SOBRE EL NOMBRE DEL BLOG



En las cercanías de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, hay una fuente que desde hace siglos recoge el agua del cerro adyacente a través de diversas conducciones subterráneas y la canaliza hasta ella, donde la gente del lugar acudía para abastecerse.

De orígenes islámicos, rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones y en 1787 se le dota de una escalera y un paso hecho de rosca para evitar los daños del público a la construcción. A fines de la citada centuria, se puso en marcha un proyecto general de conducción de las aguas potables a la villa para solucionar los problemas de abastecimiento.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes de Andalucía.

miércoles, 28 de marzo de 2012

ENTREGA DEL LLAMADOR DE LA SEMANA SANTA DE FUENTES DE ANDALUCÍA 2012

El pasado sábado 24 de marzo, en el transcurso de la Función Principal comunitaria de las Hermandades y Cofradías de Penitencia, se procedió a la entrega del “Llamador de la Semana Santa de Fuentes de Andalucía 2012”, distinción que anualmente se entrega a un cofrade fontaniego por su trabajo constante en pro de la Semana Santa y las hermandades y cofradías fontaniegas y que en 2012 alcanza su duodécima edición.
Un reconocimiento que ha recaigo este año en mi persona, por lo que estoy sumamente agradecido.
Mi mano será la que toque el martillo del paso del Señor de la Paz el próximo Domingo de Ramos a las 5 de la tarde, inaugurando una nueva Semana Santa fontaniega.
En el acto, fuimos sorprendidos con la entrega a mi hijo Martín de su primer recibo como hermano de la Asociación de la Borriquita.
A continuación se muestra el texto de la intervención de mi gran amigo Antonio Díaz Parrado, al que en nombre de la Asociación Parroquial de la Borriquita, dio lectura argumentando la distinción, así como las palabras que como galardonado dirigí a los presentes y una pequeña galería gráfica del acto:


“Si Fuentes hubiese sido Jerusalén, si el Señor de la Paz hubiese escogido de entre nosotros, fontaniegos, a sus doce apóstoles, seguro que él habría sido uno de los doce elegidos. No Pedro, porque jamás lo habría negado. Nunca, Judas, porque jamás lo habría traicionado. Seguro, hubiese formado parte de aquella avanzadilla que marchó a buscar a una borrica, para cumplir lo que dijo el profeta: “Decid a la hija de Sión: He aquí tu Rey. Viene a ti, manso y sentado sobre un borriquillo, hijo de bestia de carga”.
Así fue. Cuando el Señor de la Paz hizo su entrada triunfal en Fuentes aquel mes de Enero del año 2000, él estaba a su lado para que nada le faltara. Para que todo saliese a la perfección. Yo le veo más de la estirpe de Juan: siempre al lado de Jesús, valiente y luchador, discreto y entregado, siempre imagen secundaria y en la sombra, pero imprescindible. Siempre con María, la Virgen, a la que venera y rinde pleitesía por esa Esperanza que ha tomado de Ella. Por esos Dolores que, como Ella, ha padecido en silencio y con una sonrisa y una palabra de entereza para con los demás. Siempre dispuesto a los designios de su Merced. Hasta en el Mayor Dolor que un padre puede sufrir se aferró a Ella. Y, al igual que Ella, se bebió sus lágrimas en el recogimiento de su Soledad. No cabe duda: es de la estirpe de Juan. Trabajador, voluntarioso, solidario, entregado, ajeno de sí mismo y esclavo de su corazón grande.
Hijo de Juan y Dolores, Francisco Javier González Fernández, nace un veintiocho de febrero del año de Nuestro Señor Jesucristo de 1981, en el seno de una familia cristiana y creyente que desde su nacimiento le inculcan la fe, el amor y el fervor por un Cristo sedente y humilde, al que guardan los muros de una casapuerta bendita en el barrio del Postigo fontaniego, junto a Su Madre, la Virgen de los Dolores. Me atrevo a decir que algunos de sus primeros pasos debió darlos por esos corredores que tan afanosas recorren cada día las Hermanas de la Cruz, por las que él siente verdadera admiración y orgullo de hijo. Sí, Hijo con mayúsculas. Sólo hay que ver su mirada cuando se postra ante las plantas de Madre. Su Madre Angelita.
Mi primer contacto con él fue allá por los finales de los ochenta. Encontrándome dentro del cuerpo de monaguillos que don Manuel de Azcárate formó, se incorpora un buen día un moreno canijillo, travieso como él solo, al que sus amigos de promoción llamaban Francis. Después vinieron ensayos de coros de Navidad y Romería, grupos de sevillanas, comparsas y carnavales. Pero sobre todo, Semana Santa. Devoción, Pasión y tradición. Fue él quien me llamó para formar parte de una preciosa aventura: dar cuerpo a una Junta Promotora para fundar en Fuentes de Andalucía una Hermandad y una devoción hacia una nueva imagen de Cristo a lomos de una borriquita. Al tiempo me fui retirando, pero él siguió luchando junto a otros pocos valientes (y lo de pocos va en sentido literal), para que su Cristo estrenara faldones, y paso, y nazarenos, y niños vestidos de hebreos,… Y apostó por pregoneros fontaniegos, por los jóvenes,… pero sobre todo, apostó por abrazar junto al nombre de Fuentes el apellido de las cosas bien hechas.
Junto a ese moreno canijillo, toda la pandilla nos fuimos haciendo hombres. Cada uno con sus cosas, sus gustos, sus preferencias,… pero siempre queriendo sembrar la semilla de una misma familia, todos juntos, aunque la sangre se empeñara en contradecirnos. En esa pandilla, conoció a la que es la mujer de su vida: Mari Tere. Su fiel consejera, siempre a su lado, sonriente y dispuesta como él, respetuosa en sus proyectos y sufridora, como no puede ser de otra forma en estos casos, de grandes momentos de soledad y espera. En definitiva, su principal apoyo. Qué grande es ver que hoy Mari Tere trae en sus brazos el fruto bendecido del amor más grande que existe: el de unos padres valientes como pocos habrá.
Compaginando sus estudios, su trabajo y su dedicación a la Hermandad de la Borriquita, se nos fue erigiendo por sus inquietudes y su amor por nuestra historia y tradiciones como un prometedor investigador y cronista de los de antigua usanza, pero a la vanguardia de las tecnologías. Hoy, posee ya varias obras que han visto felizmente la luz y de las cuales ha tenido que firmar nuevas ediciones.
Me van a permitir que pase por alto, hoy, ese tipo de presentaciones de: cursó sus estudios en tal instituto, está diplomado en tal titulación, etcétera. Hoy, el Llamador de la Semana Santa de 2012 besará las manos de un amigo, de un hermano mío. Y agradezco hasta lo indecible a la Junta de Gobierno de la Asociación Parroquial del Santísimo Cristo de la Paz en su Gloriosa y Triunfal Entrada en Jerusalén y Nuestra Señora de la Esperanza que hayan designado el honor de esta exaltación en mi persona:
Pregonero de nuestra Semana Mayor en 2008, Felicitador de Nuestra Señora de la Aurora de 2011, colaborador incansable de cualquier Hermandad, Asociación o corporación, pieza fundamental en la Junta de Gobierno de la Hermandad de María Auxiliadora, ferviente baluarte de la Comisión para la restauración de nuestro templo parroquial,… por los méritos de sobra conocidos por todos los presentes, hoy recibe el Llamador de la Semana Santa de Fuentes de Andalucía, en su décimo segunda edición nuestro querido y admirado: D. Francisco Javier González Fernández.
Enhorabuena, Francis.”

Solo puedo deciros palabras de gratitud.
Gracias a Dios, porque es Él el que lo ha hecho todo. Nosotros somos meros instrumentos, las manos al servicio de su Reino, aunque no siempre hacemos las cosas como Él quiere.
Gracias a mis hermanos de la Asociación Parroquial del Señor de la Paz (La Borriquita) por honrarme, a pesar de mi juventud, con esta distinción cofrade en esta bendita Cuaresma de 2012.
Gracias a mi mujer, que soporta mi incesante pasión cofrade. A mi familia, a mis amigos y a toda la gente de las hermandades y la Parroquia que tanto me han enseñado y de la que tanto tengo todavía que aprender.
Gracias, amigo Antonio, por tu elogiosas palabras para con mi persona. Los que me conocéis, sabéis que los únicos argumentos que me avalan son estar siempre dispuesto para mi Parroquia o cualquier hermandad, y trabajar por y para engrandecer la Semana Santa de esta tierra fontaniega.
Un llamador que viene debajo del brazo de un cofrade que hoy cumple su primera semanita de vida. Martín no le ha traído a su padre un pan debajo del brazo, sino el martillo de un paso y el privilegio de hacer sonar el llamador del paso del Señor de la Paz el próximo Domingo de Ramos a las 5 de la tarde.
“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”.
Gracias, Dios mío.
Gracias, hermanos,
Gracias a todos por vuestras innumerables muestras de alegría y cariño.
“El amor, con amor se paga”.
















lunes, 5 de marzo de 2012

NUEVOS DATOS SOBRE LA DEVOCIÓN AL CRISTO DE LA PIEDAD Y MISERICORDIA DE FUENTES DE ANDALUCÍA (Señor del Calvario)


La historia de la Semana Santa fontaniega, y por ende de sus hermandades y devociones, es altamente desconocida, debido esencialmente a la escasez de documentos históricos e importantes lagunas que presentan los archivos de las cofradías, donde, como ya hemos denunciado en otras ocasiones, ha influido la ausencia de unas dependencias propias de las entidades a lo largo de los siglos y el escaso valor dado a los libros de actas, cuentas, inventarios… por parte de los regentes de las mismas.
El presente trabajo tiene como objetivo un nuevo acercamiento particular a la historia de la veneración al Señor del Calvario, una de las devociones populares más extendidas en la población fontaniega, inspirando arraigadamente el fervor del pueblo y la piedad popular.
El hallazgo de nuevos documentos históricos en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla –hasta ahora desconocidos– y la localización de un azulejo del siglo XIX –temporalmente depositado en el Archivo Parroquial– que existía en la Ermita y fue extraído de su ubicación durante el periodo en el que la misma permaneció cerrada y abandonada durante la década de 1990, nos aporta nuevos datos para ir completando la historia de esta particular devoción que el pueblo de Fuentes profesa al Cristo del Calvario. Referencias que se han ido cruzando con las ya conocidas y los propios testimonios de vecinos y devotos, para intentar obtener la máxima veracidad de la reseña histórica aquí relatada.
No por ello, aún son muchas las interrogantes que siguen sin respuestas y que nos estimulan a seguir investigando para sacar a la luz nuevos datos y poder relatar la crónica histórica particular de esta devoción y cuanto le rodea, repercutiendo ello en el contenido de los Anales de las Cofradías y la religiosidad popular fontaniega, en cuya materia venimos trabajando desde hace años y que –Dios mediante– esperamos algún día completar para su publicación, conocimiento y disfrute de todos y como incremento del patrimonio inmaterial de las Hermandades y Cofradías de Fuentes de Andalucía. Una temática de investigación local que dio como primer fruto nuestra obra Fuentes Penitente, de cuya edición se cumplen en esta Cuaresma de 2012 diez años, y los sucesivos estudios específicos que hemos ido publicando, principalmente en este Boletín de las Cofradías o en otros medios como la monografía Aurora Nostra.

EL ORIGEN DEL CALVARIO
«El día 30 de marzo de 1870 se edificó este Calvario por la piedad y por cuenta del piadoso vecindario». Este texto, plasmado a la entrada del actual recinto de la Ermita del Cristo, nos aportaba el único dato de carácter histórico que se poseía de cómo surgió este lugar tan popular entre la ciudadanía fontaniega y la devoción a este pequeño Cristo crucificado bajo el título de Señor del Calvario.
Una referencia a nuestro parecer incorrecta tras consultar el texto del azulejo original, en el que consta: «El día treinta de marzo de mil ochocientos setenta se renovó este Calvario por la piedad y por cuenta del piadoso vecindario». Por tanto, según se descifra en el el epígrafe, se puede interpretar que la Ermita no fue levantada en 1870, sino que ya existía con anterioridad.
La cita histórica documental más remota data de 1885, fecha de la que se conserva un inventario de la Capilla, situada «en las afueras del pueblo en un lugar denominado Calvario» [1], zona de la villa que ya en el siglo XVIII aparece en cierta documentación del Archivo Municipal nominado como Palmar del Calvario [2].
Lo que sí se puede afirmar es que el Cristo, originariamente, atendía al título de Santísimo Cristo de la Piedad y Misericordia, recibiendo culto en la Capilla del Calvario, todo ello documentado en varias fuentes. Y fue a lo largo del siglo XX cuando el Señor tomó su advocación actual del lugar donde recibía culto, a causa de la tradición oral del pueblo.

MECENAS DEL CULTO
Todo cuanto albergaba la pequeña Capilla del Calvario en su interior, tales como alhajas de plata u otro metal, objetos de culto, bancas y ropa de altar era propiedad de la devota María Dolores Moreno, y así queda recogido en el inventario realizado en 1885.
Hasta 1901, esta piadosa mujer era la que se había encargado del culto, reparación y ornato del templo con las limosnas que recolectaba de «otros fieles devotos, aumentando más y más, con este celo por la gloria de Dios, la devoción hacia el Stmo. Cristo de la Piedad y Misericordia; pero habiendo dispuesto el Señor pasara a mejor vida para alcanzar los goces prometidos a los que de verdad le aman, y no encontrándose otra persona en quién concurrieran todas y cada una de las cualidades que adornaban a la fervorosa difunta» [3], un grupo de devotos se reunió con objeto de constituirse en Hermandad para desarrollar los fines expresados de culto, ornato, conservación y reparación del pequeño templo del Calvario.

LA FUNDACIÓN DE LA HERMANDAD
Fue el 8 de junio de 1901 cuando el conjunto de devotos del Cristo del Calvario, antes citados, reunidos con «el favorable parecer de nuestro celoso párroco y bajo su digna presidencia» [4] –D. Juan Baustista Jiménez Barros–, determinaron «dejar instituida la Hermandad, nombrando una Junta directiva o de Gobierno y acordando las bases o artículos para su mejor régimen» [5].
Un Reglamento que fue firmado por los 24 devotos –entre ellos cuatros sacerdotes excluido el párroco– promotores el 10 de Julio de 1901 y enviado al Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo de Sevilla, D. Marcelo Spínola y Maestre, suplicando se dignara a «aprobar y bendecir esta nueva Cofradía si lo estimase conveniente, como también las bases acordadas en el adjunto Reglamento después que hubieran sido visadas y modificadas por quién a bien tenga, no sin dejar de conceder Indulgencias a sus Cofrades cuando practicaran todos y cada uno de los actos que se mandan en el ya referido Reglamento» [6].
Los impulsores de la nueva Hermandad, cuyas firmas rubricaron las primeras Reglas de ésta, fueron: Rafael González, Pbro., José María Armías, Manuel González Caballero, Pbro., Fernando Morales, Pbro., Jesús Armías, Pastor Gallego, José López Romero, Pbro., Francisco Urbán, Vicente García, José Camúñez, Julio Vázquez, Antonio Jiménez, Paulino Morente, Narciso Fernández, Pablo Ávalos, Joaquín Bordoy, Justo García de Vinuesa y Pinilla, Sebastián Pérez, Francisco de Paula Reina, Francisco Caro Fernández, Sebastián Pérez Lora, Manuel Oliva López, Gabriel Flores y Francisco Caro Crespo.
Presentado el Reglamento a la autoridad eclesiástica, su aprobación se demoró en el tiempo, ya que se propuso por parte del Arzobispado la modificación de determinados artículos, cuya enmienda fue realizada y enviada de nuevo a Palacio.
Ante la dilación, el párroco D. Juan Bautista Jiménez escribió de nuevo al Arzobispo en julio de 1903, informándole que había en Fuentes «mucha devoción a la imagen de Jesús de la Piedad y Misericordia, principalmente en la parte del vecindario más inmediata a la Capilla donde se venera, y que hallo muy en razón la aprobación del Reglamento de dicha Hermandad, pues ha de contribuir mucho a sostener la piedad de aquellos feligreses que están más apartados de la Iglesia Parroquial». Hemos de tener en cuanta que en esta fecha la capilla se encontraba totalmente aislada en el campo, ya que los límites del casco urbano del pueblo por esta zona iban desde la estación del ferrocarril por la trasera de las viviendas de las calles Marchena y Sol, la propia calle Calvario (Los Corrales) y el Molino de Herce.
Finalmente, el 20 de mayo de 1904 las Reglas de la nueva Hermandad fueron aprobadas por un periodo de 4 años, a los que la entidad tendría que instar para su aprobación definitiva.

LAS PRIMERAS REGLAS DE LA HERMANDAD
El Reglamento aprobado, por el que se rigió la Hermandad en sus primeros años de existencia se compone de 5 capítulos, que aglutinan 31 artículos.
Los fines primordiales de la Hermandad eran difundir la piedad y fomentar la devoción a la sagrada imagen del Santísimo Cristo de la Piedad y Misericordia, atender el culto a la imagen sufragando los gastos que por ello se originasen, ejercer la caridad no solo con los hermanos cofrades sino también con todas las demás personas como hermanos en Cristo y cuidar del ornato, conservación y reparación de su templo del Calvario.
Para cumplir los fines, las Reglas contemplaban no solo las cuotas de los hermanos, sino también otros medios como póstula pública o rifas de objetos o animales, para lo que precisaban la autorización pertinente.
El culto principal era un Quinario anual en Cuaresma, a celebrar en la propia Capilla, con confesión y comunión para cumplir con el precepto pascual, expulsando de la nómina de hermanos a aquel que no lo cumpliera.
Recoge curiosamente las Reglas que durante los meses de junio, julio y agosto se celebraría «misa rezada en la Capilla del Calvario todos los domingos y días festivos con el fin de que los moreros que guarden en las eras inmediatas las mieses en ellas asinadas» pudieran cumplir con el precepto. Esta misa se celebraría al apuntar el sol.
Cualquier cristiano sin distinción de edad ni sexo podía pertenecer a la Hermandad, abonando una cuota de entrada de una peseta con cincuenta céntimos, y como contribución ordinaria diez céntimos semanalmente, cincuenta céntimos al mes o seis pesetas al año. El hermano que llevara un tipo de vida escandalosa, y aconsejado por tercera vez por la Hermandad no se enmendara, sería expulsado.
La Hermandad estaba obligada a asistir a la administración del Viático a los hermanos y sus familiares, pudiendo llevar de doce a veinticuatro luces, así como al entierro de los mismos, que consistía en alumbrar con cuatro cirios el cadáver en la casa mortuoria, rosario y responso por la noche en sufragio de su alma con las insignias de la Hermandad, y estas mismas acompañaban al entierro hasta dejar el cadáver del hermano en el cementerio.
Otro artículo curioso expresa que –a excepción de que la población sufriera algún tipo de epidemia– si algún hermano cayera en enfermedad aguda y no tuviera de qué vivir ni quién le asistiera, la Hermandad le otorgaría por semana una libra y media de arroz, tres tazas de garbanzos, tres cuartos kilos de carne, medio cuarterón de rancio o tocino añejo y dos kilos de pan, dándoles sus correspondientes vales o su equivalente en dinero, y no excediendo más de siete semanas.
El Calvario fue siempre un lugar de peregrinación de la gente humilde y clase trabajadora del pueblo. Ha sido siempre, y hoy lo es, un santuario de piedad popular.

LAS DÉCIMAS DEL SEÑOR
El nombrado azulejo del siglo XIX citado en varias ocasiones, fue colocado en la Ermita del Calvario en 1872, mostrando no solo la quintilla [7] que nos aporta los datos históricos, sino también dos décimas [8] que el Padre Cuaresmal D. Federico García, Pbro. le dedicó al Señor el 1º de agosto de 1872.
En la actualidad una aproximación a una de las décimas, recuperada de la tradición oral, se muestra junto al altar del Cristo del Calvario. Con la localización del azulejo original, reproducimos aquí los versos originales (abajo) y el azulejo actual (a la izquierda).

Habla Jesús Crucificado:

Contémplame ¡o pecador!
en esta cruz enclavado,
y mi cuerpo destrozado
por ser tu libertador.
¿No te muevo ya a dolor
de haberme tanto ofendido
si arrepentido y rendido
a mis pies perdón imploras
te perdono desde ahora
las culpas que has cometido.

Contemplas al Redentor
en un madero enclavado;
y no ves que tu pecado
es causa de su dolor.
Tú conoces pecador
lo que a Jesús has costado?
¡Mira! si no has confesado
corre a buscar confesor;
pues no tienes salvación
sin confesar tus pecados.




NOTAS:
1) Archivo Parroquial Santa María la Blanca de Fuentes de Andalucía. Sección Fábrica. Serie Inventarios. Inventarios de las Iglesias de Fuentes de Andalucía,1885.
2) CERRO RAMÍREZ, Jesús: La villa de Fuentes (1578-1800). Fuentes de Andalucía,2011.
3) Archivo General del Arzobispado de Sevilla. Fondo Justicia. Serie Hermandades. Legajo 134. Reglamento de la Hermandad de Nuestro Padre y Señor de la Piedad y Misericordia fundada en Fuentes de Andalucía. Año de 1901.
4) Ibídem.
5) Ibídem.
6) Ibídem.
7) Combinación de cinco versos octosílabos, con dos diferentes consonancias, y ordenados generalmente de modo que no vayan juntos los tres a que corresponde una de ellas, ni los dos últimos sean pareados.
8) Combinación métrica de diez versos octosílabos, de los cuales, por regla general, rima el primero con el cuarto y el quinto; el segundo, con el tercero; el sexto, con el séptimo y el último, y el octavo, con el noveno. Admite punto final o dos puntos después del cuarto verso, y no los admite después del quinto.