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En las cercanías de la muy antigua villa de Fuentes, en el Reino de Sevilla, hay una fuente que desde hace siglos recoge el agua del cerro adyacente a través de diversas conducciones subterráneas y la canaliza hasta ella, donde la gente del lugar acudía para abastecerse.

De orígenes islámicos, rodeada de restos de distintos pueblos antiguos que habitaron estos lares, ya en 1599 aparece citada en las Actas Capitulares acordándose su reparo, y en 1690 el Cabildo Municipal acuerda hacer la fuente de piedra, para lo que contrata al cantero de Morón Antonio Gil.

A lo largo del siglo XVIII, se continúan diversas reformas debido a la pérdida de suministro y a defectos en las conducciones y en 1787 se le dota de una escalera y un paso hecho de rosca para evitar los daños del público a la construcción. A fines de la citada centuria, se puso en marcha un proyecto general de conducción de las aguas potables a la villa para solucionar los problemas de abastecimiento.

Como en la Fuente de la Reina, otros manantiales y pozos de estas tierras llenas de historia siguen manando agua «buena y clara» desde tiempos remotos; características de un territorio que dieron el nombre a este maravilloso lugar del mundo que es Fuentes de Andalucía.

martes, 11 de agosto de 2015

TARDES DE TOROS

FESTEJOS TAURINOS EN FUENTES DE ANDALUCÍA DESDE EL SIGLO XVI

Hace ya diecinueve años que en una tarde de Feria sonaron los últimos compases de pasodobles toreros en un coso taurino, que por portátil que fuera, nunca ha dejado de anunciarse como «Plaza de Toros de Fuentes de Andalucía».
Han pasado diecinueve veranos desde entonces. Fue en agosto de 1996, cuyo cartel lo completaron tres festejos taurinos, coincidiendo, como siempre ha sido costumbre en Fuentes, con la Feria.
Y después de casi dos décadas, los toros regresan a Fuentes de Andalucía, no exentos de polémica, como era de esperar. Desde el anuncio del cartel se han sucedido en las redes sociales opiniones encontradas entre detractores y partidarios de esta fiesta, tan arraigada en España e identificada con nuestro país, considerada parte integral de la cultura nacional.
Con esta aportación histórica de la fiesta en nuestro pueblo pretendo hacer una breve exposición de festejos taurinos celebrados en estas tierras, sin el más mínimo ánimo de alentar la polémica patente.


La Real Academia Española define la tauromaquia (del gr. ταῦρος, toro, y μάχεσθαι, luchar), como el «arte de lidiar toros», pero el término en sí vas más allá del propio toreo a pie o a caballo, remontándose sus orígenes a la Edad de Bronce. Su expresión más moderna es la corrida de toros, un espectáculo que como tal nació en España en el siglo XII y que se practica también en Portugal, sur de Francia y en diversos países de Hispanoamérica, como México, Costa Rica, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Panamá y Bolivia, así como también es un espectáculo de exhibición en China, Filipinas y Estados Unidos.
Los primeros datos escritos de la celebración de festejos taurinos en la vieja villa de Fuentes se remontan a finales del siglo XVI, desprendidos del acta del cabildo celebrado el 25 de marzo de 1599, en el que «el Concejo, Justicias y Regimiento de esta villa y el Común de ella se juntaron a Cabildo abierto en la Plaza Pública de ella, habiéndolo ante todas cosas pregonado públicamente ayer y hoy, como se debía hacer este Cabildo, el cual es para tratar y convenir acerca de que un número quieren votar por patrón de esta villa al Glorioso San Sebastián», y el que acuerdan la compra de dos reses para la fiesta del patrón y «una vez lidiados los dos toros se han de matar y el dinero de la carne […] se meta en el arca de tres llaves para que cada año se compren dos toros para la fiesta…».
La fiesta de San Sebastián comenzó a celebrarse a finales del mes de septiembre, es decir, cuando las cosechas estaban recogidas y la gente tenía medios para acudir a ella y, debido al voto perpetuo, el Concejo se comprometía permanentemente a dicha conmemoración.
La organización de festejos taurinos, que tenían lugar en la Barrera de Palacio (plaza de España), se celebraban por lo general coincidiendo con las fiestas del patrón o ante cualquier otra ocasión digna de celebración para la villa, y generalmente eran promovidas por el propio cabildo municipal, como espectáculo de diversión para el pueblo.
La visita del Marqués de Fuentes en 1698 a la villa, obligó al cabildo a gastar cantidades del erario «en fuegos y fiestas de toros y gastos anexos a ella, como de toreadores de a pie y de a cauallo que se trajeron para la celebración…», y del mismo modo, se tiene constancia de dos corridas desarrolladas en 1777 para sufragar los gastos del arreglo del matadero, por lo que se deduce, que para el disfrute de éstas los vecinos tuvieron que pagar una entrada.
Otros datos hallados nos trasladan a los días 9 y 10 de septiembre de 1894, en los que el Ayuntamiento organizó dos corridas de novillos, coincidiendo con las «Fiestas de la Ermita», a beneficio del Hospital de la Caridad de la villa, también llamado de San Sebastián, que en la fecha estaba a cargo de dos hermanas Servitas de los Dolores de Écija.
Es a partir de esta última década del siglo XIX cuando la «Fiesta de la Ermita» -con orígenes en el siglo XVII- es enriquecida desde 1890 con una feria de «compra-venta de ganado y cambio de caballerías» por el ente municipal. A partir de esta fecha, y durante gran parte del siglo XX, coincidiendo con la expansión y popularización del toreo moderno en España, los festejos taurinos han sido habituales en Fuentes de Andalucía coincidiendo con la «Fiesta de la Ermita», que con los años derivó en la actual Feria de la localidad.
De 1896 data el cartel más antiguo que conocemos, correspondiente a los festejos celebrados los días 13, 14 y 15 de septiembre, a beneficio del Hospital Municipal, con motivo de la ya citada «Fiesta de la Ermita». En él se anuncian tres capeas en la que se torearían reses de la ganadería del fontaniego D. José María de la Escalera Fernández de Peñaranda, para los dos primeros días, y de D. Antonio Dana, de La Campana, para el último día. A esto habría que añadir los dos hermosos novillos-toros de muerte para cada festejo de la afamada ganadería del marchenero D. José Torres Díez de la Cortina, lidiados por el célebre espada Valentín Diego «Dieguito», de Sevilla, con la participación de Antonio Núñez «Pelegrino» como sobresaliente de espada con la obligación de banderillear. El resto de la cuadrilla anunciada era: los sevillanos Pedro Chacón «Canales» y José Castro «Granadino» como picadores; de banderilleros Antonio Núñez «Pelegrino», Bernardo Bergali «Alfalfa», Ramón Curado «Peca» y Francisco Álvarez «Alvarito», todos de Sevilla; y como puntillero Francisco Calderón Álvarez, de Fuentes. La plaza se abriría a las 2 de la tarde y los festejos darían comienzo a las 4, contando con una «magnífica banda de música tocando las piezas más escogidas de las que se compone su selecto y variado repertorio».


Durante la primera mitad del siglo XX, la fiesta se fue popularizando a nivel general, un hecho que también se dio, aunque en menor escala, en Fuentes de Andalucía, llegando a su plenitud en las décadas de 1940 y 1950, donde por lo general cada año había corridas coincidiendo con las «Fiestas de la Ermita», incluso hubo años en los que se daban festejos en los domingos siguientes a la Feria.
El éxodo masivo de la emigración fontaniega en la década de 1960 también se vio reflejado en la fiesta taurina, y según los datos que hemos podido hallar en las ediciones anuales de la tradicional revista de la Feria fontaniega, los festejos dejaron de celebrarse, recuperándose de nuevo de 1972 a 1975. A partir de 1993 hubo de nuevo corridas cada Feria hasta 1996.
También Fuentes ha contado con grandes aficionados a la fiesta que han llegado a vestir traje corto, y algunos incluso de luces, como el caso del novillero Román Martín Caro «Catalino». En distintos carteles taurinos han sido anunciados para pisar el albero de la Plaza de Toros de Fuentes de Andalucía los fontaniegos Francisco Benítez «Kiko», Antonio Lora «Españita», Antonio Muñoz «Malojo», José Beltrán «El Espigo», José Miranda «Mirandita», Luis Jiménez «Carnicerito», Jose Manuel Hidalgo, Cristóbal Navarro «Amarguilla», Juan Ruiz Caraballo, Narciso de la Rosa «Niño de la Alfalfa», José Castillo Jiménez «Niño de Pascualejos» o Sebastián Reyes «Gitanito de Fuentes», a los que hay que sumar espontáneos y valientes que han hecho sus pinitos en diversas sueltas de vaquillas o festejos de aficionados, como los organizados por la Peña Flamenca «El Despertar» en el Polígono «La Orejona» o en el almacén de las bombonas de «La Vapora» en la década de 1990.
La fiesta de los toros regresa a Fuentes de Andalucía, y «con superior permiso de la autoridad, bajo su presidencia, y si el tiempo lo permite» que suene la música en el coso de «El Postigo» y empiece el paseíllo.
¡Que Dios reparta suerte, maestros! y cuidado con los astados, que «hasta el rabo todo es toro», en una corrida que no habrá quinto ni bueno ni malo.
Que preparen el cartel de «no hay billetes», y por PADIS, ojalá se cuelgue y se ponga la plaza «hasta la bandera». No es «entrar al trapo», es para que sean ellos lo que salgan «por la puerta grande» en una tarde de grana y oro, o de gin tonic y oro, a gusto del personal, y aún cuando el viernes a esa hora estemos «para el arrastre» por el «Lorenzo» que aprieta, «cojamos el toro por los cuernos» y a «ver los toros desde la barrera», con empaque, pañuelo en mano, flecos de feria…
¡Música, maestro!

Francis J. González Fernández



jueves, 19 de marzo de 2015

EL SAN JOSÉ DEL ESCULTOR DE DIOS

EN EL 400 ANIVERSARIO DE LA HECHURA DEL SAN JOSÉ CON EL NIÑO
DEL CONVENTO FONTANIEGO DE LOS MERCEDARIOS DESCALZOS


Desde 1598, doña Aldonza de los Ríos, viuda de don Álvaro de Guzmán y Fuentes, IXº Señor de Fuentes, venía promoviendo la fundación de un convento de religiosos descalzos en la villa de Fuentes, tarea que no fue nada fácil, pues a pesar de las oportunidades que se prestaban, las diversas congregaciones a las que se les propuso no consideraron la oferta apropiada. Tras desistir, años más tarde se retomó el proyecto, uniéndose la necesidad de religiosos que tenía Fuentes para prestar confesiones y auxilios espirituales [1].
Por fin, el día antes de la Magdalena del año de 1607 llegaron a Fuentes cuatro religiosos recoletos mercedarios para tratar la posible fundación: fray Luis de Jesús María, que más tarde sería Provincial de la Orden, fray Miguel de las Llagas, fray Alonso de la Concepción y el hermano lego Cosme, llegándose a un acuerdo de establecimiento y haciéndose efectiva la fundación con fecha de 14 de agosto de 1607, quedando concretado el establecimiento, quedó también fijado el lugar destinado para la construcción del convento, que serían unas casas cercanas a la Iglesia Parroquial propiedad del hidalgo don Juan de Alcocer, viudo y padre de la religiosa carmelita María Farfán, recibiendo el cenobio el título de San José, esposo de la Virgen, tras varias opciones.
Los frailes tomaron posesión de la casa con el fin de acoger enfermos y transeúntes, con la condición de no ser convento hasta no contar con las rentas suficientes y la oportuna licencia de la autoridad eclesiástica.
Establecidos en la villa, y no con pocas adversidades, el 10 de julio de 1608 el Santísimo era depositado en el nuevo cenobio, abriéndose solemnemente la casa de los PP. Mercedarios de Fuentes de Andalucía, undécimo convento de la Reforma en España, bajo la dirección de fray Miguel de las Llagas. Ante las reducidas dimensiones de la casa, el sermón tuvo lugar en la Iglesia Mayor a cargo del padre fray Luis de Jesús María, y al término de la Misa, el Santísimo fue traslado en la custodia en procesión desde la Iglesia hasta el naciente cenobio, así como fue llevada a hombros la imagen de Nuestra Señora de la Merced que había permanecido en la Parroquial desde que en 1607 había sido traída del Convento de Sevilla, donde la llamaban “La Hermosa”, donada por el Padre maestro Fray Hernando de Rivera, entonces provincial, muy amigo del Marqués de Fuentes.
En 1610, con fray Alonso de la Concepción como superior de la Comunidad, se inician las obras, comenzándose a levantar el templo actual cuya construcción se alargó en el tiempo, pues en la década de 1660 aún seguían sin capilla mayor. El edificio se remodeló durante el primer tercio del XVIII, culminándose con la ejecución de la torre y de la destacada fachada.
El padre Alonso era natural de Fuente de Cantos, en Extremadura, y había sido elegido comendador del cenobio fontaniego el 8 de mayo de 1610 en el Capítulo Provincial de los Mercedarios Descalzos celebrado en Écija en la fecha expresada. Dejando su apellido de Cárdenas, paso a llamarse fray Alonso de la Concepción, siendo «uno de los primeros que se descalzó al empezar los Recoletos a fundar en la provincia de Andalucía. Fue gran predicador y de espíritu muy fervoroso, y con su sólida doctrina y moción en sus sermones convirtió a muchísimos pecadores. (…) y era vulgarmente conocido por el Padre de los anteojos, porque siempre los llevaba puestos. Escribió la vida de la venerable sor Juana de Cristo, religiosa terciaria mercedaria descalza» [2].
Fray Alonso, como quedará demostrado en adelante, sería una pieza clave para la trama que nos ocupa, y que las circunstancias particulares del hecho y el tiempo lo han convertido en un personaje histórico con un papel propio dentro de la vida y obra del genial Juan de Mesa.    
Y es que con el inicio de las obras de la nueva iglesia en los primeros años del establecimiento de los frailes en Fuentes, el comendador emprendió las tareas para el encargo de una efigie del titular del convento, San José, llevándole la Providencia hasta el desconocido taller del más destacado discípulo del extraordinario escultor Juan Martínez Montañés: Juan de Mesa y Velasco. Un encargo que convertiría al fontaniego grupo escultórico de «San José con el Niño de la mano» en la primera obra documentada de Mesa, y de cuya hechura, en este año 2015, se vienen a cumplir cuatro siglos.     
Juan de Mesa, durante siglos olvidado, se ha convertido en uno de los más importantes escultores de la España del siglo XVII. Varias de sus imágenes más conocidas, aquellas especialmente destacables y muchas veces objeto de la mayor devoción popular, fueron atribuidas a su maestro, el afamado Martínez Montañés. No fue hasta ya avanzado el siglo XX cuando algunos historiadores del arte comenzaron a desvelar los primeros datos sobre sus obras, al localizar algunos documentos firmados por el artista identificando así varias de sus tallas en el fondo de Protocolos Notariales que se conserva actualmente en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla.



Juan de Mesa y Velasco (1583-1627), nació en Córdoba en el seno de una familia de maestros pintores y en junio de 1606, con veintitrés años, logró entrar de aprendiz de escultor imaginero en el taller que tenía Juan Martínez Montañés en la universal y próspera Sevilla del siglo XVII.
En 1613 contrae matrimonio, residiendo en la collación de San Martín, y en torno a 1615 es cuando se estipula que se independiza e instala su propio taller, que mantiene hasta su prematura muerte en 1627, ocurrida posiblemente víctima de la tuberculosis.
Entre su abundante producción, se pueden citar tallas de inmenso valor escultórico y devocional en la ciudad hispalense como el Señor de Sevilla -Nuestro Padre Jesús del Gran Poder-, el crucificado del Amor, el Cristo de la Buena Muerte de la Hermandad de los Estudiantes o el de la Conversión del Buen Ladrón de la cofradía de Montserrat.
Según la documentación, fue el 9 de octubre de 1615, cuando Juan de Mesa se compromete con el padre fray Alonso de la Concepción, comendador del convento mercedario fontaniego, a realizar la hechura de un San José con el Niño Jesús de la mano, cuya carta de pago se firma a 23 de mayo del año siguiente, ascendiendo su coste total a 70 ducados [3].
Sin embargo, se tiene conocimiento de que la talla fue entregada a los mercedarios a finales de noviembre de 1615, como se refiere en el documento contractual, y que, asimismo, Mesa había adquirió el 15 de febrero de 1615 tres trozos de madera de cedro para ensamblarlos e iniciar el trabajo [4]. Es probable que existiera un contrato verbal entre los dos personajes antes de la firma oficial del documento; de ahí la premura en la ejecución de la obra, la cual debía hacer íntegramente de su mano.
«(…) como por la pressente me obrigo de haser un san Josefe con un niño Jesus de la mano de escultura de madera de cedro que a de tener el santo siete quartas y media de alto y el niño Jesus una bara de largo poco mas o menos lo que ubiere menester confforme a la buena correspondencia encima de una peana (…) y el niño ambos encima de una peana con su (…) y asujetado y con sus diademas todo hecho bien hecho y acabado con toda perffecion de buena escultura a bista de officiales que entiendan y al contento e satesffacion del dicho padre comendador y de los religiosos del dicho convento el qual dare acavado de la forma suso dicha para que se puede conformar el ultimo dia del mes de noviembre que biene deste año de seiscientos e quinze y por preçio de la madera e manufatura y las demas cossas que e de poner en lo suso dicho se me an de dar e pagar setenta ducados (…)» [5].
Trasladada hasta Fuentes, la nueva talla pasó a presidir la naciente iglesia de los mercedarios, cuyas obras se prolongaban en el tiempo, extendiéndose hasta bien adentrado el siglo XVIII.
En 1737 las obras de mayor envergadura de la Iglesia de San José ya habían finalizado, y aunque la decoración de las capillas continuó a lo largo de la centuria, en septiembre del citado año se consagró el templo con tres días de funciones, en los que «con la mayor solemnidad y sermones», se ocuparon en la bendición del edificio, la colocación del Santísimo Sacramento y la dedicación del templo. A los actos acudió el Cabildo secular de la villa, que correspondió con la entrega de 500 reales de limosna para correr con los gastos del último día de las celebraciones [6].
Dos décadas más tardes, en 1758, la comunidad mercedaria contrató con el maestro ecijano, afincando en Sevilla, Martín de Toledo el retablo de la capilla mayor de la iglesia, obra que culminó en 1760 [7], pasando las efigies de San José y el Niño a ocupar el ático del retablo. La talla, que fue contratada con Juan de Mesa sin estofar ni encarnar, fue posiblemente policromada en el siglo XVIII antes de su instalación en el nuevo altar, aunque se ha de hacer constar que el conjunto escultórico ha llegado a tener dos policromías distintas.


En este emplazamiento -zona superior del retablo-, se situaron las dos imágenes hasta mediados del siglo XX, desconociéndose los motivos por los que el 21 de junio de 1947 fueron descendidas bajo la dirección del perito aparejador José Esteve Guerrero [8], pasando la imagen sedente de la Virgen de la Merced a ocupar el espacio vacante. Una actuación que vino a coincidir con la presencia en Fuentes de los autores del Catálogo Arqueológico y Artístico de la Provincia de Sevilla que trabajaban en su confección.


Esta acción tendría unos efectos sumamente importantes para las imágenes que nos ocupan medio siglo después. La madrugada del 31 de enero de 1997, parte de la cubierta y bóveda de la capilla mayor de la Iglesia de San José se desprendieron, destrozando toda la parte alta del retablo y dañando gravemente a la imagen de la Virgen de la Merced que ocupaba el ático, salvándose de la desgracia patrimonial las valiosas tallas de San José y el Niño, que ocupaban la hornacina central del retablo.  
En 2001, las tallas fueron sometidas a un estudio radiológico y restauradas por Fátima Bermúdez-Coronel García de Vinuesa, a petición de la Comisión para la Restauración de la Iglesia del Convento de San José, con cargo a la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. 
La imagen de San José mide 155 cm, y la del Niño 85 cm, estando descriptas en la ficha técnica del catálogo de Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico como un «conjunto escultórico de gran calidad artística, (…), de cierto clasicismo en las formas, que recuerda al estilo de su maestro Martínez Montañés. La expresividad gestual y corporal intensa, aunque no crispada, parecen anunciar el estilo de algunas piezas magistrales como el Cristo de la Buena Muerte de la Universidad de Sevilla. La policromía del siglo XVIII, altera y rebaja la calidad de la pieza, nuevamente alterada por restauraciones» del siglo XX [9].


San José y el Niño; una obra que durante siglos ha estado postergada con indiferencia de propios y extraños y que forma parte de las mejores páginas de la imaginería en la historia del arte.
Que este cuarto centenario de su hechura nos haga ahondar en su estudio, historia, difusión para un mayor conocimiento por todos y puesta en valor, aún más si cabe.
Una verdadera joya, de la que gozan los fontaniegos, salida de las gubias del mismísimo escultor de Dios.

Francis J. González Fernández

NOTAS:
[1] SAN CECILIO, Pedro de (O. M. D): Annales del Orden de Descalzos de Ntra. Sra. de la Merced Redempción de Cautivos. (Barcelona 1669), Madrid, 1985, T. II. Págs. 645-675.
[2] GARÍ I SIUMELL, José Antonio (O de M): Biblioteca Mercedaria, ó sea Escritores de la celeste, real y militar Órden de la Merced, redención de cautivos, con indicación de sus obras, tanto impresas como manuscritas, su patria, títulos, dignidades, hechos memorables, época y provincia en que florecieron y murieron, y dos copiosos índices, uno de escritores y otro de las obras y escritos. Barcelona, Imprenta de los herederos de la viuda de Pla, 1875. Págs. 79-80.
[3] El documento de encargo de la talla de San José que da testimonio del acuerdo entre ambas partes, y que se compone de 3 folios, se localiza en el Archivo Histórico Provincial de Sevilla, Sección Protocolos Notariales, Legajo 346P, folios 45r-46r.
[4] PÉREZ MORALES, José Carlos y DÁVILA-ARMERO DEL ARENAL, Álvaro: "Juan de Mesa, el maestro de las atribuciones" en Pasión por Córdoba Cofrade nº 2 2008 p. 8. https://www.academia.edu/1834946/Juan_de_Mesa_el_maestro_de_las_atribuciones (Consultado el 1 de febrero de 2015).
[5] ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE SEVILLA. Sección Protocolos Notariales, Legajo 346P, folios 45r-46r. Para la transcripción del documento he contado con la valiosísima aportación del profesor José María Navarro Lora.
[6] ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE FUENTES DE ANDALUCÍA. Actas Capitulares. Legajo 7 (1720-1749). Acuerdo de 1737-09-12.
[7] HALCÓN, Fátima; HERRERA, Francisco y RECIO, Álvaro: El Retablo Barroco Sevillano. Universidad de Sevilla y Fundación El Monte, Sevilla, 2000. Pág. 454.
[8] HERNÁNDEZ DÍAZ, José; SANCHO CORBACHO, Antonio; COLLANTES DE TERÁN, Francisco: Catálogo Arqueológico y Artístico de la Provincia de Sevilla. Tomo IV. Sevilla, 1955. 
[9] http://www.iaph.es/patrimonio-mueble-andalucia/resumen.do;jsessionid=CCAB4801F7C7DFAD8E537D8AE9781B48?id=90901&_lang=es
(Consultado el 5 de febrero de 2015).