho efecto más que un hueco que está en la pared medianera de la Capilla de Nuestra Señora del Rosario con el Altar Mayor, cuyo sitio es y corresponde su propiedad al Excmo. Sr. Marqués de esta villa, Conde de Villanueva, por lo que determinaron hacer una solicitud a S.E. para que diese su consentimiento y licencia para colocar en dicho hueco el Santo Sepulcro, formándose un altar, y recibida dicha solicitud se accedió por S.E. según aparece de orden que al efecto se ha remitido desde Moratalla, con fecha 27 de abril del año próximo pasado a su administrador en esta villa, D. Fernando Guerrero, pero con la condición de que constare por documento que la propiedad de dicho local es suya, y solo concede el usufruto. En cuya virtud y queriendo poner en práctica la condición con que S.E. ha concedido su permiso y licencia, para la colocación del Santo Sepulcro, en el sitio que viene designado... ...habiéndose conseguido el consentimiento de la Hermandad de Nuestra Señora del Rosario, para que la servidumbre del altar se tenga por su capilla». A.H.V. Leg. 76 Exp. 003. Capellanías. Fuentes. Patronato de la Capilla Mayor de la Iglesia Parroquial de Santa María la Blanca. En las recientes obras de restauración del templo (2011-2014) se ha recuperado acertadamente la tribuna de los Señores de Fuentes.
[17] OLLERO LOBATO, Francisco y QUILES GARCÍA, Fernando: Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo. Sevilla, 1997, pág. 17.
[18] CERRO RAMÍREZ, J.: Ob. cit. pág. 127.
[19] (A)RCHIVO (H)ISTÓRICO (M)UNICAL DE (F)UENTES DE (A)NDALUCÍA. Actas Capitulares. 1698-VII-27.
[20] A.H.M.F.A. Actas Capitulares. Libro 9. 1768-1773. Acuerdos de 1770-IX-25 y 1770-XII-22.
[21] Así lo cita en las respuestas al cuestionario que el geógrafo y cartógrafo Tomás López de Vargas envío a las parroquias de España para la elaboración de su Diccionario Geográfico de España. «7º. Aún se conservan las casas de los señores marqueses contiguas e inmediatas a las torres, murallas y citado castillo del Hierro, de cuya antigüedad es hecho notorio pero vulgar, que es anterior a la venida del Redentor al mundo. Lo cierto es, que no puede menos que ser antiquísimo, por su construcción y por sus materiales que lo demuestran». LÓPEZ, Tomás: Diccionario Geográfico de Andalucía. Provincia de Sevilla. Edición e Introducción de Cristina Segura Graiño. Edit. Don Quijote. Granada, 1989.