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En las cercanías de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, hay una fuente que desde hace siglos recoge el agua del cerro adyacente a través de diversas conducciones subterráneas y la canaliza hasta ella, donde la gente del lugar acudía para abastecerse.

De orígenes islámicos, rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones y en 1787 se le dota de una escalera y un paso hecho de rosca para evitar los daños del público a la construcción. A fines de la citada centuria, se puso en marcha un proyecto general de conducción de las aguas potables a la villa para solucionar los problemas de abastecimiento.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes de Andalucía.

viernes, 21 de diciembre de 2012

FELICITACIÓN DE NAVIDAD 2012

Con la alegría de estas fechas tan entrañables, así os felicitamos la Navidad 2012.


Y así lo hicimos hace un año. ¡2012 no ha pasado en balde!

lunes, 17 de septiembre de 2012

¡VIVA LA PEPA! FUENTES Y LA CONSTITUCIÓN DE 1812

Coincidiendo con el bicentenario de la Constitución de 1812, que supuso un hito en la historia política española, por cuanto implicó la ruptura con el absolutismo, la afirmación de la soberanía nacional y la consagración de los derechos y libertades de los ciudadanos, traemos a estas páginas la crónica de su proclamación y repercusión en la decimonónica villa de Fuentes de Andalucía, acontecida en el mes de septiembre de 1812.
En un país invadido por los franceses, la Junta Suprema Central propuso la convocatoria de las Cortes en octubre de 1808, pero fue el Consejo de Regencia quien realizó el requerimiento a principios de 1810.
Las elecciones se realizaron rápidamente y el 24 de septiembre se inauguraron las Cortes de Cádiz en el Teatro Cómico de la Isla de León (actual San Fernando), trasladándose a Cádiz el 20 de febrero de 1811, ante el avance del ejército francés, donde se reunieron en la iglesia de San Felipe Neri.
Lo primero que hicieron las Cortes fue establecer su organización declarando que la soberanía nacional residía en las mismas, estableciendo el carácter unitario de la representación nacional y proclamando, como pieza clave del nuevo sistema político constitucional, la división de poderes.
En total, las Cortes de Cádiz emplearon tres años y hasta 1.800 sesiones para proclamar la Constitución de 1812, para cuya redacción se nombró una comisión formada por trece diputados y un asesor, jurándose solemnemente por los diputados el inédito texto liberal el 19 de marzo de 1812, fiesta de San José, por lo que la Constitución es conocida popularmente desde entonces como «La Pepa».


De suma importancia histórica, al tratarse de la primera Constitución promulgada en España y de las más liberales de su tiempo, oficialmente estuvo en vigencia dos años, desde su promulgación hasta 1814, con la vuelta a España de Fernando VII. Posteriormente estuvo imperante durante el Trienio Liberal (1820-1823), así como durante un breve período en 1836-1837, bajo el gobierno progresista que preparaba la Constitución de 1837.
Sin embargo, apenas si entró en vigor de hecho, puesto que en su período de gestación buena parte de España se encontraba en manos del gobierno pro-francés de José Bonaparte, el resto en mano de juntas interinas más preocupadas en organizar su oposición al rey intruso, y los territorios de la corona española (los virreinatos) se hallaban en un estado de confusión y vacío de poder causado por la invasión napoleónica.
La Constitución establecía, entre otras cosas, el sufragio universal masculino indirecto, la soberanía nacional, la monarquía constitucional, la separación de poderes, la libertad de imprenta, acordaba el reparto de tierras y la libertad de industria.
Posteriormente a su promulgación, un decreto de 22 de mayo de 1812 ordenaba que la Constitución fuese jurada por el clero y el pueblo de la nación española. En consecuencia, en los sucesivos meses, en prácticamente todas las villas y ciudades del país se desarrollaron ceremonias y actos parecidos. Tras la lectura pública del texto constitucional, se entraba en la iglesia, donde las autoridades procedían a prestar juramento.


En el caso particular de Fuentes, los cambios no se hicieron efectivos hasta varios meses después de la promulgación del texto liberal.
El 9 de septiembre, D. José Bravo Torres fue nombrado «por la Superioridad» juez de primera instancia para la villa de Fuentes de Andalucía con órdenes de instalar el ayuntamiento interino que eligiese el pueblo y ser el encargado de la publicación y juramento de la nueva Carta Magna.
De los cambios políticos introducidos por la Constitución de 1812, el que antes se dejaría sentir a nivel local y de manera más evidente sería el establecimiento de una nueva forma de constituir los ayuntamientos, basada en la elección de todos los cargos municipales. En virtud de un decreto de 23 de mayo de 1812 se abandona la tradicional nominación de Concejo, Justicia y Regimiento para adoptar la de Ayuntamiento Constitucional.
En el caso de Fuentes, por tener entre 1.000 y 4.000 vecinos o cabezas de familia, le correspondía contar con ayuntamiento formado por dos alcaldes, ocho regidores y dos síndicos, que serían elegidos mediante un procedimiento electoral indirecto.
De este modo, el 20 de septiembre todos los vecinos que se hallaban en ejercicio de sus derechos –eran excluidos los deudores con la administración- se reunieron en cabildo abierto, al que habían sido convocados por edicto y a campana tañida, y en el cuál nombraron de entre los presentes a 17 de ellos, personas «más idóneas, de reconocido patriotismo» que pasarían a formar la Junta de Electores.
Esta Junta se reunió al día siguiente en las Casas Capitulares bajo la presidencia del Juez de primera instancia «y después de un maduro examen y terminadas las dificultades que se propusieron, de común acuerdo» nombraron el primer Ayuntamiento democrático de la historia de la villa de Fuentes, que quedaría formado por los siguientes vecinos:
Alcalde 1º: Francisco de Paula Seoane Rodríguez
Alcalde 2º: Bartolomé Ruiz Pilares
Regidor 1º: Francisco de Paula Hornillo
Regidor 2º: Lorenzo Ruiz Florindo
Regidor 3º: Toribio San Juan de la Presilla
Regidor 4º: Sebastián Adalid
Regidor 5º: Juan Adalid Tortolero
Regidor 6º: Francisco López
Regidor 7º: Gregorio de la Torre
Regidor 8º: Pedro Hidalgo
Síndico 1º: Francisco González Reyes
Síndico 2º: Alonso Carmona 
Este Ayuntamiento tomó posesión de forma interina el 25 de septiembre, y tras someterse de nuevo a Junta de Electores definitiva, fue ratificado en sesión celebrada el 17 de octubre de 1812, tomando posesión definitiva al día siguiente. 
En la misma sesión de constitución del primer Ayuntamiento Constitucional, los nuevos regidores acordaron bajo la presidencia del Juez la organización de los actos de proclamación y juramento de la nueva Constitución.
A las diez de la mañana del domingo 27 de septiembre, el Juez y los miembros del Ayuntamiento se dirigieron desde las Casas Capitulares hasta la plaza inmediata, denominada en la fecha Barrera de Palacio, y ante la multitud de fontaniegos congregados, éstos subieron al estrado colocado al efecto. Allí, el Juez entregó al escribano de la corporación, Francisco Simeón González, un ejemplar impreso de la Constitución Política de la Monarquía, a la que el escribano dio lectura detalladamente «en alta e inteligible voz» ante los capitulares y la ciudadanía.
Este ejemplar, encuadernado  y en buen estado de conservación, recoge junto a las órdenes de publicación y contenido de todos los artículos, las distintas actas de los acontecimientos y desarrollo de los actos vividos en Fuentes en 1812 con motivo de la entrada en vigor de la Constitución y, afortunadamente, se conserva íntegro en el Archivo Histórico Municipal.
Concluida la lectura pública del texto liberal, se descubrió «una lápida en una de las esquinas de dicha Plaza que decía: Plaza de la Constitución, en cuya forma se concluyó el acto con las demostraciones más vivas de júbilo y restituido el Ayuntamiento a las Casas Capitulares fue felicitado con tal plausible motivo por las personas condecoradas del pueblo».
Dos días más tarde, el martes 29 de septiembre de 1812, el Ayuntamiento Constitucional en pleno, presididos por el Juez Bravo Torres, se dirigieron la Iglesia Parroquial donde «por el Sr. Vicario Eclesiástico se cantó una Misa Solemne y al tiempo del ofertorio se leyó la Constitución Política de esta Monarquía por mí el infrascrito escribano a un concurso numeroso que había en dicha iglesia y concluida la Misa subió al Presbiterio el referido Sr. Juez y el Sr. Vicario que hacía de Preste, vuelto hacia el pueblo con el libro de los Evangelios abierto dije aquel: ¿Ciudadanos de la villa de Fuentes, juráis por Dios y por los Santos Evangelios guardar la Constitución Política de la Monarquía Española sancionada por las Cortes Generales y Extraordinarias de la Nación y ser fieles al Rey? A lo que contestó el numeroso concurso: Sí, juro. En seguida se entonó el Te Deum, y concluido, regresaron a las Casas Capitulares…».  
Junto a los actos meramente institucionales, los fontaniegos pudieron disfrutar con dos festejos taurinos, en las tardes del domingo 27 y martes 29 de septiembre, en la plaza de la villa, donde los aficionados reconocidos para tal arte pudieron «correr novillos», así como tanto la fachada de las Casas Consistoriales como la torre de la Iglesia Parroquial lucieron luminarias durante las noches del domingo, lunes y martes antes citado.
También para hacer notar a los ciudadanos que se trataba de días festivos, la corporación tomó un acuerdo para la rebaja del precio de la carne, en escasez, para «que por lo menos se pudiera catar en los tres días de la publicación» de la Constitución.
De igual modo consta, que días más tarde, el Juez tomó juramento de la Constitución a la Comunidad de Religiosas Mercedarias de la Encarnación, el 14 de octubre, y al Cuerpo Eclesiástico de la villa, el 15 de octubre en la Sacristía de la Iglesia Parroquial.
Las propias Cortes de Cádiz, en la sesión del día 2 de Noviembre de 1812, «oyeron con particular agrado, y mandaron insertar literales, con todas sus firmas» en el diario de sesiones, tres textos de adhesión a la recién estrenada Constitución, dos de ellos procedentes de estamentos de la villa de Fuentes y que se transcriben literalmente a continuación: 
«Señor, el juez de primera instancia con el ayuntamiento de la villa de Fuentes de Andalucía, reyno de Sevilla, á V. M., con el más profundo respeto, le felicitan por la sanción de la constitución política de la monarquía, digno su contexto del mayor reconocimiento por todos los cuerpos y ciudadanos del reyno que ven en él cifradas todas sus felicidades, en cuyas esperanzas siempre estuvieron y ansiaron cuanto más les oprimía el despotismo, la tiranía y la inversión del orden político, ejercido con una barbarie y crueldad sin ejemplo. No cesarán de dar gracias al Todopoderoso , y sus votos serán uniformes en pedirle por la conservación de las Cortes v su acierto en la ardua empresa de que se han constituido en favor de la nación , y por la salud de los que la componen.
Suplican á V. M. se digne admitir este corto homenaje de su gratitud y respeto. Fuentes de Andalucía. I8 de octubre de 1812.— Señor. — A L. P. de V. M. José Bravo y Torres. — Francisco de Paula Seoane Rodríguez. — Bartolomé Ruiz Pilares. — Francisco de Paula Hornillo. — Lorenzo Ruiz Florindo. — Juan Adalid Tortolero. — Francisco López. — Pedro Hidalgo. — Francisco González Reyes. — Alonso Carmona. — Antonio de Flores, secretario de cabildo».
«Señor, el vicario, curas y clero de la villa de Fuentes de Andalucía, con el mayor respeto que pueden, ante los soberanos pies de V. M., exponen la admiración que les ha causado la lección de la constitución política de la monarquía española, este monumento de la sabiduría, prudencia y virtud de V. M. Ha visto en ella con sumo gozo declarada única verdadera la religión católica, apostólica, romana, que ha tantos siglos sancionaron nuestros padres por ley fundamental de la monarquía. Los llena de asombro la exactitud con que V. M. ha sabido distinguir y poner sus justos límites a los Poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Leyes sabias con que sea regida la monarquía, poder equilibrado, quitada la arbitrariedad, y cerrada absolutamente para siempre la puerta al despotismo, castigo de los culpados, y protección decidida a los inocentes, esto es lo que ve ya este clero en ese código fundamental, y lo que tiene razón de esperar del celo infatigable y de la llama sagrada que inflama a V. M. por la felicidad de la patria. El nuevo sistema de hacienda que nos promete V. M. nos hará olvidar para siempre el injusto e improporcional del antiguo, y hará florecer la agricultura, las artes y el comercio que arruinó aquel, y nos ha conducido a las puertas de la tiranía mas desapiadada. La previsión de Io venidero ha hecho a V. M. tomar todas las medidas necesarias para asegurar la perpetuidad de una obra tan acabada; y este clero ve sus más firmes apoyos en la diputación permanente de Cortes, en las Cortes extraordinarias y en las milicias nacionales. El orden en el interior, y el respeto y consideración con relación a las naciones exteriores, marcarán la época feliz en que V. M. ha ejecutado la soberanía. Quiera el Señor, de quien es esta grande obra, echarle su bendición, y que veamos prontamente observada en las Españas su nueva constitución política, asombro de la Europa, admiración de la posteridad, y envidia de todas las naciones; y que V. M. tenga la gloria de ver que su celo infatigable ha hecho la felicidad de la nación, asegurándole el orden, la libertad, la independencia y la gloria, y que el sagrado nombre de V. M. vuele en alas de la fama hasta los confines de tierra. Fuentes de Andalucía y octubre 19 de 1812. — Señor, A L. S. P. de V. M. Manuel González del Corral, vicario eclesiástico. — Fernando Sánchez de Vargas, cura propio. — Francisco de Paula Ruiz, cura interino. — Antonio Alfaro. — Antonio José Delgado. — Antonio Pilar. — Francisco Javier Pilares. — Baltasar Seoane y Rodríguez. — Antonio Urbano de Toro. — Vicente de Parias. — Manuel Becerril. — Francisco de Paula Adalid».
Aquella breve experiencia de democracia caería muy pronto al grito de ¡vivan las cadenas!, cuando los absolutistas acabaron con aquel primer atisbo de libertad. El regreso de Fernando VII supondría la derogación de la Constitución y la reintroducción del absolutismo, tras la firma del decreto de 4 de mayo de 1814.
Esta noticia llegaría a Fuentes el 22 de mayo, por comunicación del Comandante General de la Región de Sevilla y Córdoba, que aunque informaba de la derogación mantenía a los capitulares constitucionales en sus puestos, aunque por poco tiempo.
El 17 de agosto se recibía la real cédula de 30 de julio que ordenaba la extinción de los ayuntamientos constitucionales y su restablecimiento a la planta y forma que tenían en 1808. En definitiva, la administración de los municipios volvía a manos de los regidores perpetuos, y en el caso particular de Fuentes, nombrados anualmente por el Marqués de Fuentes, a la sazón Señor de la villa.
De ayuntamiento constitucional se regresa de nuevo a Concejo, Justicia y Regimiento, asumiendo las directrices locales Manuel de Vega como Alguacil Mayor; Pablo Escalera, Juan Valor, Nicolás García y José Sánchez como regidores; Sebastián González Codero como Procurador Síndico General; José Cantalejo como Alcalde del campo y Antonio González Pérez como Padre General de Menores.
Durante el Trienio Liberal (1820-1823) se volvería a la senda constitucional. Tras el triunfo del pronunciamiento militar del teniente coronel Rafael de Riego, el 8 de marzo de 1820, Fernando VII se veía obligado a jurar de nuevo la Constitución y en los pueblos y ciudades de la nación se ponía en marcha de nuevo el proceso para llevar a cabo la elección de ayuntamiento constitucional y jura de la Constitución de 1812.
Un periodo del que carecemos de datos locales, debido a la laguna existente en los libros  capitulares correspondiente a este trienio, cuyas actas no se llegaron a recoger.  
Pero Fernando VII no cesaría en sus intenciones hasta conseguir que, gracias a una intervención militar extranjera –Los Cien Mil hijos de San Luis–, en abril de 1823 el absolutismo quedara de nuevo restablecido. Ello daría inicio a otra oscura etapa de la Historia de España, la denominada Década Ominosa (1823-1833), durante la cual buena parte de la intelectualidad del país se vio obligada a exiliarse y los constitucionalistas que se quedaron fueron objeto de depuración, a resultas de la cual muchos acabaron marginados o ajusticiados, incluido el legendario Rafael de Riego, que murió ahorcado el 7 de noviembre de 1823 en una plaza pública de Madrid.
El 17 de junio de 1823, el propio Alcalde Constitucional de Fuentes informaba que había sido invitado personalmente por el General de División de Vanguardia del ejército francés «que ha llegado en este día a esta villa para que el Ayuntamiento del año 1820 fuese repuesto, cesando el actual nombrado por el régimen constitucional».
Convocados los capitulares de 1820, éstos tomaron posesión de sus cargos, recibiendo sendas varas de justicia el Alguacil Mayor, Lorenzo Ruiz Florindo, y el Regidor primero, Antonio Armero Almazán, padre del popular General Armero y I Marqués del Nervión. 
Pero una parte de España no cesaba en sus pretensiones y en 1836 un pronunciamiento de militares en La Granja de San Ildefonso (Segovia) obligó a la regente María Cristina a proclamar la Constitución de 1812 y nombrar un nuevo gobierno que convocó elecciones a Cortes Constituyentes para reformar el texto de Cádiz.
Era la tercera vez que el articulado liberal de 1812 entraba en vigor. El 24 de agosto de 1836 de nuevo un Ayuntamiento Constitucional comenzó a regir la villa de Fuentes, encabezado por Francisco de Paula Ruiz como Alcalde primero interino, jurándose el día 28 siguiente la Constitución en la Iglesia Parroquial previa convocatoria del pueblo. La víspera del acto de juramento se llevó a cabo un repique general de campanas, y durante esta noche y la siguiente se iluminaron las Casas Consistoriales y la torre parroquial.
El 5 de septiembre de 1836 tomó posesión como Alcalde primero Constitucional Manuel María de Llera Moreno, que había sido nombrado por los electores y por ausencia no había tomado posesión de su cargo.
Este fontaniego, propietario de tierras y de ideología liberal, fue posteriormente elegido Diputado en las Cortes de la Nación por la circunscripción de Sevilla durante tres legislaturas, tras las elecciones celebradas el 24 de julio de 1839, el 19 de enero de 1840 y el 1 de febrero de 1841.
La residencia en Madrid a causa de su función de diputado, propició el nacimiento de su hijo Fernando de Llera y Díaz en la capital del Reino. Fernando llegó a ser un esclarecido abogado e ilustre político liberal, siguiendo los pasos de su padre. Llegando a las más altas esferas de la política, pasó de Alcalde y concejal en su pueblo de Fuentes de Andalucía a diputado en Cortes y posteriormente diputado provincial.
Las nuevas Cortes Constituyentes convocadas en 1836 dieron lugar a la nueva Constitución, una profunda modificación de la de 1812, más en consonancia con el espíritu de la época, que fue promulgada el 18 de junio de 1837. 
La Constitución de Cádiz de 1812 ha adquirido un valor casi mítico como perdurable símbolo de libertad. Un símbolo que se ha proyectado dentro de España y del mundo hispánico, porque con el texto gaditano surge la primera de las constituciones españolas derivadas de la soberanía nacional y orientadas a consolidar los derechos y limitar el poder estatal, que no dejó indiferente a una España que le dedicó una especial atención. Ninguna constitución española ha tenido el alcance, la repercusión y la difusión más allá de nuestras fronteras  que la Constitución de 1812, cuyo bicentenario conmemoramos.

miércoles, 8 de agosto de 2012

ESENCIAS QUE SE VAN PERDIENDO


Fotografía extraída del libro «Los caprichos de Hermes. El comercio tradicional en la provincia de Sevilla» de Pedro Cantero Martín (Sevilla, Diputación Provincial, 2004).

Es ley de vida que con el paso del tiempo rincones fontaniegos con «clase, estirpe y entidad» vayan desapareciendo, perdiéndose para siempre y sólo dejando gotas de su esencia en el cajón de los recuerdos.
Y cuando llegan algunas de esas situaciones cargadas de nostalgia los recuerdos se avivan, máxime si has tenido la suerte, como es mi caso y el de los jóvenes, no tan jóvenes y niños de las últimas décadas, de haber gozado con la ilusión y el placer de darte el lote con los siempre apetecibles productos de aquel colorido establecimiento: Gusanitos, bolsitas de Peta Zeta o Fresquito (resfresquito), lenguas de pica pica, maskys, palotes, cajitas de cigarritos de chocolate, pulseras de pastillitas, caramelos en forma de casquitos de naranja y limón, Pez, Sugus o Chimos, chupa chups Kojak, chicles Bazooka, Bobbaloo, Boomer o Tico-Tico con sabor a sandía, figuritas de plástico llenas de bolitas de anís… y todo ello endulzado más si cabe con suspiritos, piononos, tirabuzones, Phoskitos, Bollycaos… y completado en el estío con los polos flash, de Drácula, Frigopié, Frigodedo, Capitán Cola con sus tres sabores…
Y escribo esto porque el quiosco y confitería de Eduardito, la emblemática tienda de chucherías de la Carrera -abierta desde 1959 y con obrador de confitería propio hasta 1986- ha echado el cierre el pasado mes de julio. Un cartel así lo anuncia en su fachada: «Cerrado por jubilación». Los años no pasan en balde y el bueno de Eduardito hecha la persiana del negocio, que heredó de su padre y él ha mantenido con su solera e idiosincrasia.
Se me viene a la mente cuando entrábamos en la tienda en verano, traspasando la cortina de rayas mientras desde el hueco de la ventana un aparato intentaba refrescar el espacio con aire húmedo. Atravesabas aquel sardinel y te encontrabas de sopetón con ese olor mágico y un sinfín de colores de las mil y una chucherías, pasteles, chocolatinas, el cartelón de los polos y helados…
Sentías a tu alrededor una sensación extraña, mezcla entre felicidad, ansiedad y locura porque te encontrabas de repente rodeado y todo te gustaba, pero los duros que acorralabas con los cincos dedos de tu mano solo te daban para un paquete de quicos y una gomita.
Aquel mostrador, sumamente alto, te impedía ver la cara de aquel hombre que se situaba tras el mueble de transparentes cristales y armazón de madera pintado en dos tonos de verdes cargado de manjares. Tal era la altura, que había que alargar el brazo para intercambiar la moneda por la mercancía. El truco de Eduardo para ver a los renacuajos, más que intentar divisarlos bajo el mostrador era mirar al gran espejo inclinado que, colgado en la pared, tenía una función muy determinada, y no era la decorativa. 
Y es que, aún teniendo claro lo que al paladar apetecía, llegando ante aquella variadísima gama de apetitosas golosinas la duda te invadía. Y Eduardo, armado de paciencia, siempre exclamaba: - ¡Veeeenga, niñooooo!, saludo que con al hacerte mayorcito cambiaba por un: -¡Hola, joven!
Allí íbamos a comprar los peloteros, porque decían que salían los más buenos, los que nadie tenía y después podías hacer tu propio negocio: -¡Te cambio Zubizarreta por diez!
Cuando no estaba ocupado de otro pandillón de chavales, el rito era sentarte en el sardinel de la Aurora para ir abriendo los paquetitos de los peloteros que después nos apostábamos a las cartas, con el único objetivo de tener el taco más grande de todos tus amigos.
No hacía falta que la Carrera se llenara de máscaras o nazarenos, días en los que la bulla y esperar tu ratito de cola era normal mientras que Eduardo no perdía nunca su ritmo, para que el sardinel de la Aurora fuera asiento y en él saborear los manjares del quiosco vecino, poniendo siempre la acera llena de cáscaras de pipas o bolsas de los paquetes de gusanitos. Y mira si el sardinel estaba vinculado al negocio que hasta con motivo de la reciente restauración de la Capilla, la propia empresa costeó su reposición.
Un icono de la Carrera y que es el último de los puestos de chucherías de mi infancia que se me ha ido, como se fueron el quiosco amarillo de la calle Mayor, el de Rosarito –aquella viejecita del rincón frente a las Monjas– , los de «Pajarito» y el «Viruta» en la calle la Huerta o el de mi vecina María Ruiz, en la calle la Rosa.
Y aún cuando nos fuimos haciendo mayores, la clientela seguía fiel al negocio. Era quizás menos mágico, pero no menos gratificante. Ya no ibas con los cinco duros justitos, sino que te llevabas el cargamento para darte la «pechá» en el «finde» viendo una peli o, ¿cuántas parejitas no se han puesto a dar vueltas con el coche por la redonda comiendo chuchas de Eduardito?
Ese hombre tan dulce con las chavalitas, al que nunca le he escuchado una mala respuesta. Una cara, un físico característico, una imagen que sin duda ha marcado la infancia de los niños fontaniegos de mi generación.
Se va con mi pena, como parte de mi infancia que se pierde, y me quedo con las ganas de ir con mi hijo a comprar un euro de gomitas «ancá Duardito» y por el camino decirle: «Martín, no te las comas todas y dale a papá que se te van a picar los dientes».

sábado, 26 de mayo de 2012

PRESENTACIÓN DEL XXXº PREGÓN DE LAS FIESTAS Y ROMERÍA DE MARÍA AUXILIADORA DE FUENTES DE ANDALUCÍA


(Celebrado en la Iglesia del Ex-Convento Mercedario de San José, antiguo templo de la Casa Salesiana de Fuentes [1929-1948], el domingo 20 de mayo de 2012, a cargo de Diego M. González Ruiz y presentado por Francis J. González Fernández).

Con vuestra bendita venia, mi Auxiliadora.

Rvdo. Sr. Titular de la Sede Parroquial
Autoridades
Hermano Mayor y Oficiales de la Junta de Gobierno de la Hermandad
Pregonero, romeros, hermanos, fontaniegos.

Bienhallados seáis todos.

Han pasado trece mayos desde aquella armonía de versos y una docena de pregones de por medio, que como cuentas de Rosario, han ido desgranando tus glorias, María. Y otra vez ante este atril, vengo a poner el toro en suerte al que será hoy tu pregonero.
Tú, bien los conoces, Madre.
Una voz que viene a ofrecerte sus versos a compás y que puede contar sus años como Fuentes numera tus romerías. Era mayo, en un tiempo que llegaba remangando camisas y alargando tardes, en un querer e ir poco a poco robando vida a la noche.
Era mayo, tres de mayo, y aquel día de la Cruz de 1977 veía la luz primera de esta vida el primogénito de Antonio «Cochoba», el hijo de Diego «Cochoba» y Pastora de «Currito León» y de Charo, la niña de «Tobá» y la Manuela «de la sal».
Por ello te he dicho, Madre, que tu pregonero puede contar sus mayos contando tus romerías. Y es que en aquel 1978 él estuvo allí contigo, en el Castillo, bajo la silueta señorial que da un chaparro de tosca piel curtida y sombra encorvada. En aquella dehesa, lamentablemente perdida para tu Romería, él se hallaba mientras el corazón de la que sería su hermana ya latía en el seno de su madre, esa niña que hoy es bella voz hecha persona.
Tú conoces, María, que desde entonces una íntima historia de amor os une. Antes de que la luz de la alegre mañana del último domingo de mayo naciera, ya estaba vuestra pasión prevista, ya estaban las cinco letras, de tu nombre y el suyo, en algún espacio escritas.
Sabes que a los ojos de Dios no hay títulos, medallas ni papeles que valgan, sólo importa el amor. Y por ello yo hoy, Madre, no tengo que contarte que el pregonero se formó en Santa Teresa y en el astigitano Vélez de Guevara ni de su afición a la cacería que casi le cuesta un sentido ni de otros títulos por él validados.
Vengo a hablarte de un niño morenillo, con pelo acaracolado, criado entre hierros y soldaduras, correteando de la calle «El Bolo» a «Los Corrales», que al compás de un martilleo -donde surgió el martinete- se impregnó en su infancia de sevillanas de «Los Romeros».
Un chiquillo que jugó bajo un viejo carro que hoy es el templo de la Virgen en la calle y en un cuarto de costura en el que, entre lunares, bobinas y alfileres se hilvanaron letras de sevillanas para Ti, Auxiliadora de Fuentes.
Madre, y ¿por qué no le preguntas a tu dichoso Hijo por el que hoy será tu pregonero? Él te puede contar cómo cada Miércoles Santo puede escuchar su voz mandando izquierdos y costeros, como su palabra es veteranía costalera. Él te puede hablar cómo contra viento y marea el que hoy será tu trovador lucha para que Fuentes pueda gozar de la Paz y la Esperanza, cómo ha retado a los mismísimos alarifes Ruiz Florindo para que un paso de misterio pueda salir bajo el dintel de este Convento de San José en la tarde de los Hosannas.
Han sido sus pies portadores del Rey de Reyes en la Custodia y son sus manos, cada año, las primeras en tocar esa bendita carreta, de símil azulejería trianera, para sacarte a la calle, Madre de Dios «Sentaíta».
Y por qué no hablarte de las manos del pregonero, María. Con ellas se ha tenido que enfrentar a la soledad de una hoja en blanco en un desierto de cuatro meses. Las mismas manos que cada año propinan vida a una caja o un tamboril, las que marcan compás, ritmo, cadencia, medida y pauta, desde hace lustros, en Misas del Gallo y de Romeros, en casetas de feria que impregna de «Aromas» o en cuartetas por febrero.
Unas manos que son el pan de su sustento y en las que con una alianza selló el amor de su existencia al unirse a Isabel, su fiel y leal compañera.
Un antes y un después marcó Dios en la existencia del pregonero, Madre. Tuvo al alcance el don más codiciado cuando el amor es pleno: los hijos. Y recalaron uno tras otro, arribando en puerto feliz, los tesoros de la casa; primero Diego, luego Isabel.
Tú bien lo sabes, María. Allí está él, cuando sus manos son requeridas para, con buen hacer y sabio magisterio heredado de sus mayores, dar forma al metal y convertirlo en pollero, altar de cultos, andas o parihuela.
¿Y su voz? La misma que hoy dará vida a la palabra es cadencia acompasada en el sonar de una sevillana y, hace cinco cuaresmas, abrió plaza en el Pregón de la Semana Santa fontaniega presentando a su amigo, compadre y cuñao’ en sus menesteres retóricos.
No son pocos, Madre mía, los matices de la vida del pregonero que poco a poco te voy presentando. Querencias y pasiones que dan cuerpo a una persona, un semejante de fe al que desde niño enseñaron a quererte, pedir y agradecerte y hoy tiene la regalía de clamar tus Glorias, María.
Una proclama que cumple una treintena de voces, unidas bajo el mismo sentir a la Virgen de don Bosco. Un amor que al pregonero le es curtido y veterano.
A pesar de nuestra juventud, han pasado ya los años, pregonero. Y a la Virgen no hace falta que mi voz le cuente aquellos mayos que dimos cuerpo al Grupo Joven de la Hermandad de María Auxiliadora. Ya no éramos unos niños, en aquellas atardecidas de mil colores desafiábamos a ser hombres. Y con esa rebeldía que caracteriza a la mocedad, allí estuvimos aquel 1997. Era la primera y única vez que a lo largo de la historia de la Romería la lluvia impedía la misma. Pero la tarde se hizo rayo de luz, y entre tronar de cohetes y soniquete de sevillanas la Virgen recorrió las calles en un alarde de camino trocando albero por adoquines.

Pregonero, dale armonía al verso, otorga cuerpo a la palabra y vida misma a la escritura, para anunciar con tu personal cadencia que «cuando llega el mes de Mayo y florece el girasol», «una mañana de mayo» «corta el silencio un cohete» y «a las ocho la mañana ya está tocando el tambor», al tiempo que «las campanas del Convento repican con alegría».
Acércanos a aquel tiempo añorado de decenas de carrozas en el que un romero alardeaba: «desde Fuentes al Castillo yo voy andando, lo mismo a los carlistos que a los chaparros», y pregúntale a la flamenca «¿al pasar el Alamillo María qué me ha pasao’?». En ese «Quema» fontaniego, hoy perdido.
Y por ello «mira la cara de pena de María Auxiliadora», a cuya nostalgia se une «el arroyo el Alamillo que está triste y desconsolao». Que no era quebranto, era la melancolía, y otra primavera más «el 24 de mayo empezamos los romeros» a preparar los avíos’ y con añoranza entonar: «Auxiliadora Morena, hoy estrenas tu carroza» por nuevas sendas, «camino de la fuente».
Cuéntanoslo, pregonero, que «para ser un bueno romero hay que echarse a caminar», y cómo las manos del que te engendró repiten el mismo ritual cada año.
Y en éste, más que nunca, «quisiera ser agüita clara de la Fuente de la Reina» cuando tu padre haga romero al fruto de mis desvelos.
Grita, pregonero, «¡qué en el camino de vuelta hacen falta más romeros!», inspírate en las «mil poesías que, gorrilla en mano, en su pastelería soñó Rafael» y renueva tu juramento, alto y claro ante la Madre de Dios, de que tus «lágrimas de niño nunca fueron comprás’».

Los argumentos me sobran, pregonero, estorbo soy ya para tu tiempo.

Agarra la partitura
en la que has puesto las notas,
que de tu corazón brotan
al compás de una conjura.
Será tu literatura
-la gloria de la Señora-,
disfruta, que el tiempo pasa
que luego se te hace escasa
y en tus manos se evapora.

Trovador de los perfiles
en el mayo de María,
que culmina en romería
dibujando dos frontiles
al compás de tamboriles.
Mayo, Rosario mariano,
de Triduo con Salesiano,
y una tarde importante
el veinticuatro radiante
jura de nuevo hermano.

Cubriendo un trono de arte
un cielo de banderitas
rosa y celeste, benditas,
Paradas con su estandarte,
chaval que sueña llevarte,
en la procesión de gloria
«Sentaíta» vas notoria.
Y una tarde de chiquillos
flamenca y gitano pillo
con flores para tu gloria.

¡María!, he aquí tu pregonero,
guardé su nombre hasta aquí:
es Diego González Ruiz.
Él bien conoce el sendero
es veterano romero,
al que le ha llegao’ su cita.
Llévanos hasta su Ermita
con tus dotes oradoras
que es María Auxiliadora,
«Cochoba», tu «Sentaíta».








miércoles, 11 de abril de 2012

LA TORRE DE SANTA MARÍA LA BLANCA Y EL ENIGMA DE SAN FLORIÁN


(Trabajo realizado conjuntamente con mi amigo Antonio Gamero Osuna, licenciado en Bellas Artes en la especialidad de restauración y conservación de obras de arte)

El lunes 12 de diciembre de 2011 será uno de esos días que quedará marcado para la historia, no solo de la feligresía de Santa María la Blanca, sino de todo el pueblo de Fuentes de Andalucía.
Lo que para muchos se había convertido en una utopía, se hacía realidad. Aquel amanecer nos despertábamos con el inconfundible sonido del repique de las campanas de la Iglesia Parroquial –durante los últimos años calladas– y el tronar de cohetes, que anunciaban la feliz noticia del comienzo de las obras de restauración de la Iglesia Parroquial Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía, casi ocho años después de su clausura, acontecida en enero de 2004.
Largos –y en muchos casos desilusionantes – años en los que la Comisión parroquial y ciudadana creada al efecto ha venido realizando numerosos contactos y actuaciones encaminadas a recaudar fondos e impulsar la recuperación del edificio, en los que ha conseguido reunir en torno a 300.000 euros, a los que hay que sumar los 400.000 que ha aportado el Arzobispado de Sevilla para que puedan comenzar las obras.
El proyecto global de recuperación del edificio, bajo la dirección del arquitecto Enrique Larive López, consta de cuatro fases, dividiéndose la primera de ellas en dos partes, que podemos denominar 1A y 1B.
La fase 1A es la que comenzó el pasado diciembre, con un plazo de ejecución de 10-12 meses y un coste aproximado de 685.000 € como presupuesto de contrata, englobando la rehabilitación estructural de las cubiertas de toda la iglesia y la restauración de la torre, campanas y el artesonado mudéjar.
Una obra cuya empresa adjudicataria es el grupo ursaonense Sanor, especialista en este tipo de intervenciones sobre el patrimonio histórico-artístico y con más de veinticinco años de experiencia en la materia, respetando las formas originales y consiguiendo restaurar con gran fidelidad las obras en las que interviene.
A lo largo de 2012, entre todos hemos de aunar esfuerzos para conseguir la obtención de fondos y la consecución inmediata de las obras con la fase 1B. Parroquia, Comisión, Arzobispado, Ayuntamiento… todos remando en el mismo sentido para conseguir lograr el objetivo común: la reapertura del principal templo de la localidad.
Estas acciones a desarrollar durante el presente año son sumamente importantes, teniendo en cuenta que culminada la fase 1 al completo, es decir, 1A y 1B, el templo se podría abrir y reanudar el culto en el mismo.


LA REHABILITACIÓN DE LA TORRE
Desde el comienzo de las obras, semanalmente estamos desarrollando un detallado seguimiento fotográfico de todo el proceso de recuperación del edificio, así como de visualización de la progresión de los trabajos acompañando al párroco.
Durante el tiempo transcurrido desde el inicio de la intervención, dos grupos de trabajo simultanean la actuación en dos puntos distintos del edificio: la torre y la techumbre de la nave central y las dos contiguas a ésta.
En la primera visita que realizamos a la parte superior de la torre, muy dañada, gratamente nos sorprendimos con que la misma no solo estaba decorada exclusivamente con azulejería polícroma, sino que Alonso Ruiz Florindo había utilizado también técnicas de esgrafiados [1] y la combinación de diversos colores en multitud de dibujos geométricos. Una decoración que era inapreciable desde abajo por el deterioro sufrido por la torre a consecuencia de los agentes atmosféricos y el paso del tiempo.
Cuando en los próximos meses los trabajos vayan avanzando y la torre sea descubierta, librada de la compleja estructura de andamios que la rodea hasta su punto más alto –aproximadamente 34,50 metros desde la cota cero–, la misma va a estar totalmente irreconocible, teniendo en cuenta que los técnicos están procurando que ésta recupere fielmente la imagen con la que fue concebida en el siglo XVIII.

SU CONSTRUCCIÓN
El templo parroquial de Santa María la Blanca en su conjunto es consecuencia de un largo proceso de profundas obras y ampliaciones acontecidas entre los siglos XVI y XVIII, siendo en este último cuando tomó su forma definitiva, coincidente con la actual.
Los daños ocasionados por el terremoto de Lisboa –noviembre de 1755– en la iglesia de Santa María la Blanca afectaron principalmente a la torre, por lo que se tuvo que intervenir en un breve espacio de tiempo en ella. Tras el paso por la parroquia del maestro mayor de obras del Arzobispado Tomás Zambrano y el parecer de los alarifes de las villas de Osuna, La Campana y Écija, la fábrica parroquial nombró a Alonso Ruiz Florindo como director de las obras de reparación de la iglesia, especialmente de la consolidación de la torre como elemento más perjudicado [2].
Alonso Ruiz Florindo (1722-1786), fue el más notable de los miembros de la dinastía de alarifes fontaniegos, destacándolo los expertos en la materia como el alarife de mayor personalidad de los conocidos en Fuentes, que imprimía a sus obras mayor riqueza ornamental y prodigando el estípite [3], que con él tenía modalidades muy diversas y específicas [4].
Las obras de consolidación del edificio se realizaron en 1756, en las que Alonso invirtió la mayor parte de los 15.000 reales que costó la reforma total [5]. Posteriormente, entre 1756 y 1757, remató la inacabada torre, sobre fuste antiguo, que había perdido como consecuencia del movimiento sísmico el remate proyectado en la década de 1740 por el maestro mayor de obras arzobispal José Rodríguez. Para ello, sustituyó el característico remate en chapitel o “aguja” trazado por Rodríguez por una terminación más compleja, con varios cuerpos geométricos superpuestos: base troncocónica sobre ochavo, linterna [6] cilíndrica y remate final. El resultado desde el punto volumétrico, aunque original, es a menudo calificado como tosco con una ostensible falta de unidad entre el cuerpo de campanas y el resto [7].
Sin embargo, en la torre de Santa María la Blanca, tal como citamos antes, destaca la labor decorativa, basada en el estípite y la azulejería polícroma, el estilo de las soluciones dadas por la arquitectura astigitana a estos tipos constructivos.
También utilizó Alonso técnicas de esgrafiado y la combinación de diversos colores remarcando los volúmenes creados. Así queda reflejado en las cuentas de la obra de la torre, en casos como el apunte: «De diferentes colores, almagra, ocle, humo de pes que se trajeron de Ézija para pintar la torre 23 reales. / Ytem de tres libras de esmalte que se trajeron de Sevilla dies reales la libra 30 reales» [8].
La obra de la torre de Santa María la Blanca parece suponer un ensayo de usos estructurales y sobre todo decorativos de los que será la prolífica producción posterior del maestro fontaniego Alonso Ruiz Florindo.

EL AZULEJO DE SAN FLORIÁN
Alonso Ruiz Florindo, que de igual modo que en la construcción de la Ermita de San Francisco contó en la obra de la torre con la colaboración de su hermano Cristóbal, utilizó gran cantidad de losas de cerámica polícroma en color azul para la decoración de ésta, muchas de ellas apreciables a pie de calle.


En la grata primera visita que realizamos a la cúspide de la torre, pudimos observar cómo la linterna no solo estaba decorada con cerámica de color azul, sino que se alternaban con otros pequeños elementos cerámicos de varios colores, en los que predominaba un fondo amarillo con dibujos en tonos ocres, azules y verdes y apreciándose partes de lo que podían ser figuras de personajes.
Fotografiados todos y cada uno de los elementos que consideramos similares, procedimos al recorte y montaje digital del particular puzzle, llevándonos un sorprendente resultado. Alonso Ruiz Florindo había usado material de acarreo, reutilizando azulejos de un paño cerámico del siglo XVIII para decorar la linterna de la torre.
En líneas generales, podemos decir que se trata de parte de un retablo cerámico, similar a los utilizados para los bancos de los retablos o los dinteles de las puertas –como el que se sitúa en la entrada lateral del convento fontaniego de las Madres Mercedarias, que da acceso a la zona residencial de las monjas–.
Respecto a la iconografía aparecida tras la recomposición del paño cerámico, en éste aparecen dos varones, cada uno con una indumentaria propia que manifiesta la formación de cada uno de ellos. El de la izquierda se presenta como un guerrero, con escudo y armadura, semejante a los soldados romanos. Porta en su mano derecha una palma, símbolo inconfundible de un mártir cristiano. En la parte inferior se nos desvela el nombre, con una inscripción que dice: «S. FLORIAN MARTIR». Un santo austriaco del siglo IV no muy común en España, que ciertamente existió y fue mártir, cuya devoción está extendida por centro Europa, donde es Patrón de Polonia.
El otro varón se presenta vestido con la indumentaria propia de un obispo: mitra, báculo y capa pluvial. Del mismo modo, bajo sus pies, aparece una inscripción que cita «S. FLORIAN OBISPO». De este personaje poco se puede decir, ya que no lo hemos localizado ni en el santoral cristiano ni en la lista que recoge los nombres de los obispos santos. Sí existe, Florentino, Florencio y Florenciano, pero ningún Florián.
Una hipótesis propia nos lleva a plantear que Alonso Ruiz Florindo, como director de la intervención, no reutilizó un paño cerámico procedente de otro lugar para decorar la nueva linterna que construía para la torre de Santa María la Blanca, sino que el mismo fue encargado expresamente para ser colocado en el citado lugar. Así, Alonso y Cristóbal, los dos hermanos Ruiz Florindo en activo, firmaron a su forma su magna obra, en lo más alto de la nueva torre.
A similitud de los personajes del paño cerámico, Alonso y Cristóbal también eran dos, y su apellido proviene de una palabra latina que significa flor, «Floris». Del mismo modo, las dos figuras representadas atienden al nombre de Florián, cuya raíz proviene de la misma palabra latina.


Un enigma oculto en la torre fontaniega. ¿Simple casualidad o una realidad? ¿Mero reciclaje o hemos descubierto la firma de la obra de la que ya se tenía constancia por la documentación archivada?
Sea como fuere, la hipótesis nos aporta la rúbrica de una zaga de alarifes que con sus manos y su trabajo hicieron barroca la arquitectura de esta tierra, engalanaron nuestras calles, nos dejaron verdaderas joyas edificadas y en la que nos ha ocupado en el presente texto firmaron de una forma muy especial para que perdurara su identidad a lo largo de la historia.

NOTAS:
1) Trazar dibujos en una superficie estofada haciendo saltar en algunos puntos la capa superficial y dejando así al descubierto el color de la siguiente.
2) OLLERO LOBARO, F. y QUILES GARCÍA, F.: Fuentes de Andalucía y la arquitectura barroca de los Ruiz Florindo. Sevilla, 1997.
3) Pilastra en forma de pirámide truncada, con la base menor hacia abajo.
4) SANCHO CORBACHO, Antonio: Arquitectura barroca sevillana del siglo XVIII. Madrid, 1984, reed.
5) Archivo Parroquial de Fuentes de Andalucía. Libro de Cuentas de Fábrica de 1752. Folio 108.
6) Torre pequeña más alta que ancha y con ventanas, que se pone como remate en algunos edificios y sobre las medias naranjas de las iglesias.
7) OLLERO LOBARO, F. y QUILES GARCÍA, F: Fuentes de Andalucía y…
8) Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Justicia. Ordinario. Autos de fábrica. Leg. 2104. Cuentas de la obra de la torre de la iglesia. 1757.

miércoles, 28 de marzo de 2012

ENTREGA DEL LLAMADOR DE LA SEMANA SANTA DE FUENTES DE ANDALUCÍA 2012

El pasado sábado 24 de marzo, en el transcurso de la Función Principal comunitaria de las Hermandades y Cofradías de Penitencia, se procedió a la entrega del “Llamador de la Semana Santa de Fuentes de Andalucía 2012”, distinción que anualmente se entrega a un cofrade fontaniego por su trabajo constante en pro de la Semana Santa y las hermandades y cofradías fontaniegas y que en 2012 alcanza su duodécima edición.
Un reconocimiento que ha recaigo este año en mi persona, por lo que estoy sumamente agradecido.
Mi mano será la que toque el martillo del paso del Señor de la Paz el próximo Domingo de Ramos a las 5 de la tarde, inaugurando una nueva Semana Santa fontaniega.
En el acto, fuimos sorprendidos con la entrega a mi hijo Martín de su primer recibo como hermano de la Asociación de la Borriquita.
A continuación se muestra el texto de la intervención de mi gran amigo Antonio Díaz Parrado, al que en nombre de la Asociación Parroquial de la Borriquita, dio lectura argumentando la distinción, así como las palabras que como galardonado dirigí a los presentes y una pequeña galería gráfica del acto:


“Si Fuentes hubiese sido Jerusalén, si el Señor de la Paz hubiese escogido de entre nosotros, fontaniegos, a sus doce apóstoles, seguro que él habría sido uno de los doce elegidos. No Pedro, porque jamás lo habría negado. Nunca, Judas, porque jamás lo habría traicionado. Seguro, hubiese formado parte de aquella avanzadilla que marchó a buscar a una borrica, para cumplir lo que dijo el profeta: “Decid a la hija de Sión: He aquí tu Rey. Viene a ti, manso y sentado sobre un borriquillo, hijo de bestia de carga”.
Así fue. Cuando el Señor de la Paz hizo su entrada triunfal en Fuentes aquel mes de Enero del año 2000, él estaba a su lado para que nada le faltara. Para que todo saliese a la perfección. Yo le veo más de la estirpe de Juan: siempre al lado de Jesús, valiente y luchador, discreto y entregado, siempre imagen secundaria y en la sombra, pero imprescindible. Siempre con María, la Virgen, a la que venera y rinde pleitesía por esa Esperanza que ha tomado de Ella. Por esos Dolores que, como Ella, ha padecido en silencio y con una sonrisa y una palabra de entereza para con los demás. Siempre dispuesto a los designios de su Merced. Hasta en el Mayor Dolor que un padre puede sufrir se aferró a Ella. Y, al igual que Ella, se bebió sus lágrimas en el recogimiento de su Soledad. No cabe duda: es de la estirpe de Juan. Trabajador, voluntarioso, solidario, entregado, ajeno de sí mismo y esclavo de su corazón grande.
Hijo de Juan y Dolores, Francisco Javier González Fernández, nace un veintiocho de febrero del año de Nuestro Señor Jesucristo de 1981, en el seno de una familia cristiana y creyente que desde su nacimiento le inculcan la fe, el amor y el fervor por un Cristo sedente y humilde, al que guardan los muros de una casapuerta bendita en el barrio del Postigo fontaniego, junto a Su Madre, la Virgen de los Dolores. Me atrevo a decir que algunos de sus primeros pasos debió darlos por esos corredores que tan afanosas recorren cada día las Hermanas de la Cruz, por las que él siente verdadera admiración y orgullo de hijo. Sí, Hijo con mayúsculas. Sólo hay que ver su mirada cuando se postra ante las plantas de Madre. Su Madre Angelita.
Mi primer contacto con él fue allá por los finales de los ochenta. Encontrándome dentro del cuerpo de monaguillos que don Manuel de Azcárate formó, se incorpora un buen día un moreno canijillo, travieso como él solo, al que sus amigos de promoción llamaban Francis. Después vinieron ensayos de coros de Navidad y Romería, grupos de sevillanas, comparsas y carnavales. Pero sobre todo, Semana Santa. Devoción, Pasión y tradición. Fue él quien me llamó para formar parte de una preciosa aventura: dar cuerpo a una Junta Promotora para fundar en Fuentes de Andalucía una Hermandad y una devoción hacia una nueva imagen de Cristo a lomos de una borriquita. Al tiempo me fui retirando, pero él siguió luchando junto a otros pocos valientes (y lo de pocos va en sentido literal), para que su Cristo estrenara faldones, y paso, y nazarenos, y niños vestidos de hebreos,… Y apostó por pregoneros fontaniegos, por los jóvenes,… pero sobre todo, apostó por abrazar junto al nombre de Fuentes el apellido de las cosas bien hechas.
Junto a ese moreno canijillo, toda la pandilla nos fuimos haciendo hombres. Cada uno con sus cosas, sus gustos, sus preferencias,… pero siempre queriendo sembrar la semilla de una misma familia, todos juntos, aunque la sangre se empeñara en contradecirnos. En esa pandilla, conoció a la que es la mujer de su vida: Mari Tere. Su fiel consejera, siempre a su lado, sonriente y dispuesta como él, respetuosa en sus proyectos y sufridora, como no puede ser de otra forma en estos casos, de grandes momentos de soledad y espera. En definitiva, su principal apoyo. Qué grande es ver que hoy Mari Tere trae en sus brazos el fruto bendecido del amor más grande que existe: el de unos padres valientes como pocos habrá.
Compaginando sus estudios, su trabajo y su dedicación a la Hermandad de la Borriquita, se nos fue erigiendo por sus inquietudes y su amor por nuestra historia y tradiciones como un prometedor investigador y cronista de los de antigua usanza, pero a la vanguardia de las tecnologías. Hoy, posee ya varias obras que han visto felizmente la luz y de las cuales ha tenido que firmar nuevas ediciones.
Me van a permitir que pase por alto, hoy, ese tipo de presentaciones de: cursó sus estudios en tal instituto, está diplomado en tal titulación, etcétera. Hoy, el Llamador de la Semana Santa de 2012 besará las manos de un amigo, de un hermano mío. Y agradezco hasta lo indecible a la Junta de Gobierno de la Asociación Parroquial del Santísimo Cristo de la Paz en su Gloriosa y Triunfal Entrada en Jerusalén y Nuestra Señora de la Esperanza que hayan designado el honor de esta exaltación en mi persona:
Pregonero de nuestra Semana Mayor en 2008, Felicitador de Nuestra Señora de la Aurora de 2011, colaborador incansable de cualquier Hermandad, Asociación o corporación, pieza fundamental en la Junta de Gobierno de la Hermandad de María Auxiliadora, ferviente baluarte de la Comisión para la restauración de nuestro templo parroquial,… por los méritos de sobra conocidos por todos los presentes, hoy recibe el Llamador de la Semana Santa de Fuentes de Andalucía, en su décimo segunda edición nuestro querido y admirado: D. Francisco Javier González Fernández.
Enhorabuena, Francis.”

Solo puedo deciros palabras de gratitud.
Gracias a Dios, porque es Él el que lo ha hecho todo. Nosotros somos meros instrumentos, las manos al servicio de su Reino, aunque no siempre hacemos las cosas como Él quiere.
Gracias a mis hermanos de la Asociación Parroquial del Señor de la Paz (La Borriquita) por honrarme, a pesar de mi juventud, con esta distinción cofrade en esta bendita Cuaresma de 2012.
Gracias a mi mujer, que soporta mi incesante pasión cofrade. A mi familia, a mis amigos y a toda la gente de las hermandades y la Parroquia que tanto me han enseñado y de la que tanto tengo todavía que aprender.
Gracias, amigo Antonio, por tu elogiosas palabras para con mi persona. Los que me conocéis, sabéis que los únicos argumentos que me avalan son estar siempre dispuesto para mi Parroquia o cualquier hermandad, y trabajar por y para engrandecer la Semana Santa de esta tierra fontaniega.
Un llamador que viene debajo del brazo de un cofrade que hoy cumple su primera semanita de vida. Martín no le ha traído a su padre un pan debajo del brazo, sino el martillo de un paso y el privilegio de hacer sonar el llamador del paso del Señor de la Paz el próximo Domingo de Ramos a las 5 de la tarde.
“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.
Gracias, Dios mío.
Gracias, hermanos,
Gracias a todos por vuestras innumerables muestras de alegría y cariño.
“El amor, con amor se paga”.
















lunes, 5 de marzo de 2012

NUEVOS DATOS SOBRE LA DEVOCIÓN AL CRISTO DE LA PIEDAD Y MISERICORDIA DE FUENTES DE ANDALUCÍA (Señor del Calvario)


La historia de la Semana Santa fontaniega, y por ende de sus hermandades y devociones, es altamente desconocida, debido esencialmente a la escasez de documentos históricos e importantes lagunas que presentan los archivos de las cofradías, donde, como ya hemos denunciado en otras ocasiones, ha influido la ausencia de unas dependencias propias de las entidades a lo largo de los siglos y el escaso valor dado a los libros de actas, cuentas, inventarios… por parte de los regentes de las mismas.
El presente trabajo tiene como objetivo un nuevo acercamiento particular a la historia de la veneración al Señor del Calvario, una de las devociones populares más extendidas en la población fontaniega, inspirando arraigadamente el fervor del pueblo y la piedad popular.
El hallazgo de nuevos documentos históricos en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla –hasta ahora desconocidos– y la localización de un azulejo del siglo XIX –temporalmente depositado en el Archivo Parroquial– que existía en la Ermita y fue extraído de su ubicación durante el periodo en el que la misma permaneció cerrada y abandonada durante la década de 1990, nos aporta nuevos datos para ir completando la historia de esta particular devoción que el pueblo de Fuentes profesa al Cristo del Calvario. Referencias que se han ido cruzando con las ya conocidas y los propios testimonios de vecinos y devotos, para intentar obtener la máxima veracidad de la reseña histórica aquí relatada.
No por ello, aún son muchas las interrogantes que siguen sin respuestas y que nos estimulan a seguir investigando para sacar a la luz nuevos datos y poder relatar la crónica histórica particular de esta devoción y cuanto le rodea, repercutiendo ello en el contenido de los Anales de las Cofradías y la religiosidad popular fontaniega, en cuya materia venimos trabajando desde hace años y que –Dios mediante– esperamos algún día completar para su publicación, conocimiento y disfrute de todos y como incremento del patrimonio inmaterial de las Hermandades y Cofradías de Fuentes de Andalucía. Una temática de investigación local que dio como primer fruto nuestra obra Fuentes Penitente, de cuya edición se cumplen en esta Cuaresma de 2012 diez años, y los sucesivos estudios específicos que hemos ido publicando, principalmente en este Boletín de las Cofradías o en otros medios como la monografía Aurora Nostra.

EL ORIGEN DEL CALVARIO
«El día 30 de marzo de 1870 se edificó este Calvario por la piedad y por cuenta del piadoso vecindario». Este texto, plasmado a la entrada del actual recinto de la Ermita del Cristo, nos aportaba el único dato de carácter histórico que se poseía de cómo surgió este lugar tan popular entre la ciudadanía fontaniega y la devoción a este pequeño Cristo crucificado bajo el título de Señor del Calvario.
Una referencia a nuestro parecer incorrecta tras consultar el texto del azulejo original, en el que consta: «El día treinta de marzo de mil ochocientos setenta se renovó este Calvario por la piedad y por cuenta del piadoso vecindario». Por tanto, según se descifra en el el epígrafe, se puede interpretar que la Ermita no fue levantada en 1870, sino que ya existía con anterioridad.
La cita histórica documental más remota data de 1885, fecha de la que se conserva un inventario de la Capilla, situada «en las afueras del pueblo en un lugar denominado Calvario» [1], zona de la villa que ya en el siglo XVIII aparece en cierta documentación del Archivo Municipal nominado como Palmar del Calvario [2].
Lo que sí se puede afirmar es que el Cristo, originariamente, atendía al título de Santísimo Cristo de la Piedad y Misericordia, recibiendo culto en la Capilla del Calvario, todo ello documentado en varias fuentes. Y fue a lo largo del siglo XX cuando el Señor tomó su advocación actual del lugar donde recibía culto, a causa de la tradición oral del pueblo.

MECENAS DEL CULTO
Todo cuanto albergaba la pequeña Capilla del Calvario en su interior, tales como alhajas de plata u otro metal, objetos de culto, bancas y ropa de altar era propiedad de la devota María Dolores Moreno, y así queda recogido en el inventario realizado en 1885.
Hasta 1901, esta piadosa mujer era la que se había encargado del culto, reparación y ornato del templo con las limosnas que recolectaba de «otros fieles devotos, aumentando más y más, con este celo por la gloria de Dios, la devoción hacia el Stmo. Cristo de la Piedad y Misericordia; pero habiendo dispuesto el Señor pasara a mejor vida para alcanzar los goces prometidos a los que de verdad le aman, y no encontrándose otra persona en quién concurrieran todas y cada una de las cualidades que adornaban a la fervorosa difunta» [3], un grupo de devotos se reunió con objeto de constituirse en Hermandad para desarrollar los fines expresados de culto, ornato, conservación y reparación del pequeño templo del Calvario.

LA FUNDACIÓN DE LA HERMANDAD
Fue el 8 de junio de 1901 cuando el conjunto de devotos del Cristo del Calvario, antes citados, reunidos con «el favorable parecer de nuestro celoso párroco y bajo su digna presidencia» [4] –D. Juan Baustista Jiménez Barros–, determinaron «dejar instituida la Hermandad, nombrando una Junta directiva o de Gobierno y acordando las bases o artículos para su mejor régimen» [5].
Un Reglamento que fue firmado por los 24 devotos –entre ellos cuatros sacerdotes excluido el párroco– promotores el 10 de Julio de 1901 y enviado al Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo de Sevilla, D. Marcelo Spínola y Maestre, suplicando se dignara a «aprobar y bendecir esta nueva Cofradía si lo estimase conveniente, como también las bases acordadas en el adjunto Reglamento después que hubieran sido visadas y modificadas por quién a bien tenga, no sin dejar de conceder Indulgencias a sus Cofrades cuando practicaran todos y cada uno de los actos que se mandan en el ya referido Reglamento» [6].
Los impulsores de la nueva Hermandad, cuyas firmas rubricaron las primeras Reglas de ésta, fueron: Rafael González, Pbro., José María Armías, Manuel González Caballero, Pbro., Fernando Morales, Pbro., Jesús Armías, Pastor Gallego, José López Romero, Pbro., Francisco Urbán, Vicente García, José Camúñez, Julio Vázquez, Antonio Jiménez, Paulino Morente, Narciso Fernández, Pablo Ávalos, Joaquín Bordoy, Justo García de Vinuesa y Pinilla, Sebastián Pérez, Francisco de Paula Reina, Francisco Caro Fernández, Sebastián Pérez Lora, Manuel Oliva López, Gabriel Flores y Francisco Caro Crespo.
Presentado el Reglamento a la autoridad eclesiástica, su aprobación se demoró en el tiempo, ya que se propuso por parte del Arzobispado la modificación de determinados artículos, cuya enmienda fue realizada y enviada de nuevo a Palacio.
Ante la dilación, el párroco D. Juan Bautista Jiménez escribió de nuevo al Arzobispo en julio de 1903, informándole que había en Fuentes «mucha devoción a la imagen de Jesús de la Piedad y Misericordia, principalmente en la parte del vecindario más inmediata a la Capilla donde se venera, y que hallo muy en razón la aprobación del Reglamento de dicha Hermandad, pues ha de contribuir mucho a sostener la piedad de aquellos feligreses que están más apartados de la Iglesia Parroquial». Hemos de tener en cuanta que en esta fecha la capilla se encontraba totalmente aislada en el campo, ya que los límites del casco urbano del pueblo por esta zona iban desde la estación del ferrocarril por la trasera de las viviendas de las calles Marchena y Sol, la propia calle Calvario (Los Corrales) y el Molino de Herce.
Finalmente, el 20 de mayo de 1904 las Reglas de la nueva Hermandad fueron aprobadas por un periodo de 4 años, a los que la entidad tendría que instar para su aprobación definitiva.

LAS PRIMERAS REGLAS DE LA HERMANDAD
El Reglamento aprobado, por el que se rigió la Hermandad en sus primeros años de existencia se compone de 5 capítulos, que aglutinan 31 artículos.
Los fines primordiales de la Hermandad eran difundir la piedad y fomentar la devoción a la sagrada imagen del Santísimo Cristo de la Piedad y Misericordia, atender el culto a la imagen sufragando los gastos que por ello se originasen, ejercer la caridad no solo con los hermanos cofrades sino también con todas las demás personas como hermanos en Cristo y cuidar del ornato, conservación y reparación de su templo del Calvario.
Para cumplir los fines, las Reglas contemplaban no solo las cuotas de los hermanos, sino también otros medios como póstula pública o rifas de objetos o animales, para lo que precisaban la autorización pertinente.
El culto principal era un Quinario anual en Cuaresma, a celebrar en la propia Capilla, con confesión y comunión para cumplir con el precepto pascual, expulsando de la nómina de hermanos a aquel que no lo cumpliera.
Recoge curiosamente las Reglas que durante los meses de junio, julio y agosto se celebraría «misa rezada en la Capilla del Calvario todos los domingos y días festivos con el fin de que los moreros que guarden en las eras inmediatas las mieses en ellas asinadas» pudieran cumplir con el precepto. Esta misa se celebraría al apuntar el sol.
Cualquier cristiano sin distinción de edad ni sexo podía pertenecer a la Hermandad, abonando una cuota de entrada de una peseta con cincuenta céntimos, y como contribución ordinaria diez céntimos semanalmente, cincuenta céntimos al mes o seis pesetas al año. El hermano que llevara un tipo de vida escandalosa, y aconsejado por tercera vez por la Hermandad no se enmendara, sería expulsado.
La Hermandad estaba obligada a asistir a la administración del Viático a los hermanos y sus familiares, pudiendo llevar de doce a veinticuatro luces, así como al entierro de los mismos, que consistía en alumbrar con cuatro cirios el cadáver en la casa mortuoria, rosario y responso por la noche en sufragio de su alma con las insignias de la Hermandad, y estas mismas acompañaban al entierro hasta dejar el cadáver del hermano en el cementerio.
Otro artículo curioso expresa que –a excepción de que la población sufriera algún tipo de epidemia– si algún hermano cayera en enfermedad aguda y no tuviera de qué vivir ni quién le asistiera, la Hermandad le otorgaría por semana una libra y media de arroz, tres tazas de garbanzos, tres cuartos kilos de carne, medio cuarterón de rancio o tocino añejo y dos kilos de pan, dándoles sus correspondientes vales o su equivalente en dinero, y no excediendo más de siete semanas.
El Calvario fue siempre un lugar de peregrinación de la gente humilde y clase trabajadora del pueblo. Ha sido siempre, y hoy lo es, un santuario de piedad popular.

LAS DÉCIMAS DEL SEÑOR
El nombrado azulejo del siglo XIX citado en varias ocasiones, fue colocado en la Ermita del Calvario en 1872, mostrando no solo la quintilla [7] que nos aporta los datos históricos, sino también dos décimas [8] que el Padre Cuaresmal D. Federico García, Pbro. le dedicó al Señor el 1º de agosto de 1872.
En la actualidad una aproximación a una de las décimas, recuperada de la tradición oral, se muestra junto al altar del Cristo del Calvario. Con la localización del azulejo original, reproducimos aquí los versos originales (abajo) y el azulejo actual (a la izquierda).

Habla Jesús Crucificado:

Contémplame ¡o pecador!
en esta cruz enclavado,
y mi cuerpo destrozado
por ser tu libertador.
¿No te muevo ya a dolor
de haberme tanto ofendido
si arrepentido y rendido
a mis pies perdón imploras
te perdono desde ahora
las culpas que has cometido.

Contemplas al Redentor
en un madero enclavado;
y no ves que tu pecado
es causa de su dolor.
Tú conoces pecador
lo que a Jesús has costado?
¡Mira! si no has confesado
corre a buscar confesor;
pues no tienes salvación
sin confesar tus pecados.




NOTAS:
1) Archivo Parroquial Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía. Sección Fábrica. Serie Inventarios. Inventarios de las Iglesias de Fuentes de Andalucía,1885.
2) CERRO RAMÍREZ, Jesús: La villa de Fuentes (1578-1800). Fuentes de Andalucía,2011.
3) Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Fondo Justicia. Serie Hermandades. Legajo 134. Reglamento de la Hermandad de Nuestro Padre y Señor de la Piedad y Misericordia fundada en Fuentes de Andalucía. Año de 1901.
4) Ibídem.
5) Ibídem.
6) Ibídem.
7) Combinación de cinco versos octosílabos, con dos diferentes consonancias, y ordenados generalmente de modo que no vayan juntos los tres a que corresponde una de ellas, ni los dos últimos sean pareados.
8) Combinación métrica de diez versos octosílabos, de los cuales, por regla general, rima el primero con el cuarto y el quinto; el segundo, con el tercero; el sexto, con el séptimo y el último, y el octavo, con el noveno. Admite punto final o dos puntos después del cuarto verso, y no los admite después del quinto.

lunes, 13 de febrero de 2012

¡A LARDEAR!


En Fuentes de Andalucía, el Jueves Lardero y el Carnaval son dos momentos festivos que van indiscutiblemente unidos, sin llegar a entenderse el uno sin el otro.
Con la celebración del Jueves Lardero, en la semana anterior al Miércoles de Ceniza, se da el pistoletazo de salida a los días de fiesta y jolgorio en los que se desarrolla el estudiado Carnaval fontaniego, reconocido más allá de nuestras tierras por sus características que lo dotan de una esencia única.
Llegan ambas festividades previas al inicio de la Cuaresma, tiempo litúrgico al que el cristianismo imprimió el valor de período de limpieza, purga o purgatorio. Cuarenta días de ayunos y abstinencias para conseguir la purificación de los fieles, que toca a su fin el Domingo de Ramos, enlazando con la Semana Santa.
Así, la celebración del Carnaval (carnem levare = quitar la carne) se convirtió en una fiesta de despedida de la carne. Se procuraba gozar todo lo posible de la carne porque después, y durante cuarenta días, la Iglesia prohibiría catarla.
Hablan de ello los términos Carnestolendas (carne que ha de ser suprimida) y Jueves Lardero (lardus = tocino, gordo, carne gorda, grasa,). De este modo, en el habla de la tierra quedaron los términos lardero, lardear, y en los más mayores los vulgarismo «ladrero» y «ladrear».
El Jueves Lardero era una fiesta que surgió con un claro carácter pagano y popular, y no pretendía celebrar ningún acontecimiento jubiloso; por el contrario, su finalidad era aprovechar la última posibilidad de disfrute que se le presentaba al pueblo antes de un período largo de abstinencia. Como el hombre que va a atravesar un desierto se harta por última vez de agua, así el cristiano que debía enfrentarse al tiempo de Cuaresma, pretende despedirse de las cosas buenas de la vida.
Entre la media mañana y el mediodía, la gente se trasladaba en masas a la Fuente de la Reina andando, en carros, mulos, burros… cargados de talegas y canastos con hogazas y pan de rosca, entornaos, palmitos, huevos duros, chorizo, tocino de hoja y otras viandas, creando un ambiente de fiesta que permanece en la memoria de muchos de nuestros antecesores.
Era típico en este día, al igual que en la «Fiesta de la Ermita», que algún que otro fotógrafo forastero visitara el paraje y retratara a grupos de amigos y familia, y prueba de ello es el abundante material gráfico que de esta festividad hemos obtenido. En los años setenta, los terrenos de la verada de la Fuente de la Reina donde se celebraba el Jueves Lardero se convirtieron en un vertedero, y durante algunos años se celebró en los pinos, paraje de singular belleza en la zona del Arenal desaparecido a finales del siglo XX a causa de las diversas canteras de extracción de arena de propiedad privada sobre el que se asentaba el pinar.
Tras varios años de decadencia coincidiendo con el periodo del final del franquismo y la Transición, la fiesta pasó por un corto espacio de tiempo al paraje del Alamillo, aunque de forma muy transitoria. En las últimas décadas la fiesta ha retomado protagonismo, regresando a la vereda de la Fuente de la Reina, pero en una zona más alta, ocupando también las instalaciones del Parque Rural Municipal «Molino de Viento».
La popular fiesta del Jueves Lardero daba paso inmediato a la celebración del Carnaval, del que los diferentes estudios realizados sobre el mismo en Fuentes de Andalucía certifican su existencia probada desde principios del siglo XX, de una manera ya asentada y tradicional, aunque procede de tiempos anteriores. No se dispone de información escrita ya que por esta época el ente municipal ni organizaba ni participaba. Era una fiesta básicamente del pueblo y para el pueblo y su historia no la podemos recuperar más allá de donde llegan los testimonios de los más mayores del lugar.
A pesar de las prohibiciones y censuras, el Carnaval fontaniego ha llegado al siglo XXI manteniendo parte de su idiosincrasia, con las peculiaridades de las murgas, las máscaras, la calle Carrera y los entornaos, lo que le ha llevado a ser reconocido institucionalmente como «Fiesta de Interés Turístico de Andalucía» desde 2008.



martes, 3 de enero de 2012

EMBELESADOS CHIQUILLOS


En aquel entonces no se pedía, se recibía con alegría lo poco que llegaba. No tenían casi nada y valoraban lo poco, hoy tenemos de todo y no valoramos nada.
Tarde del 5 de enero de un nuevo año, uno más, uno menos. La chiquillería alborotada rebusca sobre el adoquinado de la Carrera algún que otro caramelo, todo un premio para llevarse a la boca endulzando la hazaña.
Es 1961. El pueblo sufre casi a diario la marcha de maletas de cartón que -cargadas de muchos sentimientos y pocas cosas- suben al tren dejando atrás una vida, penosa, pero que no deja de ser vida en la patria chica. Centenares de fontaniegos abandonan su tierra buscando un pan para llevarse a la boca que por muy magos que fueran los Reyes no les iba a caer del cielo.
Pero los absortos infantes viven al margen de la realidad, sumidos en un sueño infantil que -ayer y hoy- en la tarde de Reyes los hechiza, fascina y cautiva. Era la alegría de la venida de los Reyes Magos de Oriente, cuya presencia, aunque fuera por unos instantes, hacía incluso a los mayores olvidar la realidad de la existencia.
Una vida que transcurría lenta, como el andar pausado de la tracción animal que remolca a la carroza del rey Gaspar; esa mula engalanada con florecillas de papel.
Sus Pobres Majestades venían a una España que aunque se vistiera de seda, mona se quedaba. Entonces no había Papa Noël que la noche del 24 dejara regalos bajo las ramas olorosas de un abeto bellamente adornado. No, ese personaje aún tardaría unos años en colarse por nuestras pequeñas y, a veces, inexistentes chimeneas. Mientras tantos, los que en nuestros sueños se afanaban, de aquí para allá, a trote de camello, eran los Reyes de Oriente, que a saber dónde quedaba aquel Oriente.
La única certeza que tenían aquellos niños era que aquellos Reyes debían ser muy míseros, porque los regalos eran sumamente escasos, pero eso sí, recibidos con mucha ilusión.
Era la época de la muñeca de trapo, algún diminuto muñeco, el cochecito de lata, el caballito de cartón o los populares canastitos de papelillos de colores con caramelos o alguna que otra onza de chocolate.
Ahí está la sonrisa del adulto que ve disfrutar a los niños en la puerta de la centralita de teléfonos y la confitería-estanco de la Carrera. Y sobre el humilde trono, S. M. Gaspar llena la mano de caramelos para goce e impaciencia de los chiquillos.
Ante él, un canasto de mimbre –ya casi vacío- rodeado de caballitos con cuatro ruedas, objeto sumamente deseado por cualquiera de los activos espectadores de una de las primeras cabalgatas que recorrían las calles de Fuentes de Andalucía.
Era la noche de Reyes, el atardecer de la ilusión, donde la imaginación se hacía dueña de los sueños, premonición de aquella mañana gloriosa en la que tocaba despertarse nervioso, salir a la calle y presumir de tan poca cosa frente a los otros, que tenían igualmente casi nada.
Con el transcurrir del tiempo, el mayor regalo que han hecho los Reyes Magos a la humanidad, es haberse convertido en la gran estrella que ilumina y revive nuestra infancia, convirtiéndonos en embelesados chiquillos.